Historia: Planchones, monumentos vivientes del Río Sinú: Vida y obra de los planchones de Montería

Articulo por: Claudia Derisso

Desde tiempos ancestrales, los pueblos indígenas se asentaron a orillas de los ríos; el rio Sinú no es la excepción, tal es así que tribus como los emberaKatios y Zenues lo creen un dios que formó todo lo que hay a su alrededor.

Su hábitat es lugar de habitación de animales, plantas y personas.  En una época era como “el jardín del Edén Sinuano” pues consideraban el Río como madre de la creación.

Para los indígenas, Las actividades económicas dependían completamente del  Sinú, éste era su red de comunicación interna y externa, ya que navegaban en sus canoas hasta los puertos del bajo Sinú para intercambiar algunas comidas esenciales, y para obtener cuentas coloridas que eran necesarias para la elaboración de sus collares. Nace de esta manera el transporte fluvial, el cual se fue adaptando según las necesidades.

Pero el río no solo les daba los peces, gracias a los desbordes anuales ellos  tenían una de las llanuras fluviales más fértiles de América, en las ciénagas cuando el espejo de agua retrocedía las sandías florecían y engrosaban.

Desde principios del siglo pasado los planchones han servido como medio de transporte para comunicar la margen derecha con la margen izquierda del rio Sinú.

Surgió como la mejor solución de transporte entre dos orillas atravesadas por una porción de agua, que generalmente carece de profundidad o que posee situaciones geográficas que hacían difícil el acceso de otro tipo de embarcaciones más grandes.

En sus inicios los planchones fueron construidos en madera e impulsados por los navegantes con varas de gran magnitud que llegaban hasta el fondo del río.  Luego se utilizaba un cable galvanizado anclado en el fondo del río por medio de un tanque lleno de concreto enterrado, aproximadamente a 200 metros del planchón.

Hace unos 20 a 25 años se implementa la guaya aérea, han evolucionado en cuanto a los materiales en que han sido construidos y la forma en que son impulsados.

Este medio de transporte fluvial nace, hace aproximadamente 103 años, cuando, lo utilizaban para transportar ganado de una orilla a la otra y para hacer presencia en sus fincas en la margen izquierda del rio Sinú, por eso en un inicio, tuvo forma de corral flotante. En su totalidad era de madera, y su soporte eran 2 o 3 canoas también de madera, con el transcurrir del tiempo, fueron modificándose hasta convertirse en la estructura que son hoy.

De esta manera, se hicieron reconocidos los planchones en toda la región, pues no había otra forma de transporte y a raíz de ello se vio en la necesidad de ofrecer a las demás personas el servicio del cual el disponía y que, en épocas de cosecha, requerían llegar de forma rápida al mercado de Montería, para ofrecer sus mercancías.

Es así que los planchones, inician su labor social y publica, satisfaciendo las necesidades insatisfechas de la comunidad.  Es a la par de todas las ventajas, un mecanismo multimodal de transporte, efectivo y rápido.

Si hay algo que identifica a Montería son sus planchones. Desde principio del siglo pasado estos han servido como medio de transporte para comunicar la margen izquierda con la derecha del río Sinú.

El primer planchón que se creó en Montería fue de Andrés Gómez en el año 1012; en realidad fue una barcaza que él trajo de Cartagena que fue acondicionada como planchón.

Tenía 4 metros de ancho por 10 metros de largo, era impulsada por 4 remos a cada lado la armaron de tal forma que en ella cruzaban personas y animales. Esta barcaza fue utilizada hasta el año 1915 cuando Moisés Gulfo coloco encima de dos canoas una mesa armada con listones  y tablas del tamaño de las canoas la cual cerco con varetas y tablas al estilo de un corral con sus puertas de entrada y salida.

Según la historia que nos cuenta una heredera de este sistema de transporte, hija de Filadelfo Melendres (QEPD), creador del Planchón “La Bala” de la calle 32 y “Villanueva” de la calle 22, Denis María Melendres Pitalúa, los primeros planchones no tenían guaya aérea sino un cable debajo del agua que tenía unos flotadores de balsa, que hacían mover de una margen a otra los planchones.

Han ido mejorando en algunos aspectos de su infraestructura, pero han abolido también servicios que tenían antes, tal como son los baños: con el objetivo de evitar la contaminación de las aguas del río Sinú.

Montería debe ser vista como un museo vivo por todas las características culturales que posee; desde su Rio, que la divide en dos, bautizado Sinú en Honor a los indígenas Zenues que habitaban este territorio hace 6.000 años, hasta “su patrimonio material, oral e inmaterial.

Los planchones se asocian a una manifestación cultural, una tradición que forma parte del entorno de la ciudad de Montería;  que se lleva en la sangre y en el corazón.

¿Quién no ha cruzado el río Sinú alguna vez con un planchón? Montería es una ciudad con iconos que resaltan su belleza, por ejemplo: la Ronda del Sinú y sus planchones, únicos en el mundo; su fértil valle, su maravillosa gente y su mezcla de lo antiguo con la arquitectura contemporánea. En ella se recorre la pluralidad del caribe colombiano con una mirada nostálgica y vanguardista al tiempo.

Nuestro río Sinú es la sinergia de espacio y luz vestidos de color, verde esmeralda, verde esperanza, azul cielo.

Lo antiguo se mantiene vivo, por la ocupación y el uso. Una muestra viviente de eso son los planchones.

CLAUDIA E. DERISSO