Experimento logró lo que parecía imposible: que más gente separe basura

Curridabat, al este de San José —la capital de Costa Rica—, es el laboratorio de un experimento del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible, Clacds, del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae). La iniciativa logró modificar conductas y animó a un grupo de vecinos a hacer lo que en años no había logrado el ayuntamiento: que más gente separe la basura para reciclar.

La idea ahora es que sirva para modificar los hábitos en un país, donde, según el Incae, en promedio solo el 3% de la población recicla.

El experimento

Una marca en la acera de su casa sorprendió a Hazel Bermúdez. Así se enteró que era parte de un experimento que se llevaba a cabo en Curridabat. Le dejaron varias bolsas con un comunicado que, sin muchos detalles, la invitaba a separar la mayor cantidad de basura que pudiera. Sin pensarlo dos veces, se entusiasmó con la iniciativa del Incae que, en coordinación con la Municipalidad de Curridabat, se realizó durante seis meses. El ayuntamiento busca aumentar el reciclaje en la zona y solicitó el apoyo de la institución.

Beatriz Slooten, investigadora a cargo de la iniciativa, explicó que utilizaron principios psicológicos de la economía del comportamiento, para incentivar la práctica. “Se les decía ‘Gracias por el reciclaje, pero usted no recicló lo suficiente, no recicló el promedio del barrio’. Al principio obtenían una reacción un poco vergonzosa, pero después la reacción era a cumplir y a aumentar el reciclaje. La otra intervención que se hacía era planificación”, dijo Slooten.

Cada participante planeaba la forma de separar los desechos en una hoja que recibió, después de que se le explicara cómo hacerlo y cuándo se haría la recolección. Según la municipalidad de Curridabat, unos 20.600 hogares conforman este municipio, de los cuales solo el 7% —es decir unos 1.425— recicla, pero con el experimento se registraron cambios positivos.

Los cambios: ¡a reciclar más!

Hazel dice que si bien en su casa ya lo hacían, el experimento la impulsó a mejorar la práctica, lo que se ha vuelto un hábito en el barrio. “Si uno no echaba mucho, había un papelito que le ponían diciendo que no hubo mucho de su parte. Entonces no era que uno fuera a competir, sino que uno pensaba que debía hacerlo mejor”.

Bermúdez agregó que el experimento hizo que se preocupara y terminó como una de las que recicló más y mejor.

Incae dice que el porcentaje de hogares que reciclan en esta zona llegó al 18%, seis veces más que el promedio en Costa Rica. En Curridabat, el camión que recoge la basura separada pasa una vez a la semana. David Castro, de la Recicladora San Miguel, está a cargo de coordinar la tarea y asegura que cada vez son más los hogares que lo hacen.

Castigar y premiar

Por su parte, Edgar Mora, alcalde del municipio, destacó que el experimento del Incae los ayudó a conocer la psicología del usuario y cuáles son los incentivos correctos, porque no basta con ofrecer un servicio para que la gente lo utilice.

El siguiente paso es ampliar una aplicación, que ya usa la municipalidad, para optimizar las rutas de recolección y entregar bolsas con barras que puedan ser leídas y así incorporar una tarifa diferencial. “Eso significa que castiguemos o premiemos, en la tarifa, ciertas conductas en relación con los desechos. Nosotros vamos a premiar que nos entreguen dos cosas en el futuro: los desechos reciclables por aparte y también la entrega limpia de desechos orgánicos”, explicó Mora.

Para el Incae, Curridabat es una de las ciudades más innovadoras de Costa Rica en soluciones novedosas de problemas urbanos. La institución fomenta una agenda con los gobiernos locales y las ciudades para que cesen el deterioro en la calidad de vida de sus habitantes. Según Incae, casi el 60 % de la población de Centroamérica vive en zonas urbanas y —al mismo ritmo de crecimiento actual— el número de habitantes en ciudades se duplicaría para el 2050.

Tomado de CNN.