La burla de Timochenko

La escena no pudo ser más aberrante: un bandido y genocida de la calaña de Timochenko concurre a la JEP (supuesta instancia judicial que habrá de juzgarlo), pletórico y con una mueca de burla en su cara. Es apenas obvio: los terroristas de las Farc saben que ese bodrio al que llaman JEP es todo menos un tribunal serio.

La concurrencia del capo del narcotráfico Timochenko al “llamado de la justicia” es un sainete que hace parte del libreto perfectamente diseñado por los apátridas que montaron la farsa de La Habana, encabezados por Santos.

La JEP fue una exigencia de la guerrilla al tartufo de Juan Manuel Santos, quien no hizo mayores reparos a esa claudicación de la institucionalidad ante la criminalidad.

El presidente, con tal de sacar adelante su falsa paz, era capaz de entregar lo que fuera, como en efecto lo hizo, para satisfacer su infinita vanidad y buscar ese premio Nobel que tan costoso le ha resultado al pueblo colombiano.

En ese cometido procaz para birlar a las víctimas y salirse con la suya, Timochenko y sus secuaces fueron secundados también por Enrique Santiago y Álvaro Leyva, dos sujetos que no tendrán nunca cómo pagar todo el daño que han causado, por cuenta de su apoyo irrestricto a las Farc.

El velo ha caído, y la sociedad colombiana lo sabe a ciencia cierta: la JEP está creada, por una parte, para exculpar todos los abominables crímenes de las Farc, y, por otra, para perseguir a los enemigos históricos de esa guerrilla: miembros de la Fuerza Pública, civiles y políticos, que desde la legalidad han enfrentado el embate miserable de la izquierda radical. Mientras el expresidente Álvaro Uribe hizo aplicar la ley con total severidad a los paramilitares, los miembros de las Farc posan de prohombres y pretenden legislar desde el Congreso de la República, gracias a las espurias curules que les regaló este régimen bellaco que nos preside y que, por fortuna, está en los estertores.

Como si fuera poco lo anterior y no contentos con el zarpazo asestado a la democracia gracias al peor de todos los acuerdos posibles, el cura jesuita Francisco de Roux, contertulio de la subversión de tiempo atrás, pretende obtener información de inteligencia militar de los últimos 60 años, para elaborar el informe de la mal llamada Comisión de la Verdad, otra pantomima del tamaño de una catedral.

El objetivo de tan impresentable solicitud es dizque “esclarecer los delitos en el marco del conflicto”; pero para ello basta con que el “religioso” tan afecto a la guerrilla documente las monstruosidades que por décadas han perpetrado sus camaradas.

¡Qué miedo que datos tan sensibles estén en manos de de Roux! ¿Hasta dónde la guerrilla y sus amigotes van a seguir pisoteando el honor y la dignidad de nuestra sociedad, para reescribir la historia y acomodarla a sus intereses? Lo que está ocurriendo es pavoroso, catastrófico y constituye un mensaje erróneo para las generaciones venideras: el crimen paga, y entre más cruelmente se proceda, mayores beneficios podrán granjearse.

Esa doctrina NO puede hacer carrera. Está en las manos del presidente Iván Duque dar un giro a tan funestos acontecimientos y tiene cómo hacerlo: con las mayorías parlamentarias del nuevo gobierno, es necesario darles otra forma a los acuerdos con la guerrilla, a través de la Ley Estatutaria, que tramitará el Congreso en la próxima legislatura.

Lo primero que hay que hacer es evitar a toda costa que esa horda de asesinos y violadores ocupen sus curules: ese solo hecho constituiría el triunfo del bien sobre el mal.

La ñapa I: Las Farc están más empoderadas que nunca: las “disidencias” (son las mismas Farc) están rearmándose y ampliando su radio de acción como nunca antes, a causa de la ausencia de Estado y el desgobierno de Santos. No saben lo que les viene pierna arriba con el Presidente Duque. Bella oportunidad para acabar por la vía militar con esa plaga de una buena vez.

La ñapa II: El cinismo de Santos no tiene parangón: le solicita al presidente Trump que intervenga ante Putin para que este último deje de ayudar a la tiranía venezolana. Olvida el tartufo todo el apoyo que por años le dio a Chávez y a Maduro. Dos ejemplos: la entrega del narcotraficante Walid Makled a ese régimen, evitando con ello enviarlo a EE.UU., país en el que tenía mucho que contar, y la deportación a Caracas de Lorent Saleh, un preso político que ha sufrido toda suerte de atropellos y vejámenes. ¡Santos produce asco!