Hijos de Rosendo Garcés en líos por hacerse pasar por víctimas de despojo de tierra, reclamaban una finca que le vendieron a los Gánem

Comparte en tus redes sociales.
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

Durante un periodo de 10 años, 12 hijos de reconocido hacendado Rosendo Garcés, fueron vendiendo poco a poco predios de la hacienda Currayao a los hermanos Gánem Bechara, eso ocurrió en la década de los 80. En el 2016 demandaron y reclamaron la finca ante la Unidad Nacional de Tierras, señalaron que habían sido despojados por sus compradores a quienes acusaron de ser aliados de grupos al margen de la ley.

Los herederos ahora casi 40 años después quisieron aprovecharse de la restitución que está haciendo el Gobierno Nacional para quitarle la finca de los hermanos Gánem. La Unidad Nacional de Tierras y la Fiscalía tras investigar la reclamación que hacían los hijos de Rosendo Garcés encontraron que eran falsas. Los hermanos Gánem Bechara lograron demostrar con documentación, testimonios de vecinos y gente de la región, y aún familiares de los Garcés que las tierras habían sido adquiridas legalmente.

Tras comprobarse el fraude que pretendían hacer los Garcés, la misma dirección de la Unidad Nacional de Tierras, los demandó y lo mismo hicieron los hermanos Gánem Bechara quienes consideran que se les hizo un daño grandísimo a su buen nombre. Esas demandas tienen ahora en líos judiciales a los 12 hermanos y algunos hijos de estos.

Ayer se iba a realizar la audiencia de imputación de cargos pero fue aplazada para los días 20 y 21 de septiembre de 2018, lo único que se hizo ayer fue la identificación de los indiciados. Se les hará imputación de cargos por fraude procesal y falsos testimonios.

Los citados a la audiencia son Renso Garcés Vergara, Luis Carlos Garcés Alemán, Isabel Garcés de Lombana, Miguel Garcés Barrera, Rosendo Fernel Garcés Sáenz, Marta Garcés de Solano, Julia Garcés de Doria, Ena Garcés Bedoya, Miguel Garcés Pereira y Rosa Garcés de Galindo, quienes afrontan una demanda interpuesta por la propia Oficina de Restitución de Tierras, que los ubica como parte del Cartel de falsos reclamadores de tierras.

ASÍ FUE EL PROCESO

La demanda de restitución de tierras provocó la angustia de la familia Gánem Bechara, sobre todo porque los antecedentes indicaban que la recién creada Oficina de Restitución de Tierras, le daba toda la credibilidad a los denunciantes y eran cosas de seis meses a un año, para que les quitaran la más de dos mil hectáreas de tierra de la Hacienda Currayao que compraron legalmente a sus antiguos propietarios. La famosa hacienda Currayao, está ubicada entre el Río Sinú y la ciénaga de Betancí.

Río Noticias habló con Abraham Gánem quien dijo que el orden que ellos llevan de sus negocios fue pieza clave para desvirtuar las acusaciones que le hicieron los herederos de don Rosendo Garcés. “Conservamos intactas las copias de los cheques con los que se pagaron las tierras a los herederos de Rosendo Garcés, “papelitos” a manera de vales, firmados por los antiguos dueños de la Hacienda Currayao y en los que se leen las solicitudes de ciertas cantidades de dinero como abono al pago total de la tierra”, señaló.

Pero lo que más ayudó para que la Oficina de Restitución de Tierras decidiera que la hacienda Currayao, no era objeto de restitución por despojo o desplazamiento, fueron los más de cincuenta testimonios de vecinos históricos de la región, que consiguió el abogado Jaime Lombana, defensor de los hermanos Gánem Bechara en el proceso.

Fueron los testimonios, los que lograron demostrar que los miembros de la familia Gánem Bechara no se valieron de los grupos al margen de la ley para obligar a los herederos de Rosendo Garcés a vender las tierras. Entre los testigos aportados por el abogado Lombana para demostrar que los testimonios de los herederos de Rosendo Garcés eran falsos, se encuentran los de miembros de la misma familia Garcés que aseguran que sus parientes vendieron las tierras sin presión alguna y que por lo tanto, nunca fueron desplazados.

Se aportaron pruebas como las de que uno de los denunciantes, más exactamente Luis Carlos Garcés, le vendió parte de Currayao a la familia Gánem Bechara y con la plata de la venta compró la finca La Isabela que queda enfrente de Currayao, solamente cruzando la carretera, lo cual desvirtúa el desplazamiento forzado que habían denunciado.

Igual situación ocurre con Ena Garcés, otra de las denunciantes, que con parte de la plata que le entregó la familia Gánem Bechara, por la compra de su tierra heredada, compró unas parcelas cerca de Currayao, resaltando que siempre permaneció en la zona y nunca fue desplazada.