“Nunca he perseguido a ningún crítico ni opositor. Solo a los bandidos”: Santos

El presidente Juan Manuel Santos parece estar “restíao”, como se dice coloquialmente cuando, por ejemplo, un jugador de póquer arriesga todo, echa los restos o apuesta todo el dinero que le queda sobre la mesa. En un fuerte discurso desde Manizales, durante el Vigésimo Encuentro de la Jurisdicción Ordinaria, el primer mandatario arremetió contra sus opositores –léase uribismo, aunque en ningún momento lo dijo con nombre propio – a quienes acusó de seguir despotricando con sus “mentiras y difamaciones” en contra de su Gobierno, no solo en el país sino por todo el mundo.

“Me han acusado de traidor, de tramposo, de mentiroso, de comunista, de dictador, de haber sido reclutado por la KGB durante mi estadía en Londres. Me han dicho fariano –hasta me pusieron un alias–, me acusaron de haber financiado mis campañas con plata del narcotráfico, con coimas de Odebrecht, con plata de los Comba y con plata venezolana. Me han señalado de ser ficha de los Castro, de ser ficha de Chaves, por supuesto, de ser ficha de los dos: todo un castrochavista. Que me compré el premio Nobel, que regalé a San Andrés, que acabé con la seguridad, que hice añicos la confianza inversionista y la cohesión social”, dijo.

Y prosiguió: “Que pacté con las Farc el aumento de los cultivos ilícitos, que he querido acabar con el Ejército, con la Policía, con la propiedad privada, con la libertad de expresión, y otras tantas barrabasadas. Que conspiré con un jesuita comunista de nombre Francisco –y no es de apellido De Roux– para lograr una paz que le permita a las Farc tomarse el poder. Que me compré el premio Nobel, que regalé a San Andrés, que acabé con la seguridad, que hice añicos la confianza inversionista y la cohesión social”.

Y en clara alusión a los reparos que sectores como el Centro Democrático le han puesto a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), agregó: “Pero, hay una acusación que nos atañe a todos los aquí presentes, a los jueces y al Gobierno: nos acusan de persecución. A ustedes los acusan de persecución política y, a mí, de persecución judicial. No importa que eso ni siquiera tenga la más mínima lógica. Porque mentir, difamar, mentir y difamar –que de eso algo queda, como diría Laureano– parece ser la consigna. Han llegado al extremo de irse ante tribunales internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, para hacer estas acusaciones y presentarse como perseguidos políticos”.

Santos calificó dichas acusaciones como “absurdas y fantasiosas”, y aseguró que el mejor programa de gobierno para cualquier jefe de Estado es cumplir con la Constitución, trabajar todos los días para garantizarles los derechos a todos los ciudadanos, incluidas las minorías y, desde luego, a los críticos y opositores, lo cual, en su concepto, es lo que ha hecho.

Palabras seguidas, siguió lanzando pullas a diestra y siniestra: “Nunca he perseguido a ningún crítico ni opositor. A nadie. Solo a los bandidos. Decir que el Gobierno persigue a la oposición a través de los jueces es un insulto no solo al Gobierno sino a la justicia misma. Ustedes, mejor que nadie, saben que esa es una acusación absolutamente descabellada y sin sentido”.

El jefe de Estado señaló que aunque le duele que la crítica de la oposición haya sido tan destructiva, nunca por eso la va a perseguir. Y enfatizó que el talante que he querido imprimirle a su gobierno es el de un gobierno tolerante, incluyente, reformista, respetuoso, dialogante, justo, generoso, compasivo. “Decía Molière que el hombre sabio es superior a los insultos que se pongan sobre él”.

Para concluir agradeciéndoles a los miembros de la Rama Jurisdiccional presentes su contribución a la paz y pidiéndoles, de paso, ser superiores a los insultos y seguir avanzando como país, por encima del odio, la violencia o la venganza. “Que nuestras instituciones sean superiores a unos pocos individuos que las han manchado con sus acciones. Que nuestro espíritu como nación sea superior a cualquier tormenta que nos quiera desviar del camino del progreso, del bienestar, de la reconciliación y de la paz por el que estamos caminando (…) Sin duda, hoy tenemos un mejor país que el de hace siete años. Pero nos falta mucho por hacer. Los invito a seguir trabajando, a no bajar la guardia en esta tarea dura, necesaria y gratificante. A ser una Corte cada vez mejor, que pueda dar ejemplo y fortalecer la democracia en este momento crucial de nuestra historia”.