Lo que nos jugamos con el Fracking

Rafael Nieto Loaiza. Columnista de Río Noticias.
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No hay en el mundo una materia prima más usada que el petróleo. Se utiliza para hacer brea y asfalto, lubricantes para maquinarias, aceites de motor y grasas, parafinas para velas, pisos, vaselinas, pvc, plásticos, pinturas, barnices, disolventes, colorantes, fertilizantes e insecticidas, detergentes, limpiadores, cauchos artificiales, poliéster, thinner, azufre y ácido sulfúrico, coque de petróleo, petroquímicos, fármacos y anestésicos e, incluso, la aspirina. Se usa en energía industrial, calefacción e iluminación, la industria petroquímica y un largo etcétera. Está presente en miles y miles de productos sin los cuales no sería posible la vida contemporánea. El petróleo ha sido la sangre de la economía mundial en el último siglo y un factor geoestratégico fundamental.

Muy demandado y escaso, el petróleo es costoso y volátil. Cierto es que algunos países productores, como Libia o Venezuela, siguen sumidos en la pobreza. Pero no por el petróleo, sino por la supina imbecilidad de sus gobernantes. Algunos otros, en cambio, como ciertos países árabes, se han hecho inmensamente ricos con el petróleo. Noruega, a su vez, que no está en la lista de los quince principales productores, apalancó su salto a un desarrollo pleno, y es ejemplo mundial, usando el petróleo de manera estratégica.

La utilización más intensiva del petróleo, sin embargo, se da en la industria de transporte, a través de la gasolina, el diésel y el jet fuel. Algo más del 50% del petróleo que se consume en el mundo hoy en día se destina a este uso. Pero ocurre que el desarrollo tecnológico y la creciente conciencia medio ambiental han impulsado la búsqueda de fuentes alternativas de energía, más limpias, menos contaminantes. El salto en los últimos cinco años ha sido impresionante. De hecho, se prevé que en 15 o 20 años, como máximo, todos los automóviles, buses y camiones se moverán con motores eléctricos o con sistemas que no usarán combustibles derivados del petróleo.

Como consecuencia, se requerirá alrededor de la mitad de la producción. Semejante disminución de la demanda acarreará el derrumbe de los precios. Solo los productores más eficientes serán competitivos. Países como Colombia saldrán del mercado.

Para nosotros el punto es relativamente sencillo: el petróleo que Colombia no extraiga en los tres próximos lustros se quedará ahí, bajo tierra, para siempre. La consecuencia práctica es inmensa. Un porcentaje sustantivo de las divisas por exportaciones y de los recursos fiscales de la Nación dependen del sector petrolero. La participación de la extracción y refinación de petróleo ha oscilado entre el 8.1 y el 5.3% anual desde el 2000. En pleno auge petrolero, 2011 a 2014, el ingreso por impuestos y dividendos de Ecopetrol representó el 2.2% del PIB promedio y permitieron la reducción del déficit fiscal del 3.3% al 2.6%. Como resultado, Colombia mejoró el grado de inversión a BBB, cayó la prima de riesgo país y disminuyó el costo de financiamiento.

En el otro lado, la caída de precios trajo aparejada la disminución del 20% de los ingresos del gobierno central. Como Santos y Cárdenas en lugar de ahorrar la bonanza petrolera aumentaron de manera sustantiva el gasto público (no la inversión), nos han clavado tres reformas tributarias desde el 2014, una cada dos años, dejando sin oxígeno al sector privado y exhaustos los bolsillos ciudadanos.

Para rematar, al mismo tiempo han venido cayendo las reservas petroleras con que contamos. Hoy ascienden a 1.727 millones de barriles. Tenemos apenas para 6,3 años de crudo y 11,1 años de gas. Colombia tiene petróleo, pero no es un país petrolero. Estamos a un paso de perder la autosuficiencia. A Ecopetrol, que tuvo un muy buen año 2018, en parte por la eficiente gestión de su presidente, Felipe Bayón, le quedan apenas 7.4 años de vida. Y aunque el impulso que está dando a la ANH Luis Miguel Morelli es muy alentador, en general el futuro no es promisorio. Si seguimos haciendo más de lo mismo, nos iremos al barranco.

El futuro pasa por el desarrollo de yacimientos no convencionales, a través del famoso fracking, que le daría al país entre 2.000 y 7.000 millones de barriles de reservas. El fracking significa entre doblar y cuadriplicar las reservas. En otras palabras, aseguraríamos el futuro de Ecopetrol y del país. Por el contrario, hay que decirlo son claridad, sin los ingresos petroleros, el salto al pasado, el crecimiento de la pobreza, el golpe a la clase media, serán monumentales. Necesitamos asegurar esos ingresos, y ojalá incrementarlos, para los próximos quince o veinte años. Y usarlos, como Noruega, de manera inteligente para apalancar otros sectores de la economía, para que cuando se venga la destorcida y no podamos sacar más petróleo, tengamos otras fuentes de desarrollo y riqueza. Hay que invertir, y hay que invertir bien, nuestro petróleo. El que no saquemos en los próximos tres o cuatro lustros, quedará sepultado para siempre. Y bajo tierra quedará también el dinero que necesitamos para asegurar el desarrollo del país. Eso es lo que nos jugamos con el fracking.