Las parejas no tienen la más mínima idea de lo que voy a contar

Angélica Fuentes. Columnista de Río Noticias.
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Cuando yo inicié esta profesión de Wedding Planner u Oganizador de Bodas, no sabía a lo que me podía enfrentar, distintos temperamentos de novios, proveedores poco profesionales, poco tiempo, mucho estrés, en fin.

Las parejas no se imaginan todo el trabajo que uno tiene tras bambalinas para que todo salga perfecto y esta historia que les voy a contar sucedió a mis inicios de esta hermosa labor, la cual probó mi fuerza, paciencia, creatividad y coraje. Aclaro algo: “los novios no tienen la más mínima idea de lo que voy a contar”.

Fue un diciembre, hace algún tiempo atrás. Una pareja me contrató como su wedding planner. La boda era fuera de la ciudad por lo tanto me generaba, en ese entonces, un poco de estrés puesto que era una ciudad diferente a la mía y me tocaba transportar todo.

En ese momento yo subcontrataba los servicios de decoración y alimentación; entonces pensé que la persona encargada de todo este montaje tenía la experiencia para tener estos servicios a su cargo.

Como era fuera de Montería coordiné que toda la parte de la decoración iniciara la noche anterior a la boda para que con toda la calma se pudiera realizar el montaje.

Cuando llegué a las 8 de la mañana al lugar de la recepción me topé con la sorpresa de que no habían empezado a decorar nada debido a que el camión que habían contratado era muy pequeño y les había tocado hacer varios viajes para transportar todo, se podrán imaginar cómo me puse. ¡Bueno, los que han trabajado conmigo si saben!

Comencé a acelerar y a presionar para que terminaran temprano todo el montaje de la decoración; mientras tanto yo iba y venía a la casa de la novia que estaba a media hora del lugar de la fiesta.

La ceremonia iniciaba a las 6 de la tarde y la recepción a las 8 de la noche, eran ya las 3 de la tarde y cuando bajo ya vestida para coordinar los detalles, me encuentro con que apenas estaban llegando las sillas, las 200 sillas y las mesas.

Entré al salón y estaban demasiado atrasados. Pregunto por el decorador y me dicen que no estaba, que se había ido a buscar más cosas de la decoración que hacían falta, que entre esas, había un letrero que llevaba el pajecito que decía: “ahí viene el amor de tu vida”. Dicho letrero la novia insistentemente me había pedido que se lo llevara.

Eso me llenó de mucha ira y les dije a todos los que estaban ahí lo siguiente: «yo llego a venir a las 7:30 de la noche y veo a alguno colocando la mínima flor y no les termino de pagar». ¡Y me fui!

Desesperada porque me tenía que ir para donde la novia, no llevaba el letrero y aparte no salía de mi cabeza que ellos no tuvieran a tiempo la decoración, generó en mi un estrés tan grande que sentía que me podía dar algo. Llegué a la casa de la novia con mi cara sonriente simulando que todo estaba saliendo muy bien; y verla a ella tranquila, disfrutando de cada momento, me hizo sentir que tenía que buscar la solución a como diera lugar.

Mi esposo, a quien le doy gracias a Dios de tenerlo en mi vida, al verme así de mal, se devolvió al lugar de la recepción y trató de buscar la manera de hacer ese letrero, entonces tomó un marco de cuadro pequeño y se le ocurrió pegarle una hoja de blog. Pidió a uno de los chicos del montaje que escribiera la frase, le colocó una pequeña decoración floral y listo.

El problema era que tenía solo 15 minutos para llegar a la iglesia antes de que el niño entrara. Recordar esto me eriza la piel porque parecía de película, cuando ya había bajado a la novia del carro y el niño estaba a punto de entrar, mi esposo llegó y justo a tiempo le entregó el letrero. Si les muestro la foto no me creen esta historia, se veía tan perfecto ese letrero que nunca se dieron cuenta.

Pero esto no termina aquí: llegué a las 7:30 de la noche y ya estaba todo montado, gracias a Dios la presión sirvió de algo, pude bajar un poco el estrés que tenía, aunque no pude detallar muy bien debido al tiempo, lo que veía por encima se veía todo bien, pero lástimosamente apenas la noche empezaba.

Cuando los novios llegan y se les da la bienvenida a los invitados todo empieza a transcurrir según el protocolo. En cierto momento la novia sale del salón un poco seria, me acerque a preguntarle que le pasaba y me dice que en la última mesa había unos platos desechables en vez de platos de vidrio. ¡Ahhh! Me quiso dar algo.

Fui inmediatamente a retirarlos y busqué donde al decorador a preguntarle por qué me había colocado esos platos y su respuesta fue que en el transporte se les había roto una parte de la vajilla, le exigí que me buscara solución al respecto ya que eso no le iba a permitir que lo colocara.

Sigue el transcurrir de la boda, todo se veía bien, tranquilo, la gente estaba disfrutando y llegaba el momento de la comida. Normalmente yo le aviso 15 minutos antes al capitán de meseros que se preparen para el buffet. Cuando llego hasta él para informarle me llevo la sorpresa que la comida aún no había llegado, ¡eran las 10 de la noche!

Me llené de mucha rabia y fui a reclamarle al decorador que era el encargado de traerme todo el paquete; cuando le reclamé se puso blanco como un papel, no sabía que decirme y se puso tan mal físicamente que pensé que se desmayaría ante tanta presión a la que lo tenía sometido. Tuve que calmarme debido a que enojarme no solucionaría nada y me dijo que llamaría para saber por dónde venían, pero que ya no demoraba.

Mientas tanto, para que no se sintiera la ausencia de la comida, busqué la estrategia de repartir pasabocas, colocar licor, subir a la orquesta, y todo esto mantuvo a la gente distraída disfrutando de la fiesta. ¿A qué hora llego la comida? Pues les cuento que a las 12 de la noche.

Esta fue mi primera experiencia en esta labor; donde el tiempo, los proveedores, la gestión que hacemos; es fundamental para que el resultado sea excelente. Si me preguntan si volví a contratar al decorador, la respuesta es un rotundo ¡NO!

Lástimosamente son momentos que marcan, aunque los novios nunca se dieron cuenta de todo lo que pasaba, esa sensación de estrés hasta colapsar es una experiencia que no se la deseo a nadie.

Ya con esto aprendí: que, si quiero que las cosas me salgan bien, debo hacerlas yo misma. Ahora estoy en los montajes direccionando, coordinando toda la decoración, realizando pruebas de menú y encargándome que la persona de la comida esté en el tiempo correcto.

Aquí les dejo unas de mis tantas experiencias vividas que me ayudan a crecer y a aprender a ser una mejor persona, una mejor profesional y sobre todo una mejor wedding planner para todos ustedes.

Con amor Angie S. Asesora de Bodas
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