Chef cereteano se destaca en multinacional

Su amor por la cocina empezó cuando apenas era en un niño de 10 años. Sentado en una silla en la cocina de su abuela, Nelly Paternina, obedecía con rigor las órdenes que esta le daba: mezcla la mantequilla con el azúcar, le decía mientras ella terminaba de preparar todo lo que implicaba hacer las mejores tortas negras de la región.

Víctor Mario González Rhenals creció en medio de los sabores sirio libaneses, en medio del ají topito, de los olores a clavito y a pimienta, en medio de la sazón del mejor guiso criollo que ha comido en su vida y en medio de una tradición que hoy lleva a las mejores cocinas del país.

Este profesional, oriundo de Cereté, Córdoba, fue designado como Chef ejecutivo de Unilever Food Solutions, una multinacional en donde combina su pasión por la cocina con nuevas estrategias para desarrollar, impulsar y mostrar al mercado gastronómico la forma más eficaz de utilizar alimentos transformados.

Cuando apenas tenía 15 años de edad salió del colegio Liceo León de Greiff de Cereté y siguiendo los pasos de sus otros hermanos, decidió estudiar Ingeniería Agroindustrial en la Universidad Pontificia Bolivariana de Montería. Sin embargo, solo hizo dos semestres, pues no era eso lo que realmente lo apasionaba.

Sabía que si le decía a su madre, Luisa Cristina Rhenals Reza, que su verdadera pasión era la cocina, no lo tomaría de la mejor manera. La identidad costeña y especialmente cordobesa no lo vería con buenos ojos. Fue entonces cuando decidió contar su sueño a David, su hermano. Finalmente, todos terminaron apoyándolo.

No era un inexperto para entonces. Había visto como Mohamed Reza, uno de sus familiares, había logrado consolidar una casa de banquetes en su municipio. A él le admiraba su capacidad creativa y emprendedora.

A cumplir sueños

Viajó a Bogotá, a casa de sus tíos, cargado de sueños. Primero estudió Gastronomía en el Politécnico Internacional y en paralelo en Verde Oliva. Viajó a Estados Unidos a hacer cursos de nuevas técnicas y allímempezó una vertigiosa carrera por el mundo de las cocinas más afamadas de Bogotá.

Después de cinco año, decidió emprender su propio negocio y  montó su primer restaurante en Santa Marta llamado Tierra Negra, proyecto que lideró junto con un grupo de amigos de la región. El negocio finalmente fue cerrado porque según el chef cordobés, esa no era su meta final.

Ahora incursiona en un nuevo reto. Dentro de los mismos está impulsar el desarrollo de los Horecas, hoteles, restaurantes y casinos, desde el punto de vista de la eficiencia de las cocinas a través del uso de productos especializados para la preparación de grandes volúmenes de alimentos.

Allí puede articular sus conocimientos culinarios y dar ese toque especial a la comida colombiana, respetando la tradición, pero optimizando los sabores. Para él unos ajíes rellenos de carne molida, un guiso de gallina criolla o un arroz de berenjena lo ubican en medio de los sabores, a su juicio incomparables, que aprendió en su tierra natal.

Confiesa que es un estudioso de las tendencias mundiales de la gastronomía y reconoce que Córdoba es un departamento muy rico en sabores, olores y sazones.