Decálogo sobre las elecciones

Con la distancia que permiten estas dos semanas, hay conclusiones adicionales de las elecciones del pasado once de marzo:

1.   La ciudadanía entendió que estas elecciones eran muy importantes y que su voto contaba y, en consecuencia, acudió en mucho mayor número a las urnas. Por ello bajó notablemente la abstención. Con el 98,87% de las mesas precontadas, en las parlamentarias votaron 17.818.185 personas de 36.493.318 potenciales sufragantes de acuerdo con el censo electoral vigente. Es decir, un 48, 82% de participación, la más alta desde 1991 y casi un 20% superior a la tasa promedio (40,5%) de las elecciones parlamentarias anteriores. Más de tres millones de votantes adicionales.

2.    Ese aumento de la votación y el que un número mayor de movimientos pequeños superaran el umbral del 3%, necesario para tener representación en el Congreso (MIRA, Colombia Justa y Libres y la Coalición ASI, UP, MAIS, llamada “de la decencia”), hicieron que a pesar de que el Centro Democrático creciera en 468 mil votos, un 23% más que hace cuatro años, se quedara con los mismos 19 senadores (se le había adjudicado uno más por los errores que se cometieron contra el MIRA en esas elecciones).

3.   En todo caso, el CD se convirtió en el partido más votado y en la mayor fuerza parlamentaria, con 51 congresistas (19 senadores y 32 representantes). No es poca gracia, en particular si se considera que lo consiguió tras ocho años de oposición, sin puestos, sin contratos, sin mermelada, con apenas una gobernación y un par de alcaldías. Sí se puede hacer política solo con ideas, programas y propuestas.

4.   Las consultas del once de marzo fueron un éxito. Si la del partido Liberal en diciembre fue una vergüenza (690.435 votantes) y nos salió carísima ($40 mil millones), en estas participaron casi diez millones (6.138.503 en la consulta por Colombia y 3.541.288 en la de la izquierda) y costó muchísimo menos ($24 mil millones). En todo caso, el error de la Registraduría en la distribución de los tarjetones afectó negativamente la consulta por Colombia y también la votación del CD al Congreso.

5.   Es previsible que para el 2022 el grueso de los partidos haga consulta el mismo día de las legislativas para aprovechar sus ventajas: permite a los candidatos hacer campaña más temprano, genera sinergias con las de los aspirantes al Congreso, acapara la atención de los medios, facilita la obtención de recursos de donantes, tiene reposición de gastos. En el caso del CD, además, se enlazó con el procedimiento de escogencia de Duque a través de encuestas y con los 35 foros regionales y temáticos que hicieron sus precandidatos a lo largo y ancho de todo el país. El éxito del CD está cuidadosamente trabajado.

6.   El gran perdedor del once de marzo es Santos. La segunda vuelta del plebiscito “por la paz” se votó ese día y de nuevo salió derrotado. A pesar de toda la burocracia, la mermelada y el poder de la maquinaria regional, los partidos de su coalición perdieron 36 curules (la U 19, los conservadores 10, el Liberal 7). Sus candidatos no despegaron. De la Calle está muerto y Fajardo en cuidados intensivos. La estrategia de conquistar a los liberales y de alejarse de Petro no le funcionará. No es creíble y es demasiado tibio.

7.   Vargas Lleras respira con dificultad. Aunque Cambio Radical aumentó mucho sus fuerzas en el Congreso, ya es claro que no será viento de cola para la candidatura de Germán. Si a mediados de abril sigue igual, no tendrá más remedio que sumarse a Duque. Cualquier otra opción le significaría la ruptura de su partido (el “charismo” no le jalará a otra alternativa) y no oponerse a Petro le pasaría una impagable factura en el futuro.

8.   Además de Duque y el Centro Democrático, Petro es el ganador. Los 2.853.731 votos que tuvo en la consulta son más del doble de los que sacó en la primera vuelta del 2010 (1.331.267) y más que la más alta votación de la izquierda en la historia, la de Carlos Gaviria en el 2006 (2.613.157). Si se suman todos los de la consulta, y deben sumarse, tiene de entrada casi los mismos votos que Antanas Mockus en la segunda vuelta del 2010 (3.587.975). No es poca cosa. Petro sacó más votos que Duque en Bogotá, la costa caribe y el suroccidente, marca mejor entre los menos de 25 años y en los más pobres, y tiene alta aceptación entre los independientes y sin partido. El problema es que es difícil que crezca de manera sustantiva. Un apoyo de De la Calle en segunda vuelta le sumará poco. Muchos liberales no votarán ahí, diga lo que diga su candidato. Y el grueso de la coalición de Fajardo ya se deslizó hacia allá. Aunque el fantasma de la llegada al poder de la izquierda armada ya no exista (aunque persista el conflicto y ahí sigan vivas las guerrillas, en el imaginario popular ya llegó “la paz”), su pasado guerrillero, su cercanía con el chavismo y el socialismo del siglo XXI, el discurso populista y su pésima gestión como alcalde de Bogotá, además de su cercanía con Santos (su apoyo al Presidente fue decisivo, junto con el dinero de Odebrecht, para que “ganara” en la segunda vuelta del 14), hacen que la mayoría ciudadana lo vea con profundo recelo. Petro no ganará la Presidencia, pero se consolida como el jefe de la izquierda y será un temible adversario en el 22.

9.   Así las cosas, salvo que ocurra algo extraordinario (es poco probable, pero posible porque en política dos meses de campaña son una eternidad), las elecciones están entre Duque y Petro, Pero Duque está cada día más fuerte porque el crecimiento del ex alcalde a pocos días de las elecciones generó una profunda ola de miedo y también porque Iván identifica al Centro Democrático, la única oposición real a Santos y a la izquierda, tiene el respaldo de Álvaro Uribe y su fuerza parlamentaria, y es una figura joven, brillante y seria. Ahora suma la fuerza moral y de género de Marta Lucía Ramírez. Si ataca las fortalezas señaladas de Petro, si no se equivoca y si no se cae en triunfalismos, será el próximo presidente de Colombia.

10.                El desafío será construir una mayoría en el Congreso que permita gobernabilidad. Los parlamentarios del CD son insuficientes. En el Senado se necesitan 54 (son 102 senadores más los 5 regalos de Santos a las Farc) y en la Cámara 86 (166 representantes más 5 de Farc). Las alianzas son indispensables. Hay que hacerlas sobre bases programáticas. No será sencillo.
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La voz y la fuerza moral de Sofía Gaviria, parlamentaria como ninguna, harán una enorme falta.