El médico del Palmeiras salvó por celular la vida del hijo de Alejandro Guerra

Alejandro Guerra estaba concentrado en Guayaquil (Ecuador) con el Palmeiras para enfrentar al Barcelona por el partido de ida de los octavos de final de la Copa Libertadores. Unas horas antes del encuentro, su esposa lo llamó. El tono reflejaba impotencia. Al final, no pudo decir nada.

“Recibí una llamada de mi mujer en la que sólo lloraba, lloraba y no decía nada. Yo hablaba con ella y no me respondía. La única cosa que logró decir fue ‘Assael’ (nombre de su hijo menor). La mujer que nos ayuda en la casa consiguió explicarme que había caído en la piscina”, le reveló el venezolano a Globoesporte.

El pequeño cayó en la piscina del condominio donde viven y estuvo cerca de ahogarse. El agua llegó a sus pulmones y lo dejó incosciente, pero su corazón aún latía. En medio de la incertidumbre, Guerra fue corriendo a buscar al médico del Palmeiras. “Gracias a Dios estaba cerca”.

“Él les decía ‘hagan esto, hagan aquello’. Dio las instrucciones y mi esposa pudo reanimarlo”, dijo el futbolista de 32 años, quien abandonó la plantilla de su equipo al enterarse de la noticia.

Este episodio motivó la decisión de Guerra de retirarse de la selección de su país. El “Lobito” ya carga varias cicatrices en su vida. Para él su familia siempre ha sido lo primero. Nació en Caracas y creció en un barrio humilde llamado Lomas de Urdaneta. En el amanecer de su adolescencia su padre y hermano fueron asesinados. Rosa Morales, su madre, lo sacó adelante junto a sus otros dos hermanos. El fútbol fue su catarsis.

Tomado de El Espectador.