¿En qué espejo nos estamos mirando?

Siempre he creído que en el juego de la vida uno puede engañar a los demás, lo que uno nunca puede hacer, es engañarse a uno mismo.

Una advertencia lanzó el Departamento de Estado de los Estados Unidos a sus ciudadanos sobre la peligrosidad de viajar a determinados lugares, entre los que incluyó a Córdoba. Yo respeto la decisión de ese país de hacer las recomendaciones que quiera a sus ciudadanos, por lo que he leído a través de los años sobre estas advertencias llego a la conclusión de que son solo eso, advertencias, y que en su mayoría, por no decir todas, no son infundadas.

Para mediados de la década del 2000, Córdoba era un campo de batalla. Varias agrupaciones al margen de la ley, que después pasaron a llamarse bandas al margen de la ley, llenaron de cadáveres a todo el Departamento. Ni en las épocas más oscuras del paramilitarismo se vieron tantos homicidios por día. Recuerdo que un tal Rivera, que hacía de ministro de Defensa, vino a la Avenida Primera de Montería a una parada militar, y allí dijo que aquí no pasaba nada. Habían asesinado a más de 720 personas en menos de un año. Era otra manera de engañarnos a nosotros mismos, que vinieran desde Bogotá a decirnos que los muertos que veíamos no eran asesinatos.

Bueno, ni aún en esa terrible época para Córdoba, los Estados Unidos lanzó una advertencia a sus ciudadanos para abstenerse de visitar a este Departamento. Entonces, ¿por qué lo hace ahora?

No olvidemos que estas alertas de EE.UU. no son infundadas. La vigilancia que por satélite ejerce este país sobre Colombia no es un secreto. Como tampoco lo es, que el llamado Clan del Golfo, es ahora mismo el amo y dueño, desde el Pacífico, Urabá y Córdoba, de la salida de cocaína hacia Centro América y las costas de Norteamérica.

No es sino leer la interesante nota del corresponsal del diario El País de España en Washington, J. M. Ahrens, titulada: ‘EE UU renueva el programa que le permite el espionaje indiscriminado fuera de sus fronteras’, para saber que estamos bien vigilados. En este artículo se cuenta como la Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó por otros 6 años darle “carta blanca” a la Agencia de Seguridad Nacional, NSA (Por sus siglas en inglés), a espiar todo lo que esté fuera de sus fronteras y sea considerado como una amenaza a su seguridad nacional. Y no me vengan ahora con el cuento de que en Colombia nadie sabía que los americanos no ven al narcotráfico como una amenaza.

Los cultivos ilícitos se han disparado en Colombia, así Juan Manuel Santos con sus medios de comunicación bogotanos traten de minimizar este terrible hecho. No se necesita ser un agente de la DEA para saber que la zona de despacho de cocaína más movida de Colombia es la del pacífico y la del Caribe colombiano, es especial Urabá y la Zona Costanera de Córdoba. Siendo esta última la más apetecida y usada, debido a los graves enfrentamientos que se dan al sur del occidente colombiano, frente a la costa pacífica. Lo que impide un ‘tranquilo’ trasegar de los alijos de cocaína.

No hay que pasar por alto que el Parque Nacional Natural Paramillo por tener unas condiciones atmosféricas excepcionales no permiten un real monitoreo de las áreas allí cultivadas de cocaína, lo que convierte en todo un misterio establecer cuanta coca se cultiva allí.

Yo lo que pienso es que los EE.UU. quieren alejar a sus ciudadanos de zonas que están tomadas por el trasegar de la cocaína. Si bien es cierto, que aparentemente Córdoba no está llena de ‘cocinas’ para elaborar clorhidrato de cocaína; más cierto es aún, que es una especie de bodega y despachadero de coca hacia Centro y Norteamérica.

También tenemos que tener en cuenta de que el microtráfico se ha disparado en este Departamento, así las autoridades no lo quieran reconocer. Muchas veces las bandas, por los controles de interdicción marítima o aérea no pueden despachar su ‘mercancía’, entonces les toca abrir ‘mercados’ internos para vender su cocaína. Es así como los niños y la juventud, se convierten en un ‘target’ al cual dirigirse con todo ímpetu.

Lo cierto es que ni las autoridades de Colombia saben o son notificadas del todo, por parte de EE.UU., de lo que sus agencias de inteligencia escuchan en sus interceptaciones o de lo que ven los satélites americanos en Córdoba y sus costas. Por lo que creo, que la decisión de los EUA de advertir a sus ciudadanos sobre Córdoba no es nada infundada.

Yo más bien invito a las autoridades de Córdoba, Montería y los gremios a que limpiemos el espejo donde nos estamos mirando. Hay una historia de una señora que desde la cocina de su casa veía el patio de su vecina donde estaba el lavadero de la ropa y los tendidos para la misma. Por varios días le dijo a su esposo, cuando este entraba a la cocina, que esa vecina era muy puerca, que no sabía lavar y que colgaba la ropa aún sucia. Al quinto día, la indignada crítica, pegó un grito desde la cocina. Su esposo acudió al acto a su lado. Allí estaba su señora señalando hacia el patio de la vecina y exaltando la limpieza que ahora se veía en la ropa. Su esposo se la quedó mirando y le dijo: “Vida mía, ella no hizo nada diferente a lo que venía haciendo todos los días, yo simplemente limpié el vidrio de la ventana de la cocina”.

A diferencia de esta vieja historia, en donde la ropa sí está limpia, en Córdoba no queremos ver lo sucia que está nuestra seguridad. No seamos más hipócritas y mentirosos. A Córdoba se la está comiendo la extorsión y el miedo.

No entiendo cómo salen gobernantes, alcaldes, secretarios de despacho y miembros de gremios a decir que aquí no pasa nada. Qué esto es un remanso de paz.

Cuando la verdad es que en Córdoba hay zonas vedadas. Partes donde no se puede ir después de las 5 de la tarde. Y áreas donde ni la Policía se atreve a ir.

Todo el que tiene tierras está pagando a $10.000oo por hectárea. Se espera que a partir de este año haya un incremento por eso del ‘costo de la extorsión’, más no de vida. Y quien no paga, no puede regresar a la finca o se muere. Ejemplos de esto último hay los que quiera. ¿O es mentira?

Ningún finquero permite ni acepta hoy en día, con excepción de Álvaro Uribe, que tropas o patrullas del Ejército o Policía acantonen en sus haciendas. Esto es una sentencia de muerte.

Muchos hacendados tienen que llevar el Certificado de Tradición y Libertad para demostrar cuál es el número real de sus hectáreas, ya que les estaban cobrando de más. Otros, también lo han tenido que llevar para justificar su solicitud de rebaja, mostrando que su propiedad está hipotecada por un crédito bancario o particular.

En la margen izquierda del río Sinú todo mundo paga y está pagando.

En Santa Clara, Montería, reina el terror. Allí hay que recogerse a las 5 de la tarde. Ni hablar de las veredas de Morindó (Las Mujeres, Santo Domingo, La Iguana, Las Flores), Morrocoy, Sabalito (Cruce a Puerto Escondido) y Pajonal (Cruce a Moñitos). Allí ha muerto gente que no ha sido reportada. No se olviden que nuestros campesinos se acostumbraron a llevarse a sus muertos, enterrarlos y callar.

Vamos aprovechar más bien la advertencia del imperio para limpiar nuestra ventana y el espejo donde estamos mirándonos. Igual nos pasó con la corrupción. ¿Y hoy qué somos? Los parias. ¿Pudimos haberlo evitado? ¡Claro que sí!, pero no con engañarnos a nosotros mismos ni siendo hipócritas ni arrodillados ante todo aquel que se presenta en estas tierras.

Por engañarnos y decir que aquí no pasa nada es que los políticos y hoy candidatos a Congreso pasan de agache. Pero después salimos a cuestionarlos.

Vamos al menos a intentar ser honestos con nosotros mismos y a dejar de engañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Por: Toño Sanchez