Artículo de opinión por: Horacio Garnica – MI HERMANO Y YO

Por: HORACIO Garnica Díaz.
horagardiaz@hotmail.com

Al oír la bella y sentimental canción vallenata: MI HERMANO Y YO, del compositor y acordeonero, Emiliano Zuleta Díaz, retrotraigo con pesar y con un asfixiante ‘turugo’ en la garganta, aquellos indeseados momentos, cuando casi sin poder decirlo, pero tenía que decirlo; me acerqué con el alma adolorida a mi madre, y ella sin sospechar que yo era portador de una desgraciada noticia  y que la tranquilidad de ese instante, tan pronto yo hablara, se convertiría en un sufrimiento eterno en su vida, porque para una madre jamás hay resignación, ni consuelo que valga,  cuando pierde un ser de sus entrañas; con voz entrecortada y frenada por la tristeza, le dije: mataron a Iván.

Ese fue un momento de abundantes llantos y de descontrol sentimental, ver a mi madre de 72 años, en ese entonces, llorando su pena, causada por Mancuso como autor intelectual y como material, una de sus mesnadas criminales dirigida por alias “Visaje”,  mesnadas que se movían por toda la geografía cordobesa, al amparo de una descarada impunidad institucional, derivada del Pacto de Ralito suscrito el 23 de julio del 2001,  día, en que varias camionetas finas, con vidrios polarizados irrumpieron en las trochas polvorientas de este cacerío, transportando a muchos de los llamados “gente de bien” y también a muchos de los llamados “padres de la patria”.

Así nació la parapolïtica, los parapolíticos y sus herederos en el departamento de Córdoba y en otras partes del país, con el propósito de “refundar la república”, previa una limpieza de “guerrilleros vestidos de civil” y de “guerrilleros vestidos de maestros”, expresiones de autores no anónimos. Juntos todos: el poder político, el poder económico del narcotráfico y el poder militar de las AUC, inician el cumplimiento de la plataforma política de Ralito e inicialmente logran elegir el 35 por ciento de congresistas, según expresiones del propio Mancuso, que el 28 de julio de 2004, en el horario de 9:00 a 10:30 de la mañana, en compañía de Ramón Isaza y Ernesto Báez, previa autorización del entonces presidente Álvaro Uribe, son recibidos en el Senado de la República, me imagino como se sentiría ese 35 por ciento de “nuestros abnegados padres de la patria”.  De aquí en adelante sólo me resta parodiar a nuestro insigne colega y folclorólogo por excelencia, el Dr Guillermo Valencia Salgado, el “Compae Gollo”: “tener algo que decir y no poderlo expresar con fluidez no deja de ser un golpe matrero en partes nobles”.

Retomando la parte inicial del presente escrito, retrotraigo un martes 18 de septiembre de 2001, a las 7 de la noche, después de pasar mi hermano Iván Antonio por un puesto de policía, ubicado en la calle y al frente de un árbol de Camajón en el barrio P5 de Monteria, a escasos 10 metros, la mesnada motorizada antes mencionada, lo impactó por la espalda, él, desesperado aumentó la velocidad del vehículo, pero al llegar al frente del Estadio de béisbol Eugenio Valdés, se le atravesó, pienso que intencionalmente un carro blanco, circunstancia que aprovecharon los sicarios para acribillarlo. Murió con los ojos bien abiertos, como mostrando su indefensión. Cuentan que la gente le gritaba a los policías del retén antes mencionado: “lo van a dejar matar”; y lo dejaron matar y dejaron ir al carro y sus ocupantes, que no dudo eran parte del plan. Todo esto lo narré en mi declaración ante los investigadores judiciales.

A los 8 días del asesinato de mi hermano, el 26 de septiembre, la misma mesnada dirigida por “Visaje”, asesina al educador y en ese entonces Diputado a la Asamblea de Córdoba, Manuel Ruiz Álvarez, el cual el día anterior había estado en Puerto Libertado, y otros días atrás en Valencia, pudieron haberlo asesinado en esos lugares, pero no, prefirieron hacerlo frente a la entrada principal de la sede de ADEMACOR,  como para dejar un mensaje y una advertencia mortal.

Fue toda una época macabra, a otros compañeros y a mí nos tocó salir de Monteria por un tiempo, a Domingo Ayala, “alias el gato”, lo buscaban como un gato busca al ratón. Los campesinos con una resignación acostumbrada, decían como en la popular canción de autoría de Gildardo Montoya, interpretada por  el acordeonero Enrique Díaz: “La muerte viene a caballo, allá se oye galopando quiero que llegue a mi rancho, allí la estoy esperando”.

A casi 16 años de tu asesinato, hermano Iván, quiero decirte que sigues vivo, en los únicos lugares donde siguen vivos los muertos, son lugares invisibles y maravillosos, propios de la naturaleza humana, esos y sólo esos son: el pensamiento, la memoria y los recuerdos que de ti tenemos; quienes te queremos y amamos mientras tengamos un hálito de vida.

Te comento hermano, que nuestra madre está viva, cumplió 88 años, tiene una foto grande tuya enmarcada al frente de su cama, todos los días y a cada momento te ve, así como yo también, cada vez que entro a su habitación que es frecuente, yo me imagino lo que ella sufre cuando te ve, a veces la encuentro triste y se calla su dolor, que es el dolor de toda su vida . Tus hijos están bien, todos son profesionales, Iván Camilo, se parece mucho a ti, parece que lo hiciste con el pincel de Picasso. Sonia, tu esposa se ha quedado sola, con la compañía de su hijo Juan. Del pueblo colombiano, quiero decirte, que una cosa es lo que constitucionalmente está  establecido que es, y otra es la realidad.

El pueblo de Colombia, en verdad, no ejercita su poder soberano; nos rige el modelo económico neoliberal y el modelo político neoconservador. De lo que viene después de la desmovilización de las FARC , de la negociación con el ELN de la actual coyuntura política, son sólo elucubraciones, deseos, “pajas mentales” y muchos interrogantes.