Cartas de Gramsci desde la cárcel a sus hijos.

El régimen fascista italiano, ordenó el arresto de Antonio Gramsci, el 8 de noviembre de 1926, pasándose por donde sabemos, la impunidad parlamentaria que ostentaba. Es recluido en la cárcel Regina Coeli, luego es aislado en la Isla Ustica, trasladado después a Milán y de ahí a Roma, aquí es condenado a 20 años, 4 meses y 5 días de prisión.

El fascista fiscal que actuó en el proceso, premeditadamente había expresado: “durante 20 años debemos impedir a este cerebro que funcione”. Gramsci y otros, fueron encarcelados porque el cerebro les funcionaba. Cuando se va a la cárcel por causas como la de Gramsci, el hombre aún cuando sufre, su propio sufrimiento y el de su familia; ese sufrimiento rúbrica en las páginas de la historia, su inmarcesible nombre y su ejemplar tránsito por el multifacético escenario de la vida.

Gramsci sentía mucho dolor y tristeza de estar lejos de sus hijos: Delio y Giuliano, de no conocerlos, de no poder ver como crecían y como era su desarrollo en el periodo inicial de su formación intelectual y moral.

En esa desesperación paternal le escribía a su esposa, a la cuñada y a su mamá, y cuando tenían
seis y siete años, también a sus hijos.

Quería estar con sus hijos antes de la pubertad y esto lo advertía en sus pedagógicas y didácticas cartas, que eran unas especie de lecciones de estas dos indiscutibles ramas de la educación. Les decía: “que antes de la pubertad la personalidad del niño no está formada todavía, y es más fácil dirigir su vida, hacerle adquirir determinadas costumbres de orden, de disciplina, de trabajo; después de la pubertad, la personalidad se forma de modo más rápido y toda intervención extraña se hace odiosa”.

Es aquí precisamente uno de los grandes poderes del maestro y el debe saberlo, incidir significativamente con su propia personalidad paradigmática, en la formación de la personalidad del potencial ciudadano, antes y después de la pubertad. Labor ésta, que no sólo es del maestro sino también como decía Gramsci : “de la educación difusa en el ambiente”, y también de la familia.

El potencial ciudadano colombiano de hoy, tiene la amenaza de un ambiente político e institucional, asqueroso y vergonzoso, que ha sobrepasado los límites de lo inimaginable .

Sí Gramsci estuviera vivo y viviera en Colombia, no me imagino cual sería su preocupación por la educación de sus niños .

Convirtamos en muchos y muchos Cramsci, preocupémonos por la educación de los niños y de los jóvenes y no con el estribillo neoliberal de “educación de calidad”,

Requerimos de una educación científica, democrática y humanista, y de un ambiente capaz de contrarrestar la escuela de “los delincuentes ilustres”.

No olvidemos en este empeñó las luces sabias de Paulo Freire: “la política es el alma de la educación”. No tengo la menor duda, estamos expósito de una obstinada educación ciudadana. Las escuelas, los colegios, las Universidades y los maestros, no le están entregando a la sociedad el ciudadano deseado.

Parodiando e interpretando el pensamiento de Gramsci, bien podemos decir: COLOMBIA ES UNA GRAN ESCUELA.

!Y QUE ESCUELA! .