El próximo lunes se firma en Bogotá la Gran Alianza contra la Deforestación

Por primera vez la deforestación ocupa un lugar protagónico en la agenda institucional, la más ambiciosa estrategia que busca vincular a todos los actores de la sociedad colombiana en la protección del bosque nativo. El ministro de Ambiente presenta la iniciativa.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo, se lamenta de que los colombianos no les hayamos dado la importancia que merecen nuestros bosques nativos. “Vemos a los bosques como algo lejano, como un paisaje o el lugar donde vamos el fin de semana”, dice el funcionario, que el próximo lunes 9 de abril hará la presentación oficial de la Gran Alianza contra la Deforestación.

¿Por qué una Gran Alianza contra la Deforestación?

Luis Gilberto Murillo: La deforestación no es solo un asunto ambiental, Colombia ya cuenta con un Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono que le permite conocer en detalle cuáles son las causas de la deforestación y la degradación de sus bosques, y eso nos ha permitido establecer una Comisión Intersectorial de Control con la participación de diferentes entidades de Gobierno para la implementación de acciones de control. Sin embargo, es necesario que los gremios, las universidades, las organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil se sumen. Todos tenemos algo que aportar.

¿En qué se centrará esta Gran Alianza en términos de resultados?

Luis Gilberto Murillo: Queremos que más y más personas conozcan las acciones que con ayuda de las comunidades, entidades, gremios, sectores, hemos construido en ‘Bosques, Territorios de Vida’. Esta herramienta facilitará el diálogo con todos los actores relacionados con la gobernanza forestal.

Esta Alianza será el resultado de un proceso de participación y reconocimiento de saberes locales, retos y oportunidades de las personas que viven en las selvas colombianas. Planteamos cinco líneas que recogen aspectos generales que deben ser priorizados de acuerdo con las condiciones del país, para hacer posible conservar los bosques y que las personas que viven en ellos puedan habitarlos y usarlos de acuerdo con su tradición y su historia, pero de manera digna y productiva.

¿Cuáles son esas cinco líneas de acción?

Luis Gilberto Murillo: Básicamente son: Primero, el programa ‘Bosques sostenibles’. Allí viven personas de diferentes culturas con y del bosque, las montañas y las selvas respecto de sus prácticas, usos y valores ancestrales. Al fortalecer su gobernanza y el manejo sostenible del bosque es posible mejorar su calidad de vida.

Segundo, cerrando fronteras a la deforestación se abren caminos al desarrollo sostenible para que no se sigan afectando estos ecosistemas y se pueda generar una economía basada en el uso del bosque.

Tercero, es necesario gestionar instrumentos de planeación y ordenamiento territorial para mejorar la productividad incorporando acciones de mitigación, adaptación y gestión del riesgo, y promoviendo la competitividad miras a un desarrollo rural sostenible y la reconciliación en territorios priorizados en posconflicto.

Cuarto, se promoverá la generación y acceso a la información confiable y oportuna sobre los bosques naturales para facilitar la toma de decisiones. Por último, estimulando en las comunidades y la sociedad en general acciones de manejo sostenible del bosque fortaleciendo las herramientas institucionales, legales y financieras.

¿Cuáles son las principales causas de deforestación en Colombia?

Luis Gilberto Murillo: Una de las principales causas es el acaparamiento de tierras, seguido de la tala para cultivos de uso ilícito y la extracción ilícita de minerales. Pero también la criminalidad y las redes nacionales e internacionales de acaparamiento de tierras.

A esas zonas están llegando personas que compran 1.000,2.000 o 3.000 hectáreas para luego poner ganadería extensiva. Y por talar una sola hectárea están pagando entre 1 y 3 millones de pesos, es plata que la gente local no tiene y necesita. Por eso a las comunidades que quieren estar en la legalidad tenemos que darles las debidas oportunidades.

¿Pero por qué ha sido tan difícil despertar la conciencia nacional frente al tema?

Luis Gilberto Murillo: Vemos a los bosques como algo lejano, como un paisaje o el lugar donde vamos el fin de semana, pero hay comunidades indígenas y afrodescendientes que dependen día a día de lo que el bosque les provee, y eso no lo valoramos.

Este gran desafío del control de la deforestación implica, en gran medida, resolver el desafío de tenencia de la tierra en comunidades que tradicionalmente tienen una cultura de colonización.

Aquí quiero ser enfático: deforestar no les va a permitir acceder a la titulación de tierras. Desde la Agencia Nacional de Tierras se está apoyando a los campesinos en su proceso de titulación y bajo la premisa de que este sea un beneficio para aquellos que no ocupan terrenos, ni los explotan.

Quienes deforestan no van a recibir titulación.

¿Cuál es la importancia de proteger el bosque nativo?

Luis Gilberto Murillo: Son múltiples las razones. La primera, porque el país tiene 59.8 millones de hectáreas de bosques naturales, es decir la mitad de su extensión continental.

También porque de ellos dependen comunidades indígenas, afros y campesinas; porque son el refugio de toda la biodiversidad que posee Colombia; porque nos garantizan la absorción de CO2 que es el Gas de Efecto Invernadero que ocasiona el cambio climático. Porque nuestros bosques son un recurso renovable; porque Colombia ha firmado compromisos nacionales e internacionales para evitar su degradación.

 ¿En ese aspecto cuál es el reto?

Luis Gilberto Murillo: El país siempre ha expresado su voluntad de continuar avanzando en la consolidación de acciones que contribuyan a la conservación de nuestros bosques. Durante años la deforestación fue una constante y por primera vez ocupa un lugar protagónico en la agenda de las instituciones, tanto nacionales, como internacionales.

Debemos promover la inclusión de esta problemática en la agenda de la institucionalidad existente en el país, que se enfoca en la promoción de la transparencia y la lucha contra la corrupción, junto con el control institucional y social.