La otra cara de Córdoba

Horacio Garnica

Por: HORACIO Garnica Díaz.
horagardiaz@hotmail.com

El departamento de Córdoba, ubicado al noroeste de Colombia, en la llanura del Caribe, llanura dividida por la serranía de San Jerónimo en dos valles: valle del Sinu y valle del San Jorge, y a su vez el valle del Sinu dividido en unos sub-valles : valle del Tigre; valle del Manso; valle de Valencia; valle de Betanci; valle de Mocarí y valle de Tofeme.

Córdoba no es para los sinuanos un nombre raizal, pero sí es un homenaje imperecedero, que nuestro departamento con este nombre, le hace a la figura insigne y apolínea del general José María Córdoba, y no vamos a rememorar del por qué, departamento de Córdoba y no departamento del Sinu. Ese es un clavo pasado hace muchos años.

Córdoba posee una diversa y rica taxonomía folclórica, que “es la tradición cultural, típica, viva de un pueblo” como el nuestro, con folclor musical : ritmos mestizos, neoafricanos, mulatos o zambos; folclor coreográfico : danzas varias; folclor literario : habla regional, cantares
del campo y paremiologia ; folclor demosófico: viviendas, artesanías, bromatología, usos y costumbres, mitos, supersticiones y agüeros.

Datos de hace ya algunos años , dan cuenta que Córdoba tiene 80 escritores y poetas; 40 pintores; 7 escultores; 4 ceramistas; 8 dramaturgos; y 76 historiadores.

De 1.736.218 habitantes que tiene el departamento de Córdoba , sólo una minoría son funcionarios públicos de alta jerarquía y con responsabilidades de manejo presupuestal; pero no todos están comprometidos con actos que riñen con los principios y valores, rectores de una administración pública transparente y ejemplar.

El campesino cordobés cuando saluda, se quita el sombrero, alza la cabeza y mira con la frente en alto, como diciendo : “nada tengo que esconder”, porque emana honradez en su semblante arrugado por el costo del bienestar que le ha robado la llamada “gente de bien”,

Esa “gente de bien”, es la misma de cuando se creó el departamento de Córdoba , y otra es la descendiente de los inmigrantes sirio- libanés, que llegaron a nuestras tierras a consecuencia de la crisis padecida en Siria y Líbano desde la mitad del siglo XIX, después de la disolución del Imperio Otomano.

Esta “gente de bien”, es la clase política de ayer y de hoy que siempre ha gobernado en el departamento de Córdoba, tienen los mismos nombres y los mismos apellidos de sus antecesores, al estilo de las más renombradas dinastías; y la pregunta es : cómo se han mantenido ?, y qué nos han dejado y nos están dejando?

Algunos, no todos, nos están dejando una mala reputación pública, ante una muy bien conocida y publicitada taxonomía de la corrupción en sus distintas modalidades, que tiene lamentablemente su epicentro en nuestro departamento.

Pero la pregunta estelar es: por qué hemos permitido y seguimos permitiendo, su permanencia, el desgobierno y las malas mañas, que hoy ya son imposibles de seguir en el anonimato?.
“Qué hacer”.