En Cereté vive “Mama” la noble abuela que tiene 111 años

Mama camina despacio por el inmenso patio de su casa en Martínez.

“Mama”, así sin tilde, como los hijos y nietos decían a sus madres y abuelas para expresar respeto por la más grande de la casa. Así se conoce a María Agustina Reyes Herrera, la mujer de 111 años cumplidos, digna de un extraordinario privilegio: Ser una de las mujeres más longevas del país y del mundo.


Su cédula dice que nació el 8 de agosto de 1909 pero sus familiares creen que puede tener más de 111 años porque esa fecha puede estar errada por la cantidad de años que pasó desde que nació hasta que sacó por primera vez su cédula, más de 40 años después.


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“Mama” en su cara tiene todo el paso de los años vividos, su piel arrugada es la certeza de que no ha estado en el mundo en vano, sus pasos en el enorme patio de su casa en Martínez, corregimiento de Cereté son un reto a la vida, son simples y delicados, no tiene prisa, así ha sido toda su vida, sin prisa.

Ella es la matrona de Martínez, legendaria y famosa, tuvo 12 hijos, 64 nietos y más de 150 bisnietos, sin contar con los miles de habitantes de su pueblo, para los cuales es “Mama” la abuela de todos.

Habla y responde lo que le pregunten, pero si le preguntan por su casa responde sin vacilar con tono preciso de posesión “esto es mío”, como quien decidió por siempre tomar las riendas de la familia para que, ni en sus últimos días, que aún están lejanos, alguien quiera venir a cambiar las cosas.

“Yo ya ni recuerdo en que año nací, pero por ahí lo tienen apuntado”, responde para acabar de tajo con una pregunta que seguramente se la hacen cada vez que alguien nuevo la conoce.

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El recuerdo de las generaciones de mujeres de la familia unidas quedan en los recortes de periódicos que ya la han hecho famosa.

Recuerda con precisión que tuvo 12 hijos, de los cuales 10 viven, entre ellos Josefa, su hija mayor que hoy tiene 90 años y se encamina a seguir los pasos de su centenaria progenitora.

Sus padres eran de San Andrés de Sotavento, ella india y morena se enamoró con locura de José María Florez, un apuesto caballero de quien se dice respondía de la siguiente manera cuando se le cuestionaba por los rasgos de su amada “Eso es por mientras tanto” por ese mientras tanto han pasado muchas lunas con sus noches, viajes y atardeceres, de ese amor llegaron los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. Eso era mientras tanto.

José María murió y ella con la fidelidad propia de su raza decidió entonces ser la guía de su familia, para ella otro hombre no era una opción.

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Dice que le gustaba bailar, que nunca fumó ni tomó, pero lo que sí hacía era comer de las delicias que su campo siempre le brindó, guartinaja, cerdo, maíz, ñame, yuca, carne de vaca, gallina criolla, queso, pescado, suero, no podían faltar en su exquisita dieta. Eso, dice ella, puede ser la razón de su longevidad.
Hoy está al cuidado de Angela Florez, una de sus nietas que la trata como una hija, todavía ralla el coco, cada día con mayor paciencia, monta en moto y camina el patio. Está fuerte.

Todos los días ora y pide por cada uno de sus hijos, pide para que Dios le mande sueños y no la haga sufrir trasnochos. Pero sobre todo le pide a Dios que el día que decida llevársela se la lleve como una palomita.

Por: Johnar Petro

Redacción RíoNoticias.Co