Consumo responsable una tarea aún aplazada

Comparte en tus redes sociales.
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

Por Cristian Vargas

Investigador del Observatorio de Cultura Ciudadana y desarrollo sostenible

Cuando nos adentramos a explorar el dantesco mundo del consumo responsable, primero es necesario referenciar los resultados originados a raíz de la crisis social y ambiental del modelo económico global imperante, basado exclusivamente en la idea de crecimiento sin importar a qué costo.

Un reciente estudio, realizado por un equipo de 250 científicos y expertos de más de 70 países asegura que el mundo tiene a su disposición la ciencia, la tecnología y las finanzas necesarias para encaminarse hacia el desarrollo sostenible, pero aún falta un mayor esfuerzo de líderes públicos, empresariales y políticos que se “aferran a modelos obsoletos de producción y desarrollo”.


Frente a este panorama las ciudades y quienes habitamos en ellas deben reformular la forma en que gestionan su progreso, es allí donde se viven más intensamente las tensiones y los desequilibrios sociales, pero también donde se pueden materializar las propuestas más innovadoras en todos los sectores y donde es más factible su materialización.

Es por ello que, en las urbes sin importar cual sea su tamaño es posible una transformación de hábitos que permitan moldear nuevos y mejores estilos de vida para sus habitantes sin comprometer sus existencia, porque no se trata sólo de cambiar una marca o un producto por otro, sino de llevar una vida satisfactoria dentro de los límites biofísicos del planeta, aunando así prácticas cotidianas y valores ciudadanos resilientes con nuestros ecosistemas.

En consecuencia, no podemos desconocer el interés que ha suscitado en algunos actores de la academia, en empresarios conscientes y el mismo Estado por mostrar que existen otras formas de relacionarnos con el consumo no como alternativa sino como una indefectible posibilidad, pues no está como alternativa escoger si se quiere o no tener un celular o si se quiere o no estar conectado a la internet, estos bienes y servicios ya hacen parte de la canasta básica de cualquier familia Colombiana, el reto está en cómo priorizamos unas cosas por otras, es ahí donde empezamos a desarrollar la parte del cerebro consciente que te dice que consumes y para qué.


Seguidamente, los ámbitos del consumo en los que apostar por una transformación son múltiples: agua potable, energías limpias, alimentación sana, cultura y ocio, movilidad sostenible, tecnología, ropa y complementos, finanzas, higiene y cosmética, vivienda, etc.

Supone, por tanto, un cuestionamiento de las rutinas y de todo lo que hay construido socialmente alrededor del consumo, algo que implica el desarrollo de nuevas habilidades y nuevo conocimiento, para que sea realmente responsable, las tareas han de estar distribuidas equitativamente, y aunque las opciones concretas dependen del contexto, yo no creo que la clave está en consumir menos, la clave siempre estará en reducir nuestro impacto y aumentar nuestra relación con el entorno más próximo, siempre será importante preguntarnos cuál es la huella que hemos dejado al consumir cualquier tipo de producto sea tangible o intangible, es necesario también preguntarse cómo aprovechar lo que queda de este, el mundo de la sostenibilidad trajo consigo nuevos conceptos para la economía tradicional por ejemplo ahora nos hablan de economía circular y no precisamente para economistas con maestría, son conceptos básicos que enseñan a reducir, reusar y reciclar en otras palabras, encontrarle un segundo uso a lo que hemos consumido para mitigar el impacto y reducir su huella ecológica.

Finalmente, es necesario que frente a las grandes instancias supranacionales y globales, las ciudades, los centros rurales, la academia, el Estado, empresarios, y consumidores le apostemos al fortalecimiento de la conciencia colectiva para regular el consumo y la producción irresponsable auspiciada por estrategias salvajes de publicidad que están acabando con nuestros modos de vida y el de las futuras generaciones.