Desangrada

José Llinás- Columnista de Río Noticias.
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En Bello mas de medio centenar de asesinatos en lo corrido del año por cuenta de las disputas territoriales por el control de tráfico de drogas, la extorsión, la economía subterránea del Oro, la ilegalidad y el microtráfico entre los combos “pachelly”, “el mesa”, “Niquia”, “Camacol” y muchos otros pequeños pero no por ello menos peligrosos azotan el Norte del Valle de aburra; Y en Medellín el panorama no es menos alentador, esa cifra se multiplica por seis y pasa de los 300 personas muertas, pues se le suma la intolerancia, el fleteo, la delincuencia común, el sicariato como la forma acostumbrada para solucionar las diferencias personales en Antioquia.


En el bajo cauca la guerra esta al rojo vivo, por la disputa no de una plaza, sino de un corredor estratégico, una ruta de salida de la cocaína por el golfo de Urabá, los cristalizadores , la minería ilegal y que está conectado con una emblemática zona de producción en el nudo del paramillo la caucana, y zonas rulares de Ituango, Cáceres, Nechi y el nordeste Antioqueño. Aquí el clan del Golfo y los Caparrapos se asesinan en una lucha intestina, y a su vez ellos con el ELN y disidencias de las FARC de los frentes 18 y 36, las bandas del narcotráfico extrajera y hasta los mismo Pachelly que han comprado franquicias y copan los territorios se disputan a sangre y fuego el control, ensangrentando a su paso los Municipios de valdivia, Caucasia y taraza.

Estos cuatro focos de violencia, Medellín Bello y el norte y bajo cauca antioqueño no deben mirarse como fenómenos aislados sino como un entramado de narcotráfico, extorsión, desplazamiento forzado, y economía ilegal y la solución lejos esta en incrementar el pie de fuerza, operaciones como Armagedón con un show publicitario ha demostrado su fracaso.

Entonces; Que hacer con las bandas delincuenciales? como enfrentarlas?, hay dos alternativas una ya la conocemos, continuar con la represión y con el peligro que la guerra se generalice a todo el departamento y toque otros como el sur de Córdoba y Sucre o mandarles el mensaje desde el gobierno que el Estado está dispuesto a negociar con ellas, como estructuras narcotraficantes que son, y empezar a entregar rutas, testaferros, políticos aliados, formas de lavado de activos, sus tentáculos en la contratación Estatal, Alcaldes concejales etc, a cambio de penas reducidas sustancialmente y entregar de parte de su dinero y permitirle el sapo de que vivan tranquilos con parte de su riqueza.

Y porque no, crear en conjunto con estas estructuras criminales, que si conocen al detal los territorios, los pobladores y sus necesidades políticas públicas de empleos e inclusión social, como ecoturismo entre otras para que el fenómeno no se vuelva a repetir, y se llene con la inversión social la deuda inmensa e histórica con el desarrollo de las comunidades que tiene la organización política.

Lo que si no podemos permitir es que sobre este conflicto no hagamos los de la vista gorda, porque, cada día que pasa mueren actores e inocentes de la violencia, el debate deben empezar, y no es pecado declararlo abierto, Colombia y en especial Antioquia requiere una política integral de sometimiento de bandas criminales, no damos espera.