‘El Boche’, las dos caras de una tragedia a orillas del Sinú

El Boche ilustrado, tomado del folleto de la Fundación del Sinú.

Por: Barney Berrocal Mendoza

 

Para muchos ‘El Boche’ fue un asesino a sangre fría que mató a por lo menos cinco personas, para otros fue un líder campesino que pagó con su vida el haberse levantado contra la ‘Matrícula’, una forma de esclavitud impuesta en muchas regiones de la costa Caribe a finales del siglo XIX.

 

El apellido Lacharme en Montería quedó marcado para siempre por esa tragedia, para muchos fueron víctimas, para otros fueron los tiranos que llevaron a José Antonio Hernández, ‘El Boche’, a revelarse y después ser cazado y asesinado por unos 50 hombres.

 

Los hechos tuvieron como protagonistas a Alejandro Lacharme Dumont, un francés nacido en 1861, quien llegó desde niño a las tierras del Sinú y a José Antonio Hernández, ‘El Boche’, nacido en San Jacinto, Bolívar. Ambos murieron en la mañana del 5 de octubre del 1908 en la hacienda ´Misiguay’, ubicada a la orilla del río Sinú en la marguen izquierda, cerca de lo que es hoy el corregimiento Las Palomas.

 

Historiadores y escritores como Jaime Exbrayat Boncompain (Reminiscencias Monterianas, 1939); Carlos Velasco Puche (La Bruja de Tucurá, 1963) y Jorge Valencia Molina (La Pesadilla de El Boche, 1962), así como los reportes de prensa de la época (Periódico El Ensayo. Cereté, octubre 16 de 1908), nos muestran a ‘El Boche’ como un asesino a sangre fría que se dejó llevar por los celos y mató a machete a cinco personas.

 

Otros autores como Orlando Fals Borda, Antolín Díaz y Guillermo Valencia Salgado, dan una versión bastante diferente de los hechos y atribuyen las muertes ocurridas en la hacienda ‘Misiguay’ a la lucha campesina y a la rebelión de un grupo de trabajadores oprimidos.

 

En febrero de 1973 la Fundación del Sinú, auspiciada por la Fundación del Caribe, elabora y entrega en los campos una serie de folletos con dibujos de Ulianov Chalarka G, entre los cuales estaba uno dedicado a ‘El Boche’, allí lo presentan como un líder campesino que se levantó contra la ‘Matrícula’, una forma de esclavitud impuesta por los grandes terratenientes.

 

En el 2005 Gustavo Petro y Carlos Alonso Lucio, en un libro de María Elvira Bonilla Otoya, llamado ‘Grandes Conversaciones’, nos presentan a ‘El Boche’ con muchos más atributos y lo elevan a grado de caudillo, que pagó con su vida el haberse enfrentado a los terratenientes en su lucha por las tierras del Sinú.

 

En los últimos años han escrito sobre ‘El Boche’ el escritor Antonio Mora Vélez y el periodista Álvaro Díaz Arrieta, éstos han narrado historias intermedias basándose en las dos versiones.

 

En su blog, ‘Los escritos de Álvaro Díaz Arrieta’, el periodista narra sobre una radionovela que se divulgó por la emisora ‘Radio Cordobesa’, hoy RCN Básica, llamada ‘La Pesadilla de El Boche’, que se emitió en 1962, fue escrita por Jorge Valencia y Guillermo Valencia Salgado ‘Compae Goyo’. Alguno de los actores de esa radio novela, como es la periodista Navis Asías, aún viven.

 

En los siguientes enlaces pueden encontrar la historia de El Boche como héroe. Se trata de varias historias editadas por la Fundación del Sinú y que hoy hacen parte del Centro de Memoria Histórica del Gobierno Nacional. En estos folletos también se explica que era la ‘Matricula’ y los que realmente habría pasado en la hacienda ‘Misiguay’.

Ver la historia…

https://drive.google.com/open?id=0BwPngruQFiNib0dlUEpJT0hTZHM

 

http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2015/historieta-grafica/lucha-por-la-tierra-en-la-costa-atlantica.pdf

 

A continuación, dos historias de la época que muestran al Boche como un despiadado asesino.

Casa de época, en ella vivía la familia Lacharme en Montería.
Casa de época, en ella vivía la familia Lacharme en Montería.

EL BOCHE, HISTORIA DE JAIME EXBRAYAT

TEXTO SIN MODIFICACIONES

 

José Antonio Hernández, ‘El Boche’, era uno de los trabajadores que don Antonio Lacharme, ocupaba en su hacienda “Misiguay”. El Boche llevaba vida marital con Graciela, mujer casquivana que tenía relaciones amorosas con otro de los peones de la misma hacienda, de apellido Sotelo.

 

Cuando las sospechas de El Boche acerca de la infidelidad de Graciela se trocaron en certeza tomó la implacable resolución de quitarle la vida y con el fin de realizar cuanto antes su siniestro propósito con más saña o mayor inconsciencia, se preparó desde víspera del día fatídico afilando su rula e ingiriendo fuertes dosis de ron mezclado con pólvora.

 

La mujerzuela adivinó las intenciones de su peligroso amante y se puso oportunamente a salvo ocultándose en una alberca casi llena de agua. El burlado marido la buscó como quien busca una aguja y no hallándola por parte alguna creyó que los moradores de la hacienda eran encubridores o cómplices de su fuga.

 

Su primera víctima fue Miguel Girón, a quien, de un machetazo, tronchó el brazo derecho y luego embriagado tanto por el aguardiente como por esa sangre derramada dio rienda suelta a sus instintos fieros inmolando seguidamente una nueva víctima.

 

El machete homicida, tinto en sangre de Miguel Girón, destrozó bárbaramente los pechos de Juana Sotelo la madre de su presunto rival dejándola tendida exánime en un bañadero de cerdos. Luego le propinó varias cortadas a Carmito Montes, el matarife de Misiguay, que se defendió valerosamente con su cuchillo de carnicero, logrando así salvar la vida.

 

En tan trágicas circunstancias se presentó don Alejandro Lacharme, hermano mayor de don

Antonino y de buenas a primeras se encontró frente al Boche que lo observaba cautelosamente. Quiso detenerlo y con el fin de amedrentarlo hizo un disparo al aire sin lograr su objetivo.

 

El miserable se le vino encima con el machete en alto y tras una breve y desigual contienda de un tajo le voló la mano derecha, que sostenía la escopeta con la cual trataba de parar los golpes. Entonces de un machetazo en la nuca terminó la fatal contienda y, exhausto de fuerzas y de sangre, cayó don Alejandro de espaldas en el umbral de su casa.

 

Después de cebarse en el cuerpo de su víctima se precipitó el malvado contra la señora Lucia, cocinera de la hacienda, y de un solo tajo de su filuda hoja la dejó retorciéndose en los espasmos de la agonía.

 

Luego como en los antiguos sacrificios de su raza, que revivían en sus fieros y atávicos instintos, quiso coronar su obra en un nuevo holocausto a las furias infernales quemando el cuerpo mutilado de su víctima. Prendió fuego a los techos pajizos de la hacienda y se alejó rápidamente del escenario trágico que las llamas iban a purificar.

 

Rendido por el cansancio y temeroso a un tiempo, pero siempre con el machete a la diestra, se arrojó el malvado a las aguas de una Ciénaga donde muy pronto se vio perseguido y acosado por gentes armadas. Fueron muchos los disparos de escopeta y los tiros de revólver, pero ninguno hacía blanco en el cuerpo del criminal puesto que azogados y nerviosos los tiradores estaban perfectamente descontrolados.

 

Al fin una bala, mordica en cruz, y disparada por Juan Jiménez fue a clavarse en la frente de El Boche, que exclamó: “Así no se mata a un hombre bueno”. “Bueno era el hombre a quien tú mataste”, le contestaron en coro esos hombres, quienes cautelosamente sacaron del agua al palpitante cadáver llevándolo seguidamente al puerto de la hacienda y de allí, en canoa, hasta Montería, donde fue sepultado con el brazo derecho rígido y en alto como listo para asestar el machetazo.

 

El cadáver de don Alejandro fue también llevado a Montería y velado en su casa situada en la avenida primera entre calles seis y siete. Su sepelio dio lugar a una caudalosa manifestación de simpatía pocas veces superada en Montaría y, después de las ceremonias litúrgicas de la Iglesias Católica, de la que había sido el occiso un hijo devoto, su desgarrada envoltura carnal fue conducida al cementerio. Allí varios oradores honraron al que había sido un hombre de trabajo, enalteciendo sus virtudes hogareñas y cívicas. Don Salvador Grandett finalizó su discurso con estas emocionadas palabras. “Alejandro: brillante fue tu vida; pero negra como la conciencia del asesino fue tu muerte”.

 

 

EL BOCHE, SEGÚN EL PERIÓDICO EL ENSAYO, DE CERETÉ

TEXTO SIN MODIFICACIONES

La publicación se hizo en octubre 16 de 1908, una semana después de la tragedia.

 

“LÍNEAS ROJAS”

 

“Montería, nuestra vecina hermana, acaba de ser testigo presencial de una doble y terrible escena de sangre de ceniza, de matanza y de exterminio. Un monstruo salido de los antros del averno fue el autor de aquel festín de carne humana. Sobrecogidos todavía por el terror que produjo en nosotros tan infausto acontecimiento, cumplimos con el deber de relatarlo tal como nos lo informa uno de nuestros corresponsales.

 

La escena tuvo lugar el 5 de los cursantes en la Hacienda de “Misiguay”, que dista cuatro leguas de la cabecera del Distrito de Montería y es propiedad de Don. Antonino Lacharme. La mañana era serena y nada presagiaba que los tintes azulados de aquel hermoso día se tornaran poco después en rojos. Mas…. así debía suceder:

 

José Antonio Hernández de sobrenombre “Boche” natural de Sabanas y trabajador de Don. Antonino, se presentó en casa de este solicitando por su concubina que se había refugiado allí desde la noche antes, temerosa de ser asesinada por la fiera que ya se lo había anunciado.

 

Don Antonino estaba ausente y en la casa se hallaba su capataz Miguel Girón, quien al darse cuenta de que Boche trataba de entrar, le dijo que respetara: la respuesta de este fue descargar un golpe de machete sobre el indefenso Girón y llevarle completamente un brazo.

 

Atacado este, pudo echar mano a una escopeta y herido como estaba, hacer fuego a Boche sin lograr hacerle daño. En ese momento fatal pasaba por la sala una mujer sobre la cual descargó Boche otros varios golpes mortales de machete, haciendo victima también, de su creciente furia, en aquel mismo instante a un matarife de la Hacienda, quien ocurría a informarse de lo que sucedía. El criminal infundió el pánico en aquella región y las gentes huyeron…!

 

Poco después llegó al teatro de los acontecimientos Don Ignacio Cabrales, Alcalde de Montería, quien se hallaba ocasionalmente en “Marta-Magdalena”. El criminal se había ocultado y en el instante el Sr. Alcalde dictó las providencias necesarias para su captura e impartió órdenes por teléfono, con el mismo objeto, a los comisarios de Policía de “Dos Hermanos” y “Ginebra”; no habiendo hallado armas, resolvió regresar a “Marta-Magdalena” con el fin de hacerse a ellas.

 

En el camino encontró con Don. Alejandro Lacharme quien seguía a la posesión de su hermano a enterarse de lo ocurrido y a restablecer el orden. Cabrales aconsejó a Lacharme no siguiera solo porque podría encontrarse con Boche que estaba sediento de sangre, y que regresaran a “Marta-Magdalena” para después volver juntos con gente armada; pero Lacharme haciendo confianza en su revolver continuo el viaje.

 

Apenas había llegado cuando le gritaron que la fiera volvía al circo….! Lacharme tomo una carabina, pero como no tenía capsulas, hubo de sacar las de su revolver para cargar la primera de dichas armas, creyéndola más segura. Salió e intimó rendición a Boche; este se negó a ello y le acometió. Entonces Lacharme descargo la carabina a un brazo de aquel para inutilizarlo, pero desgraciadamente apenas logro herirle levemente y despertar con más furia sus instintos de chacal…!

 

Cuando Lacharme se vio precisado a disparar nuevamente sobre Boche, que se le venía encima, no pudo, porque el arma se le había encascarado: el enrojecido machete del asesino se hundió, entonces, dos veces en el cráneo de Lacharme hasta la masa cerebral, haciéndole rodar por el suelo hecho cadáver.

 

Apareció en aquel instante una anciana, que había dado una medicina a Boche durante la noche a implorarle misericordia y la respuesta del miserable fue echarla también por tierra bajo el filo de su machete. No encontrando en aquel momento otra vida que segar, arremetió furioso a una quesera y partiendo con el mismo machete, tintó en sangre de sus víctimas, uno de los quesos que allí había, se apresuró a comerlo: El criminal ponía así de manifiesto sus instintos de caníbal…!

 

Seguidamente tomo un caballo, que encontró ensillado, y haciendo uso de una tea, incendio todas las casas de la Hacienda…! Y aquella fiera se manifestaba contrariada por no hallarse en la casa la esposa ni los pequeñuelos de Don Antonino…! Apercibido poco después de que ya se presentaban el Jefe de la Gendarmería y el Alcalde con gente armada, resolvió escaparse, como en efecto lo hizo. En su fuga topó con un hombre indefenso de apellido Verona y haciendo uso de aquel mismo machete enrojecido, le arrebato la vida…!

 

Las comisiones salieron en su busca y después de grandes trabajos, lograron encontrarle metido en una ciénaga desde donde solo mostraba la cabeza. La ciénaga fue rodeada y se introdujeron en ella dos canoas con gente armada que intimidaron rendición a Boche; mas todavía el criminal, machete en mano, zabullía y salía cerca de las canoas provocando y con ánimo de volcarlas, y segar más vidas…!

 

Entonces un grito de los presentes se escapó pidiendo !fuego! y las tranquilas aguas de la ciénaga fueron conmovidas por una detonación que hizo rodar a su fondo a aquel cocodrilo humano…! Sacado de allí fue conducido a Montería como sus víctimas: unas, para ser sepultadas; otros para ser puestas en manos de la ciencia”.

 

Reciban don Antonino y la viuda de Don Alejandro con sus nueve huérfanos la íntima expresión de nuestro dolor y nuestros votos porque el Altísimo haya acogido en su ser a todas las víctimas de ese chacal que en vida llamaron Boche…!