El hombre que tiene en sus manos la redención de él y de Córdoba

Por: Toño Sánchez Jr.

Eran las 4 de la tarde, hora de Miami, del 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, cuando alguien se me acercó por la espalda, en donde estaba sentado, y en el sitio previamente acordado días antes, y me dijo: “Hola, Toño”. Me sorprendí al ver a quien me saludaba, tal vez porque esperaba ver a la misma persona que había dejado de ver como periodista hacía como un año. Ahora estaba delgado, como encorvado, peludo y con barba, pero de esa que se resiste salir al mismo tiempo en toda la cara. Estaba en pantaloneta, camiseta y tenis sin medias. Tomó una silla y se sentó a mi lado. A centímetros tenía a la persona más buscada para una entrevista y también más buscada por la justicia colombiana, el exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons Muskus.

Mucho antes de que el Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, anunciara que le iba a imputar 20 cargos al exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons, comencé a buscarlo. Quería escuchar de primera mano su versión de todo lo que estaba aconteciendo, de cómo se llegó hasta aquí, de si pensaba entregarse a la justicia colombiana, de si iba a regresar al país a responder por todas las imputaciones, de si estaba dispuesto a contar la verdad, de si iba a reparar devolviendo dinero. Pero también quería sondear a la persona, al ser humano, que estaba detrás de todos estos actos de corrupción, si dimensionaba el daño que había causado al Departamento, a su pueblo, a él mismo y a su familia. Me gusta tratar estos dramas y tragedias humanas, porque me gusta encontrar el punto de quiebre de cómo una persona, por ejemplo en este caso, se le aparece de la noche a la mañana una Gobernación y termina con todo este escándalo de corrupción, como si Córdoba fuera el engendro del mal. Y aunque lo quieran negar, en muchos momentos de su historia lo ha sido, esta no es la excepción. También en aquellas hubo muertos, pero no tan importantes como los de ahora. Pero huérfanos son huérfanos y viudas son viudas sin importar importancia o estrato. Pero aquí hasta la muerte tiene su estrato.

La búsqueda de este personaje me hizo recordar la que le hice a Carlos Castaño Gil, que empezó a finales de 1997. Hasta que un lunes 19 de julio de 1999, como a eso de las cinco de la tarde me hicieron ir a una casa a decirme que Castaño había accedido a darme la entrevista. Mando a decir que al día siguiente me recogería un joven a las 3 de la madrugada, que estuviera listo. Supe en el recorrido que ese muchacho que manejaba tenía por nombre, o mejor, por chapa, ‘Montador’. Mucho tiempo después me dio su nombre real y apellido, no era ningún asesino, era un conductor de confianza que tenía que estar libre de todo delito para poder desplazarse por todo el país. Me dijo que jamás había empuñado un arma, y le creí. Hoy comparto con él una buena amistad en donde creo que yo soy el beneficiado, porque cada vez que nos sentamos, saco mi libreta amarilla y le exprimo todos sus recuerdos. Algún día esas historias servirán para ser contadas. Aún recuerdo el cipote de aguacero que nos acompañó todo el camino, no se podía ver a más de 20 metros. Fueron siete largas horas de camino, la gran mayoría destapado. Ese día supe que de verdad servía para este oficio. Aunque no lo crean, a mí no me gustaba el periodismo, yo quería ser abogado, y el mejor penalista de América Latina. Pero como dicen por allí, “a veces uno termina encontrando su destino, en el camino que cogió para evitarlo”.

Llegamos como a las 10 de la mañana a un campamento que estaba como a una hora de San José de Mulatos en el Urabá antioqueño, allí estaba Carlos Castaño y ‘El Alemán’ esperándome, sentados en una larga mesa y debajo de una vieja carpa de lona. Después de los saludos y las presentaciones, Castaño empezó con un discurso en el sentido de que él tenía un cuestionario de preguntas que le hacían todos los periodistas del mundo y de los principales medios de Bogotá. Rodó hacia mi puesto un fólder, donde se veía una gran cantidad de hojas llenas de preguntas, estaban en negrillas, las respuestas no. Yo en mi naturalidad y entusiasmado con todas las hipotéticas preguntas que había ideado, le dije: “Pero es que yo traigo mis preguntas y faltan las que salten de sus respuestas”. El jefe paramilitar, hizo silencio, miró al ‘Alemán’, y jaló para sí el folder. Al tenerlo al frente dijo algo que jamás he olvidado: “Con todos los periodistas que han venido de Bogotá así lo hemos hecho”. No niego que en ese momento pensé que de pronto quien estaba mal era yo. Eso me permitió hacer un largo silencio que él mismo rompió diciendo: “Pregunte a ver lo que quiera a ver si es importante”. Solo atiné a decir: “muchas gracias”. Y comencé la entrevista. Al terminar, le dije que necesitaba tomar unas fotos y accedió. Para esos tiempos no se dejaba ver el rostro de frente y me pidió que no lo fuera a fotografiar de frente. Hubo un momento en donde lo enfocaba claramente y de frente, solo tenía que obturar y tendría la foto que el país y el mundo quería. Pero bajé la cámara y le dije: “Señor, se puede correr que está en el foco de la cámara”. Se me quedó mirando y dijo en tono seco y agrio: “gracias, periodista”.
Al despedirme y darle la mano, me dijo: “Con usted es el periodista que peor me ha ido”. En ese momento no entendí su afirmación. Tiempo después lo comprendí plenamente. Y supe quiénes eran los del ‘interior’ y quiénes éramos nosotros. Hasta hoy eso no ha cambiado.

Allí aprendí a que debes preguntar todo lo que se te ocurra, así moleste al entrevistado. Por eso desde que me di a la tarea de buscar al exgobernador comencé un largo listado de preguntas. A un par de amigos cercanos les dije: “Si tuvieras al frente a Alejandro Lyons qué le preguntarías”. Qué vaina! Sus preguntas no estaban en mi listado.
Pasaban los días y miraba mis correos, y nada que me respondían. Mientras, en Colombia arreciaba la persecución contra cordobeses por corrupción, con razón o sin ella. Todo parecía un guion judicial del cual las filtraciones a un medio del ‘interior’ hacían parte esencial.

Aquí mencionamos nuevamente la palabra corrupción muy de moda hoy en Córdoba, pero que siempre nos ha perseguido, aquí en cuestiones de corrupción lo que no es parece. Pero todo empezó mal para Córdoba desde la primera elección popular de gobernadores.

Todo mundo sabía que algo estaba mal, pero parecía que todo se moviera con el dicho: “No mires, no preguntes”. Solo era cuestión de tiempo que todo se desbordara. Se cumplió eso de que cuando tú no tomas decisiones la vida la toma por ti, y que por lo general es lo que no te esperas ni te imaginas.

Las cosas pasan para bien o para mal. Muchas veces nos desgastamos preguntándonos por qué pasó tal hecho; pero la pregunta esencial allí es otra: “Para qué pasó esto”. Alguien trajo a Córdoba a un encantador de serpientes, que además tiene todas las características de un sociópata, Jesús Henao. A quien se le dio por matar a su amigo y socio, Jairo Zapa. Creo que fue el primer crimen que se contrató en Córdoba con suficiente antelación. Ocho meses antes, Henao le dijo a Joice Hernández que había que matar a Zapa, para que se fuera preparando y ‘craneando’ la manera de hacerlo. Que el día que se escogiera tenía que ser ese día. Para ello Joice pasó a ser como una especie de estafeta de Jairo Zapa. Qué vaina más tenebrosa saludar todos los días a la persona que vas asesinar tiempo después. Y el otro, darle la mano a quien te va a poner esas mismas en tu cuello para ahorcarte.

Lo cierto es que la sangre de Zapa tiene que estar compuesta de una poderosa energía que ha llevado a que nada vuelva a ser igual en Córdoba. Y esa sangre reclama responsables. Pareciera que Zapa no estuviese enterrado sino vagando por Córdoba reclamando justicia.

A manera de información, no existe en el expediente de Zapa un solo indicio siquiera, que señale a Mara Bechara o Alejandro Lyons como responsables o que tengan que ver con la muerte de Jairo Zapa. Pero más cierto es aún que la muerte de este ingeniero vino por negocios que tenía con Jesús Henao y que involucraban estos contratos y otros.
Mucha, muchísima gente, se ha enriquecido con los gobernadores de Córdoba. Quienes estaban en contra de la corrupción eran los que no estaban en el nuevo listado del gobernante de turno. El problema no era la corrupción, sino no hacer parte de la repartija.

Pero llegar al asesinato de un servidor público de esta categoría no se había visto. Bueno, esta afirmación no es del todo cierta ya que en la época en que el paramilitarismo se tomó la salud sí asesinaron a dos funcionarios de este sector. También se asesinó a exalcaldes, recuerdo ahora a uno de Tierralta, Héctor Acosta. Con respecto a este último, aún no me he sacado de la cabeza una foto de dos niñitos, cada uno sentado en un taburete pequeño, al frente del cajón donde estaba su padre. Y como ya lo escribimos no hay nada más estratificado en Córdoba que un muerto.
Pero la muerte de Zapa, para desgracia y dolor de su familia, fue el detonante de todo.

Por eso sabía que era necesario buscar la manera de sentarme con el exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons, para preguntarle a qué está dispuesto. Por lo que sigo mandando mensajes, que no obtienen respuesta.

Montería era un polvorín por lo que había pasado con su alcalde y exalcalde. Y el último martes de junio, a eso de las 11 de la mañana el diario El Espectador sube a su portal una increíble noticia, el fiscal anticorrupción de Colombia había sido capturado por un acto de corrupción en suelo norteamericano y que la Interpol había sido la que emitió la Circular Roja. Hubiese visto esta noticia en mi celular y se me hubiera caído al suelo, no lo creía.

Después de superada la sorpresa, me quedó la sensación de que la Fiscalía había escogido ese día para la captura del fiscal Moreno, para que la noticia se perdiera con el evento de paz con las Farc. Y así fue.

La Fiscalía colombiana sacó un comunicado, con el que al parecer las autoridades de Estados Unidos no quedaron complacidas, por lo que hicieron algo que no acostumbran hacer, enfrentar aquel comunicado a uno que ellos expidieron en donde revelaron detalles de la operación. Agregaron otros datos, que solo tenían que saberlo ellos, Además que de manera extraña algunos medios resultaron publicando otros detalles que solo se conocen por una ‘filtración controlada’.

El Fiscal tuvo el accidente casero más oportuno en la historia de un alto servidor público que se conozca. Todo parecía que Alejandro Lyons le había tendido una celada a Luis Gustavo Moreno. Así se mostraba en los medios. Pero ya hoy se sabe que todo hacía parte de una estrategia extorsiva, en donde periodistas de Bogotá jugaron un papel fundamental. Queda la duda de que si fueron o no ‘de gancho ciego’, para utilizar una frase muy conocida del hampa.

Aquí salta una pregunta sabía el Fiscal Martínez Neira todo lo que se estaba haciendo?

Una madrugada, veo con sorpresa un correo en donde se me pregunta si estoy interesado todavía en hablar personalmente con Alejandro Lyons. A lo que contesté de inmediato que sí. Me dijeron que había unas restricciones, pero como íbamos era a hablar de casos de Córdoba no debería haber inconvenientes.

Respondí que no había problema. Que ese es el trabajo del periodista ir a buscar la noticia y que si no se puede, escribir de todas maneras lo que pase. Pedí un par de días para encontrar tiquetes económicos, lo mismo que un hotel. Con respecto a este último, me dijeron, “busque cerca al aeropuerto, por la Avenida Le Jeune”.

Así lo hice. Y el 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, y festivo en ese país, salí para el encuentro.

No acostumbro a dormir en los aviones sino a leer. Pero no me concentraba en la lectura sino en la lista de preguntas.

Llegué a la 1:30 de la tarde al Aeropuerto Internacional de Miami. Era la segunda vez que llegaba solo. La primera vez fue cuando fui a acompañar a un sobrino a su graduación como Policía en Miami. El oficial de inmigración me dice en un español claro, podría decir que con entonación cartagenera: “Dime lo que vienes hacer?”. Este tipo me decepcionó porque ya había ensayado la pronunciación en inglés para decirle: “yo soy un periodista y vengo a ver si entrevisto a un gobernante que está viviendo aquí”.

Comenzó a escribir en su computador y me volvió hacer la misma pregunta. Le di la misma respuesta. Entonces me dijo: “Tienes una identificación de tu medio, cómo fue que me dijiste que se llamaba?”. Yo nunca le había dicho cómo se llamaba. Busqué en mi morral y le entregué mi escarapela de Montería Radio 38 Grados. Este oficial me hizo acordar a otro, pero en la Embajada de los Estados Unidos en Colombia, que cuando fui a renovar la visa me preguntó: “Tú que haces?”. Periodista, le respondí. Y me deja congelado con la siguiente pregunta que me hace: “De qué escribiste en tu última columna de opinión”. La temperatura de mi cuerpo bajó a cero. Y para terminar de joder, era la semana que seguía a Semana Santa, y el Sábado de Gloria no sale periódico, por lo que le tocó a mi mente recordar rápidamente qué había escrito hacía 15 días. “Ahhh ya, casi que grité. Que los mismos beneficios jurídicos y políticos que estén estudiando dar a los comandantes de las Farc deben dárselos a los de las Autodefensas. Jamás me esperé semejante pregunta. “Ok, ok, me respondió -sin mirarme siquiera- a tu casa te llegará tu nueva visa”.

Cuando uno sale de inmigración en el aeropuerto de Miami se dirige uno a un largo pasillo donde a tu izquierda están las bandas para reclamar los equipajes. Cuando llevaba como treinta metros recorridos, veo un policía que se me queda mirando, yo no le quito tampoco la mirada y me dice: “Me muestras tu pasaporte”. No olvido su apellido en el uniforme ‘Morales’. “Con mucho gusto le respondí y se lo entregué”. Y tuvimos esta charla que inició con la misma pregunta:

A qué vienes.

Le dije lo mismo que al otro, – Vengo a entrevistar a un político.

De acá?

Cómo se te ocurre esos no me dan entrevista a mí, le respondí riéndome. Él también se rió.

Cómo se llama a quién vienes a entrevistar?

Alejandro Lyons.

Lyons?

Si, Lyons.

Ok, ok, buen día.

A las 14:30 del 4 de Julio estaba en el sitio que fue acordado con días de antelación para el encuentro. Me senté en una mesa, saqué mi libreta amarilla, mi grabadora y dos lapiceros. En Estados Unidos la libreta de apuntes de un periodista es medio de prueba, por si no se puede grabar.

Eran las 4 de la tarde, hora de Miami, del 4 de Julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos, cuando alguien se me acercó por la espalda, en donde estaba sentado, y en el sitio previamente acordado días antes, y me dijo: “Hola, Toño”. Me sorprendí al ver a quien me saludaba, tal vez porque esperaba ver a la misma persona que había dejado de ver como periodista hacía como un año. Ahora era delgado, como encorvado, peludo y con barba, pero de esa que se resiste salir al mismo tiempo en toda la cara. Estaba en pantaloneta, camiseta y tenis sin medias. Tomó una silla y se sentó a mi lado. A centímetros tenía a la persona más buscada para una entrevista y también más buscada por la justicia colombiana, el exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons Muskus.

“No puedes prender esa grabadora”, fue lo primero que me dijo después de sentarse. Comenzó a explicarme una serie de restricciones que tenía, pero que iba hablar con los agentes para informarle que solo iba hablar de cosas regionales conmigo. Que ellos no le habían visto problema, pero que tenía que consultarles nuevamente. Que como en Estados Unidos era festivo ese día, había que esperar hasta el día siguiente.

La conversación que tuvimos tomó el curso de triviales temas, hasta llegar a la situación política del país. En un momento hizo una larga disertación sobre la corrupción judicial y de los organismos de control. Al terminar me dijo que debía irse y que al día siguiente me avisaba lo que le dijeran los agentes federales.

Me quedé solo con mi grabadora, libreta y lapiceros. Me acordé de Scarlett O’Hara, aquella que cuando terminaba la tarde y entraba la noche, gritaba: “Mañana será otro día”.

Fui y me tomé dos Blue Moon Draft Beer, los fundamentalistas de esta cerveza dicen que hay que echarle una rodaja de naranja, lo hice. Y me fui a dormir, si es que se puede dormir cuando se está ansioso o aprensivo.

No hay nada más desesperante que la espera… pero no hay nada más terrible que no saber qué esperar.

Cada quince minutos revisaba mi correo. Y nada.

Pasó el mediodía. Y nada. Se me quitaron las ganas de almorzar.

A las 4:20 de la tarde me llega un mensaje que me dice: “Solo hasta las siete de la tarde me reciben”. Me acordé de que acá oscurece a las 9 o 10 de la noche para estas épocas, por lo que seguiría siendo un largo día.

Antes de las 9 de la tarde… acá. Un mensaje que me llega, dice: “Entre las 08:30 a 09:00 a.m. estoy allá”. Qué te dijeron? Pregunté. “Mañana te digo”, me respondió. No quedé contento con la respuesta. Solo miré hacia donde estaba mi libreta amarilla, la que tenía el listado de preguntas.

Yo me imagino que lo que uno siente en la noche previa a una gran noticia es igual para todo mundo. Todos queremos que todo salga bien. Hasta hacemos cábalas para ayudar a Dios o al destino. Lo más jodido es que se las presentamos como el mayor favor del mundo. Así me dormí.

Los periodistas, creo, que somos como los jugadores empedernidos de una ruleta o un casino. Estamos condenados que con el próximo tire de dados o con el próximo giro de la ruleta vamos a ‘recoger’ la casa de juego. Así me levanté. A tirar nuevamente los dados.

A las 07:30 a.m. comencé a esperar. No sé si mi obsesión por las novelas de Sir Arthur Conan Doyle o Agatha Christie me han llevado a que cada vez que estoy en un sitio a la espera de algo me pongo a mirar a las personas y a deducir qué hacen, que son y hasta qué podrían estar pensando. Es un juego que me divierte y hasta me asusta.
A las 09:15 a.m. llegó el exgobernador. Me dijo: “Te invito a desayunar a un sitio aquí cercano”. Yo le respondí que no acostumbro a desayunar pero que fuéramos. Llegamos a un sitio que se llama ‘IHOP 24 Horas’ en la Avenida Le Jeune, es un desayunadero abierto las 24 horas del día. Hasta fila hay que hacer.

El frio que hacía allí era descabellado, espantaban las pocas ganas de desayunar. Yo medio probé un Omelette. Igual hizo él. Razón por la cual regresamos al sitio donde nos encontramos inicialmente.

Al llegar nuevamente él pidió un café y me dijo: “A mí me da pena contigo pero esta gente me sacó un documento que yo firmé en donde no puedo dar declaraciones, sobre todo lo de acá”.

Con la justicia americana no se juega. Allá sí que son pragmáticos. Con esa gente es con la prueba en la mano, y después que la obtienen van por ti a condenarte. Es por ello que todo mundo sale a negociar. Allá no es con testimonios de oídas y que me dijeron o se dice.

Su comentario ante lo que le dijeron los agentes lo respondí a manera de conclusión con una pregunta que no sabía si iba a ser respondida: “Entonces haces parte del Programa a Protección de Testigos de los Estados Unidos”.
Me dijo que eso no era cierto, que era un simple “colaborador”. Y agregó: “De ese tema como te digo no puedo hablar”.

Entonces me aventuré a decir: “Pero en Colombia ahora mismo eres considerado el engendro de la corrupción…”. Se hizo un largo silencio, le quitó la tapa a su vaso de café sin azúcar y lo probó.

Aproveché y agregué: “Cómo no creer que hubo corrupción cuando uno ve lo sucedido en la salud… el caso Zapa… los contratos de ciencia y tecnología…”.

“Te voy a decir algo”, respondió mirándome fijamente.

“Hay que contar la verdad verdadera, no la verdad que otros quieren difundir. Yo voy a responder por lo que me corresponde… voy a responder por lo que pasó”.

Yo también hice un silencio, para ver si agregaba algo más pero callaba y tomaba café. Nuevamente aproveché e hice un largo comentario que terminó en una clara pregunta: “El Fiscal ha hablado de Acuerdos, Preacuerdos y hasta de Principio de Oportunidad, no es un secreto que eso implica contar la verdad, usted es penalista y lo sabe… está dispuesto a contar la verdad?

El exgobernador corrió hacia el centro de la mesa su vaso de café, con la intención de no tomar más, para mí era como una señal de que se iba a parar de la mesa e irse. Pero puso los codos en la mesa, cruzó las manos y respondió: “Por supuesto!”. Aquí noto un cambio en el tono de su voz. “Y los enemigos que me van a quedar serán de por vida. Empecemos por el primero que ya tengo, el fiscal Moreno y sus amigos”.

Sentí que podía seguir, ir un poco más allá: “Pero es que usted está en Estados Unidos y quieren que vaya allá a declarar…”. No me dejó terminar, me interrumpió diciendo: “Si la Fiscalía me garantiza protección a mí y mi familia iré y contaré la verdad. Pero hay mucha gente que no va a estar a gusto con la verdad. Yo solo pido unas condiciones de negociación transparentes”.

Ahora quien interrumpió fui yo: “Los cordobeses están preparados para conocer la verdad?”.

– “Va a ser dolorosa e inesperada. Pero sí creo que están preparados y la comunidad está ávida de respuestas a muchos cuestionamientos. Va a ser sorprendente lo que pueda salir con un proceso de negociación con la Fiscalía”, dijo el exgobernador.

Estaba escribiendo rápidamente en mi libreta cuando me dijo: “Te voy a decir una cosa, no hay gobernador que haya hecho más obras que yo. Que hubo errores y cosas por las que hay que reconocer, aclarar y asumir responsabilidades. Mira que en mi mandato no hubo un solo reconocimiento al ‘Cartel de la Educación’, pero aquí no quieren que se sepa qué pasó allí”.

Guardé silencio. Cogió nuevamente el vaso de café, lo miró y lo puso otra vez en la mesa y siguió hablando: “La corrupción no es solo de los políticos, los entes de control son los principales extorsionistas…”. Aquí me metí y le pregunté: “Y usted se atreverá a hablar de ellos también?”. A lo que respondió de inmediato: “De esos extorsionadores voy hablar”.

“Hábleme del Caso Jairo Zapa…”, me aventuré a decir…

“Todos los proyectos de ciencia y tecnología tenían la viabilidad de Colciencias. La muerte de Zapa acaba con la ejecución de todos esos contratos, pero esperemos lo que va a pasar en la Fiscalía con mi versión”, contestó el exgobernador Lyons.

“Quien lleva a Jesús Henao a la Gobernación de Córdoba”, le pregunto.

“Zapa”, contesta. Y agrega: “Con estos contratos asumiré la responsabilidad que me corresponda”.

“Toño, me tengo que ir”, me dice inesperadamente.

“Permítame un momentico, esto, más que una pregunta es una curiosidad que tengo –le dije-. La redención existe y hay que pagar un alto costo por ella, está dispuesto a pagarlo?”.

– “Claro que sí. Siempre y cuando ese costo no sea ni con mi vida ni con la de mi familia. Mira, para efectos punitivos da lo mismo aceptar una parte que una fracción de los delitos que se me imputan. Tampoco se trata de desconocer hechos o echarse encima otros que no he cometido, si es por pragmatismo punitivo, que me imputen todo, pero esto tampoco sería contar la verdad. En fin, cualquier negociación tiene que tener la garantía de la seguridad mía y de mi familia”.

No puedo negar que me apasiona la condición humana en todos los momentos de la vida: en los buenos, malos, derrotas y tragedias. Por lo que le pregunté: “Si pudiera regresar el tiempo qué corregiría?”.

Cogió las llaves de su carro y me dijo: “Si pudiera volver el tiempo atrás ni siquiera aspiraría a la Gobernación. Allí todos los días se pierden amigos, hay traiciones, deslealtad, ingratitud y críticas diarias injustas. Me arrepiento totalmente de haber sido Gobernador”.

Nos paramos de la mesa. Y salimos caminando hacia la salida al parqueadero. En el trayecto me dice: “No es por lavarme las manos, pero yo no he hecho nada diferente a lo mismo que han hecho los que han pasado por ese cargo. Yo he sido el chivo expiatorio de todo este sistema y me ha tocado asumir una responsabilidad. Y la asumo con entereza, responsabilidad y arrepentimiento”.

No me pude contener y le dije llegando ya a su carro: “Entonces cómo entender que su hermano va aspirar a una curul en el Congreso, eso es una bofetada para los cordobeses…

Fue la primera vez que se molestó. “Quién dijo eso?!”. “Mi hermano dijo eso?!”. “Mi hermano no ha pedido ningún aval a partido alguno ni ha ocurrido!”.

Extendí mi mano para despedirme y darle las gracias por cumplir las dos citas acordadas. Y le pedí que apenas se levante su restricción y reserva me concediera una entrevista sin reserva alguna. “Claro que sí y me saludas a tu esposa”, me respondió.

Y claro que conoció a mi esposa, no tengo porque omitir ese pedazo de su respuesta.

A los pocos pasos me giré y vi perderse su carro en la amplia Avenida Le Jeune. Allí desaparecía la persona, que nos guste o no, tiene en sus manos la redención de este Departamento. Y uso la palabra redención, porque la redención existe. Que no le guste a muchos o muchas ya eso hace parte de la libre interpretación de cada quien.

Tal vez muchas personas esperaban una carnicería, pero debo repetirlo hasta la saciedad yo no soy fiscal ni juez ni jurado ni verdugo. Soy un jugador más que busca fichas para ir acomodándolas en ese gran rompecabezas que se llama verdad. Cada quien tiene su pedazo de verdad, cada quien encuentra su pedazo de verdad. A veces los colocamos en donde creemos que deben ir, pero llegan otros pedazos que nos corrigen. Otras veces podemos saber con precisión que objeto puede ser un pedazo de ese rompecabezas, pero es una constante construcción.

Todo esto está apenas comenzando.

Aquí cabe una pregunta: Para qué queremos la verdad?

Para construir desde allí una nueva sociedad?

Para unirnos y volver a comenzar como Departamento?

Para acabar con enemigos políticos y tomar su puesto?

Para un quítate tú pa’ ponerme yo?

Para venganzas?

Recuerdo el año 2005 cuando salió la Ley de Justicia y Paz. Escribí cinco artículos sobre ese tema, recuerdo que alertaba sobre la verdad. A quién le sirve? Quien la va a usar?

Fue entonces cuando un jefe de Autodefensas acusaba a un pobre concejal o alcalde de un mísero pueblo de paramilitarismo y se concluía, sin admitir prueba en contrario, que decía la pura verdad. Pero cuando sindicaban a un poderoso del ‘interior’, ese mismo jefe de Autodefensas era un criminal de Lesa Humanidad que no merecía tener credibilidad alguna.

Por eso muchas veces he manifestado que la corrupción no se derrota con odios ni venganzas. Las estructuras de corrupción se derrotan con pragmatismo judicial y serio. Por ello en dos países suramericanos han establecido lo que se conoce como ‘la delación premiada’ y la ‘muerte política’ de los condenados por corrupción.

Esto es, contando la verdad y reparando con la devolución de dineros.

Mi labor como periodista llega hasta donde las fuentes lo permiten, por ello es que hay que seguir escarbando para encontrar más partes de ese rompecabezas que necesitamos armar con urgencia que es la verdad… la verdad corrupta de Córdoba. Y no solo los periodistas pueden aportar pedazos… lo pueden hacer todos los ciudadanos.
Nota: Hice este artículo imitando el estilo del periodista y hoy escritor Javier Cercas, claro está! guardando las abismales distancias que me separan de él. Ese es un monstruo.

@tonsanjr

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