La policía no es perfecta

Alfonso Aza Jácome.
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No sé por qué, pero, después del reciente atentado a la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, me he acordado en varias ocasiones del policía ardiendo durante las marchas de estudiantes del año pasado y siento la necesidad de escribir sobre este tema.

Los policías no son perfectos. No tienen que ser perfectos, pero tienen que ser excelentes. La mayoría de los policías en Colombia alcanzan la excelencia de manera anónima todos los días y, con frecuencia, en circunstancias muy difíciles, inimaginables, y que muchas veces no son noticia.

Para ilustrar lo que trato de explicar, basta recordar que, durante parte del año 2018, entre enero y octubre, αsesiηαron en acto de servicio a 86 miembros de la fuerza pública y hubo 685 heridos. Desafortunadamente, no recuerdo la cobertura de ninguna de esas noticias… pero, sí recuerdo los fuertes reclamos a la policía, particularmente al Esmad en su desempeño durante las marchas de estudiantes.

Los policías son seres humanos y, como en cualquier otra profesión u oficio, cometen errores. Sin embargo, es innegable que hoy en día la policía es más profesional, está mejor educada y mejor entrenada que en cualquier otro momento de su historia.

¿Hay malos policías? Seguro que sí, pero la inmensa mayoría son hombres y mujeres buenos y decentes, preocupados por los ciudadanos, respetuosos de la ley en las comunidades a las que sirven; incluso están dispuestos a arriesgar sus vidas para proteger a esos mismos ciudadanos. Esos buenos policías tampoco son noticia porque es lo que se espera de cada uno de ellos.

Sin embargo, cuando predomina una versión de las noticias promovida por algunos políticos o activistas, en la que la policía se convierte en el villano de la historia, estamos en el mundo al revés ¿Es la policía responsable de todas esas situaciones? Definitivamente, la policía no es responsable de los problemas en la educación superior o las malas decisiones con respecto al estilo de vida que puede tomar, en uso de su libertad, cualquier ciudadano.

He de confesar que me molesta el apelativo que se le aplica a la policía; en el fondo no es más que una muestra de la falta de respeto a la autoridad y de la narrativa del miedo a la policía, fomentada durante décadas por diferentes grupos aparentemente progresistas.

La idea de que un ciudadano respetuoso de la ley debe temer a la policía es una mentira terrible y destructiva. Es como tenerle miedo a la mamá. Un ejemplo puede ayudar a entender: los errores médicos matan a miles de personas en Colombia todos los años, sin embargo, los “activistas” no marchan por las calles, exigiendo que se reforme la profesión médica. Todo esto está afectando a los policías y, lo que es aún más trágico, a los ciudadanos de bien que necesitan la presencia policial.

En realidad, la policía no tiene miedo a caminar por las calles de los barrios más peligrosos de la ciudad, a que les pongan boɱbas en sus cuarteles o a enfrentar grupos de “activistas” dispuestos a quemarlos vivos. Tienen miedo a la indiferencia y a la falta de reconocimiento de sus conciudadanos. Tienen miedo a la ingratitud.

Aquellos que intentan convencer, ya sea por ignorancia o por alguna agenda ideológica, que la policía es el enemigo, esa es la gente a la que precisamente habría que temer. Huyan de ellos, no de los policías.

Por: Alfonso Aza Jácome. Publicado en el diario- La República.