Ni el fútbol se salvó de la corrupción de Odebrecht

El fútbol y Odebrecht.

Un nuevo capítulo del escándalo de Odebrecht sacudió a Brasil con fuerza. Ahora, las revelaciones tocan una de las pasiones más preciadas del vecino país: el futbol. Según admitieron altos ejecutivos que están confesando ante la justicia, en al menos seis estadios construidos para el mundial de 2014 existieron sobrecostos, hechos a propósito para poder desviar así los dineros que luego terminaban en sobornos. Según ha revelado el mismo Marcelo Odebrecht, las coimas superaban los 150 millones de dólares.

No es la única pata que tiene ese escándalo en el futbol, el deporte insignia del país. En las declaraciones también se hizo público que la empresa solía ponerles apodos de equipos de futbol a los partidos políticos con los cuales tenía relaciones. “Flamengo”, “Corinthians”, “Sao Paulo”, así eran registrados esos grupos en las planillas de contabilidad paralela que llevaba la empresa.

El Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, recibía el sobrenombre de Flamengo, el equipo más popular del país, revela uno de los documentos entregados a la fiscalía por Luiz Eduardo Soares, exejecutivo de Odebrecht que acordó colaborar con las investigaciones a cambio de una reducción de su eventual condena.
El testimonio de Soares y de decenas de exfuncionarios de la empresa fueron divulgados ampliamente por la prensa local esta semana, después que la Corte Suprema levantara el secreto de sumario de dichos documentos, al autorizar la apertura de decenas de investigaciones contra políticos de casi todos los partidos, incluidos ocho ministros del gabinete de Michel Temer, un tercio del Senado y cerca de 40 diputados.

En dicha planilla, el PMDB de Temer -que asumió el poder tras la destitución de la izquierdista Dilma Rousseff en 2016- recibía el apodo de Internacional y el PSDB, aliado clave del actual gobierno, constaba en los registros como Corinthians.
Dentro de cada partido, los candidatos también recibían apodos de posiciones dentro del campo, como si se tratase de verdaderos equipos de fútbol: el candidato a presidente era llamado de “atacante”, aspirantes gobernadores se transformaban en “mediocampistas” y los senadores y diputados recibían el apodo de “punta” y “volante”, respectivamente.

“La delación del fin del mundo”

La confesión masiva de 77 exejecutivos de Odebrecht ha generado un terremoto político en ese país y tiene en jaque al gobierno del presidente Michel Temer. Son tantos los efectos que ha producido que se le conoce hoy como “la delación del fin del mundo”. En esta se expone el detalle de cómo funcionaba ese engranaje, que contó con la participación de políticos de todo el espectro ideológico y también se extendió fuera de Brasil.

Las delaciones fueron tomadas por los fiscales a fines del año pasado, grabadas en video y distribuidas a la prensa el miércoles; desde entonces inundan la televisión con un sinfín de relatos que deben ser corroborados con pruebas y que tienen escandalizado al país.

A partir de allí, la fiscalía decidirá si presenta denuncias contra los políticos implicados, que podrían enfrentar juicios una vez que la corte suprema acepte las denuncias.

El presidente de Brasil, Michel Temer, insistió este sábado en que no participó de la negociación de sobornos en el esquema de corrupción en Petrobras y que sus ministros investigados no dimitirán hasta que no haya cargos formales contra ellos.
Marcio Faria, uno de los exejecutivos de Odebrecht que aceptó colaborar con la justicia a cambio de una reducción de su condena, afirmó que el mandatario participó en 2010 junto a otros políticos del partido PMDB para confirmar un pago de 40 millones de dólares a la formación, un soborno que aseguraría a Odebrecht la adjudicación de un contrato con la estatal Petrobras.

Oír esa declaración “es una cosa desagradable para quien está en la vida pública hace tanto tiempo, gracias a Dios, sin manchas”, afirmó el presidente en una entrevista con la TV Band transmitida el sábado por la noche.
Temer reiteró que sí participó de la reunión, pero que en ella no trató asuntos de dinero o ningún valor. “No se habló de contratos, evidentemente, y de ningún tema ilícito”.

La telenovela de Odebrecht

En los últimos días, los brasileños viven pegados a una hipnotizante nueva versión de telerrealidad: los videos emitidos casi sin interrupción de poderosos exejecutivos encarcelados acusando de corrupción al presidente, Michel Temer, y a casi todos los políticos relevantes del país.

Por encima de las tórridas telenovelas y del BBB, como se conoce al Gran Hermano en Brasil, un drama mucho más grande y serio domina ahora la televisión.

Las novelas cuentan con sus romances melodramáticos y el BBB con sus telegénicos exhibicionistas. Pero las estrellas de este show, que aparecen sin descanso en todas las cadenas, son en su mayoría grises hombres de mediana edad.
Su historia, sin embargo, es la más explosiva que ha vivido Brasil en décadas.
Con la esperanza de reducir sus sentencias, 77 exdirectivos de Odebrecht se abrieron a los fiscales, explicándoles cómo la empresa gestionaba un departamento especial para comprar a cada partido y a la mayoría de los políticos más influyentes del gigante sudamericano.

Durante meses, todos esos testimonios -en forma de declaraciones grabadas y documentos escritos- permanecieron bajo secreto.

Pero en la noche del martes, el juez de la corte suprema Edson Fachin autorizó investigar a alrededor de cien políticos basándose en sus relatos. Poco después, las “delaciones premiadas” se hicieron públicas.
Sin molestarse en maquillar sus temores, los legisladores vaciaron el Congreso tras conocer la esperada lista. El jueves, víspera del feriado de Viernes Santo, no había señales de regreso.

Aunque lejos de Brasilia, los políticos no podrán evitar que las televisiones sigan emitiendo los testimonios, ahora que la corrupción se ha convertido en un espectáculo casi en vivo.

Mentiras y cintas de video

El máximo protagonista de las grabaciones es Marcelo Odebrecht, expresidente de la compañía familiar y, hasta su arresto en 2015 en el marco de la megaoperación anticorrupción conocida como “Lava Jato” (Lavadero de autos), uno de los empresarios más prestigiosos de Brasil.
Odebrecht fue condenado a 19 años de prisión en 2016. En los videos, no obstante, aparece vistiendo camisa y a veces una chaqueta de traje, trasmitiendo todavía la imagen de un ejecutivo seguro de sí mismo, al tiempo que enumera sus delitos -y a sus supuestos socios políticos- al detalle.

Al exCEO de la poderosa constructora se le escucha decir que suministró ilegalmente unos 144 millones de dólares a los políticos investigados.

Odebrecht y sus antiguos colegas señalan a todos los grandes líderes brasileños, incluyendo al presidente Michel Temer y todos los exmandatarios vivos desde el retorno de la democracia a mediados de los años 80.

La mayoría de los pagos de la empresa fueron en forma de donaciones sin declarar a partidos políticos -la llamada ‘caja 2‘- que, según los fiscales, era una forma de soborno generalizado para comprar influencias en todo el espectro político.
“Todo el mundo cometió ese delito electoral”, afirma Odebrecht en las grabaciones. “No conozco ningún político en Brasil que haya conseguido hacer cualquier elección sin caja dos”, añade.

Y aún va más lejos: “El tipo puede decirte que no lo sabía, pero recibió dinero del partido que era de caja dos”.
La encrujijada del presidente Temer.

Michel Temer, como presidente en ejercicio, la Constitución estipula que no puede ser investigado por supuestas ilegalidades cometidas previamente a su llegada al poder.

Aunque el alivio inicial en Planalto pronto se vio opacado por el video en el que exejecutivo Marcio Faria le cuenta a los fiscales que Odebrecht sobornó al PMDB de Temer en 2010 durante un encuentro presidido por el ahora mandatario.
El acuerdo, supuestamente sellado en la oficina del entonces candidato a la vicepresidencia en Sao Paulo, estipulaba que la constructora pagaría 40 millones de dólares a la formación a cambio de la adjudicación de un contrato con la estatal Petrobras. “Estaba claro que hablábamos de un soborno”, dijo Faria.

Hasta entonces, Temer había tratado de mantenerse al margen del escándalo, pidiendo calma en Brasilia, pero la publicación del testimonio le obligó a reaccionar.

Lo hizo el jueves con un video en el que aseguró que “jamás” estuvo al tanto de negocios ilícitos entre empresarios de Odebrecht y políticos. La lupa, sin embargo, está sobre él. Se espera que a medida de que se comiencen a hacer públicas todas las delaciones, habrá muchos más implicados y la ola comenzará a impactar más fuerte aún a otros países de América Latina.

Tomado de Revista Semana.