Mujer: Flor de la Humanidad

Horacio Garnica. Columnista invitado de Río Noticias.

Una es la mujer entendida en su estado puro, como símbolo de este género, por encima del bien y del mal, y en su significado exegético; dignas del amor, de la exaltación y de todos los homenajes habidos y por haber, por parte de la humanidad sin miramiento alguno.

Otra es la mujer como la Cacique La Gaitana, que en el año 1.543 comandó a los Paeces y fundó la primera confederación de tribus para resistir valerosamente a la sanguinaria conquista española.

Otra es la valiente mujer indígena, que ante la impotencia para sacudirse del yugo de la conquista, y en un acto de prematuro amor maternal, de pronto no bien entendido, se provocaban abortos para evitarle εsclavitud y hambre a sus hijos.

Otra es la mujer que participó con todo su arrojo en las grandes sublevaciones de esclavos negros africanos entre 1598 a 1613, en: Zaragoza, Marinilla, Río Negro, Cartagena, Mompóx, Tenerife y Tolú, y contribuyó decididamente en la formación de palenques. Fueron valientes mujeres que enfrentaron la saղguinaria conquista española que como la describe el padre Bartolomé De Las Casas: “entró con la cruz en una mano y la espada en la otra”.

Toda nuestra reverencia y homenaje, no sólo en este día memorable, a las mujeres indígenas y afro, que con la vida misma, esculpieron en las páginas de la historia patria, una gran lección, de como: nunca hay que ahorrar valor y esfuerzos para luchar por respirar el favonio inmaculado de la libertad, la justicia y el respeto por los derechos y la dignidad del ser humano. Seguir ese paradigma de vida es un compromiso de las mujeres afro e indígenas de hoy.

Otra es la mujer protagonista en la revolución de independencia, inmolada por esta causa emancipadora: Policarpa Salavarrieta, Manuela Beltrán y Antonia Santos, entre otras insignes mujeres. Honor y gloria inmarcesible por su heroísmo.

Otra es la mujer NO CIUDADANA, carente de derechos de ciudadanía, especialmente del derecho al voto; sin ninguna incidencia en la vida política republicana. Es esa una deuda política de insensata actuación y de odiosa discrimiղación, aún no saldada plenamente con las mujeres. Reparar a las mujeres por tamaño despropósito, es un imperativo categórico que debe reafirmarse hoy 8 de marzo, en su DÍA; por haber sido víctiɱas de los políticos antidemocráticos, machistas y desmadrados, de aquellos tiempos.

Otra es la mujer CIUDADANA colombiana; derecho reconocido junto con el voto, por el plebiscito de 1957, después de una larga lucha nacional y universal; negado incluso este derecho en los alcances democráticos de la Revolución Francesa, donde se institucionalizó el voto censitario excluyendo a la mujer de la toma de decisiones políticas. Es Inglaterra en 1918 el país que da el paso de otorgarle a la mujer el derecho al voto, y luego en 1945 el general Charles de Gaulle en Francia, hace lo mismo.

La mujer ciudadana y con derecho al voto, dispersa en los distintos partidos políticos, defendiendo intereses diversos entre sí, y en algunos casos en contra de ellas mismas, especialmente por parte de las que llegan a cargos en los distintos gobiernos como cuota de los partidos que siempre han gobernado. No obstante que el voto de la mujer supera numéricamente al de los hombres, este voto no se refleja en la representatividad de la mujer en los cargos de elección popular.

El peso político de la mujer en la democracia colombiana es imperante, para tener a una Colombia con rostro de mujer, y con un arrojo varonil, enfrentando el transcurrir de la vida nacional en todas sus aspectos y dimensiones, y para hacer realidad el Estado Social de Derecho y contrarrestar el Estado Comunitario Duquista y afianzar la paz; en peligro, por los fraηcotiradores apuntándole a la JEP y la ameηaza de hacer trizas el Acuerdo entre el Gobierno y la FARC. La mujer en la política, está propiciando el buen vivir y el respeto a la dignidad humana; es merecedora de toda exaltación y reconocimiento público.

Otra es la mujer víctima de la violencia; sus inagotables, doloridas y tristes lágrimas, llorando sin consuelo: el crimen de su esposo, de su hijo o de cualquier otro familiar; llorando la desvirgación violenta de sus hijas; llorando el desarraigo; llorando el desamparo; llorando el desgobierno; llorando a su hijo muerto vestido de falso guerrillero y mostrado como trofeo de la lucha institucional anti guerrillera, hecho conocido como falsos positivos. La verdad, justicia y reparación por estos macabros hechos, corren el riesgo de ser letra muerta, si el presidente Duque objeta la ley que le da vida jurídica a la JEP.

A las mujeres víctiɱas de la viσlencia, toda la solidaridad y la valoración que se merecen, en el sentimental propósito de honrar por siempre y para siempre la memoria de sus seres queridos, y por estar prestas a engendrar y propiciar auténticos ámbitos de reconciliación, y así extirpar los gérmenes del ciclo histórico de una viσlencia aún vigente y acicateada desde el escenario de la política.

Otra es la mujer sindicalista; indomable y erguida en el compromiso de defensa del trabajo como un bien del ser humano, y no sólo como bien útil, sino como bien digno, que lo edifica. En consecuencia su compromiso es, defender el derecho al trabajo como bien de la humanidad, propósito en el cual viene empeñada desde hace muchos años.

Si bien el artículo 25 de la Constitución Política Colombiana en uno de sus apartes preceptúa que el trabajo goza en todas sus modalidades de la especial protección del Estado, esto no pasa de ser pura retórica constitucional. Y así lo ha entendido la mujer sindicalista que tiene plena conciencia de la feroz arremetida que hay contra los derechos y conquistas de los trabajadores, por parte de las multinacionales, la banca mundial y el gobierno nacional, a través de las políticas laborales implementadas bajo la órbita del modelo económico Neoliberal. De ahí su férrea lucha sindical, que ojalá se inscribiera en la concepción de un SINDICALISMO DE LIDERAZGO SOCIAL Y POLÍTICO.

A las mujeres sindicalistas felicitarlas en este connotado día, dedicado a las MUJERES en general, por lo que han sido, son y representan el amor, la vida y el buen juicio de la humanidad.

Otra es la mujer campesina, extendida en toda la diversa, rica y bella geografía rural de Colombia; levantada todas las mañanas de todos los días con el canto del gallo madrugador, el trinar melódico y alegre de los pájaros, saludando los amaneceres campestres. Y ella, acariciada por el favonio inmaculado y silvestre, tararea una canción, como reafirmando su conformidad con su identidad de orgullosa campesina. Tal vez sin saber leer y escribir alguna de ellas, pero, sí saben lo que es ser campesina en nuestro país. Y, todo lo que les ha tocado y siguen padeciendo y sufriendo, sin el amparo y la debida protección estatal.

Hoy hay muchas campesinas madres cabeza de hogar, porque cualquier día llegaron a su parcela hombres arɱados y asesinaroղ a sus maridos. Hay campesinas urbanas despojadas de sus tierras, campesinas y sus hijas violმdas, caɱpesinas enfermas sin protección social, analfabetas, campesinas sin ninguna esperanza redentora en su destino, y lo peor víctiɱas de un conflicto arɱado que no les pertenece, y que continuará irremediablemente, porque se está creando todo el ambiente desde el “centro democrático”, para que el presidente Duque objete la ley de la Jurisdicción Especial para la Paz. ! Qué horror presidente!

No obstante la situación de rezago en que se encuentra la mujer campesina; el plan nacional de desarrollo del actual gobierno, carece para ellas y para la mujer en general, de políticas, programas y proyectos que dignifiquen su condición, y eso que hay una mujer en la vicepresidencia de la República. ! Tamaño despropósito, su mutismo!.

A la mujer, símbolo de vida, amor, paz y valor; en este día singular y en todos los días, toda la admiración, consideración y eternos homenajes, por ser LA MUJER, LA FLOR DE LA HUMANIDAD.

Y no olvidar que: El hombre es la mitad de sí mismo y la otra mitad es la mujer.