La contaminación nos está matando, más que todas las guerras

Tres veces más muertes que las debidas al sida, la tuberculosis y la malaria juntas. Quince veces más que las causadas por todas las guerras y otras formas de violencia. Las cifras son contundentes. Según el reciente informe publicado por la Comisión de la reconocida revista médica británica The Lancet sobre polución y salud, hoy la contaminación constituye la causa ambiental más importante de enfermedad y muerte prematura en el mundo.

En 2015 provocó el perecimiento de 9 millones de personas, el 16% del total de defunciones de ese año. Para el epidemiólogo y pediatra de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai de Nueva York (EE UU), Philip Landrigan, primer firmante del artículo y director de esta comisión, la contaminación es uno de los mayores retos de la era del antropoceno, que es como se ha dado en llamar a la actual era geológica en que vivimos, extremadamente modelada por las actividades humanas.

La contaminación, subraya, pone en peligro la estabilidad de los sistemas ecológicos que sustentan la Tierra y amenaza la supervivencia de las sociedades humanas. “A pesar de sus efectos de largo alcance sobre la salud, la economía y el medio ambiente, la contaminación no ha sido tenida en cuenta ni en las agendas de salud mundial ni en la ayuda internacional”, concluye el informe.

“Incluso exposiciones a dosis extremadamente bajas de contaminantes durante los periodos de especial vulnerabilidad en la vida intrauterina y la primera infancia puede conducir a la enfermedad, invalidez y muerte en la infancia”

La polución atmosférica causa la muerte de una manera desproporcionadamente mayor en las personas pobres y vulnerables. Cerca del 92% de esos decesos se producen en los países de ingresos bajos y medianos. En general, las enfermedades que provoca tienen su máxima prevalencia en los grupos minoritarios y en los individuos marginados. Entre ellos, los niños son una de las poblaciones de mayor riesgo, porque “incluso exposiciones a dosis extremadamente bajas de contaminantes durante los periodos de especial vulnerabilidad en la vida intrauterina y la primera infancia puede conducir a la enfermedad, invalidez y muerte en la infancia o a lo largo de toda la vida”, señala el estudio.

Un problema a nivel planetario (con solución)
El informe deja claro que la contaminación pone en peligro la salud planetaria, destruye ecosistemas y está íntimamente relacionada con el cambio climático mundial: “La quema de combustibles es la causa de un 85% de la contaminación por partículas transportadas por el aire y de casi toda la contaminación por óxidos de azufre y nitrógeno y gases de efecto invernadero y contaminantes que conducen al cambio climático”, recoge.

¿Los mayores agentes emisores? Los vehículos que utilizan carburantes derivados del petróleo, las centrales eléctricas, las plantas químicas, la minería y la deforestación.La buena noticia es que la contaminación puede ser eliminada en gran parte. De hecho, en los países que han desarrollado decididas medidas para mejorar la calidad del aire y del agua los resultados han sido espectaculares.

“La quema de combustibles es la causa de un 85% de la contaminación por partículas transportadas por el aire y de casi toda la contaminación por óxidos de azufre y nitrógeno y gases de efecto invernadero”

Uno de los países más decididos a luchar contra esta lacra es precisamente China. En Beijing, por ejemplo, se han impuesto fuertes restricciones al tráfico rodado y se ha decidido trasladar fuera de la ciudad las plantas industriales alimentadas con carbón. Además, el gobierno chino lleva a cabo una campaña sistemática de control medioambiental de las empresas en varias partes del país para comprobar que realmente están reduciendo sus emisiones, lo que redunda en una mejora de las instalaciones industriales.

Eso sí, quizás hubieran podido empezar un poco antes: las medidas fueron implementadas tras la alarma social causada por varios episodios de niveles de contaminación descomunales, lo que se ha denominado popularmente como airpocalypse (el apocalipsis del aire). Especialmente en 2013, en la capital y también en otras 12 provincias del país, los índices de contaminación atmosférica rebasaron todos los límites, incluso los del dispositivo que las analiza, que como máximo marca 500 partículas PM2,5 —es decir, con un tamaño inferior a 2,5 micras— por metro cúbico: en ciertos momentos, el aire de la capital de China albergó hasta 886 microgramos (µg) por metro cúbico. ¿Es eso mucho? Bueno, según China, los niveles por encima de 200 son dañinos para la salud… Según la OMS, no deberían exceder de forma continuada los 25 µg/m3.

España y los contaminantes ambientales
Según datos del último estudio Carga Global de Enfermedad (GBD), realizado por 644 investigadores con fondos de la Fundación Bill & Melinda Gates y datos de 2015, la exposición a contaminantes ambientales causa al menos 21.000 muertes al año en nuestro país. De estas, aproximadamente 15.000 están vinculadas a la contaminación atmosférica.

Una de las instituciones participantes en este macro estudio es el Instituto de Salud Global ISGlobal, un clúster de investigación ubicado en Barcelona fruto de una alianza entre la Obra Social La Caixa y numerosas instituciones académicas y gubernamentales. En él trabaja David Rojas, experto en evaluaciones de impacto sobre la salud, quien opina que “se trata de muertes que no deberían producirse, ya que sabemos las causas y podríamos evitarlas tomando medidas decididas para eliminar la contaminación”.

Las cifras son conservadoras, añade: “Los contaminantes incluidos en el estudio son únicamente las partículas en suspensión, el ozono, el plomo y el radón, mientras que entre los que han quedado sin contabilizar destacan el ruido, los óxidos de nitrógeno (NOx), los rayos UVA o los pesticidas. Quizás por ello en otro estudio realizado por la Agencia Europea de Medio Ambiente, en España esa cifra supera los 30.000 casos. Las ciudades con mayores índices de contaminación son Madrid y Barcelona.

Recomendaciones clave según la comisión Lancet
1. Convertir la lucha contra la contaminación en una prioridad a nivel nacional e internacional: no es un problema aislado.

2. Estimular la financiación pública y privada dedicada al control de la contaminación, así como el apoyo técnico internacional necesario para planificar adecuadamente su gestión en las ciudades y países en crecimiento.

3. Establecer sistemas de control de contaminación y de sus efectos en la salud y obtener datos fiables a nivel local y nacional. Incorporar las nuevas tecnologías para este fin.

4. Construir acuerdos de colaboración entre los agentes gubernamentales —también entre ellos mismos— y las entidades privadas.

5. Integrar la contaminación en el plan de acción contra las enfermedades no transmisibles.

6. Establecer investigaciones a corto y largo plazo para conocer más a fondo las consecuencias de la contaminación en la salud: muchos aspectos aún se desconocen. Cuantificar la contaminación y sus enfermedades asociadas.

 

Un artículo proporcionado por Buena Vida.