OPINIÓN: EL MAN SE MAMÓ

Columnista invitado: Alberto Osorio Salazar

Biblista, apologista y escritor Católico

 

“Me mamé de la soledad” fue una de las frases con que se expresó el reconocido sacerdote católico colombiano, el padre Alberto José Linero Gómez, miembro de la orden de San Juan Eudes, popularmente llamados Eudistas, sacerdote oriundo de Santa Marta que se hizo célebre por salir en las principales cadenas televisivas de Colombia, manifestando así su deseo definitivo de retirarse del sacerdocio ministerial.

 

Esto lo anunció en la mañana del miércoles 5 de septiembre en el programa Blu Radio, donde comentó que ha enviado una carta formal a sus superiores de la orden pidiendo una dispensa, sin embargo, su petición no debe considerarse como reclamo de un derecho por parte del sacerdote, ya que puede ser concedida o no por la Santa Madre Iglesia, ella que en su sabiduría lo que hace es darle la oportunidad al sacerdote de que reflexione seriamente en la grandeza del regalo que Dios le hizo como hombre indigno al confirmarlo con Cristo, a través del sello y la marca perpetua del ministerio sacerdotal.

 

Hay que tener muy claro que el sacerdote es un ser humano como cualquier otra persona con sus defectos y cualidades. En cuanto al sacerdocio, el catecismo numeral 1550 es franco y categórico cuando dice: “Esta presencia de Cristo en el ministro no debe ser entendida como si este estuviese exento de todas las flaquezas humanas, del afán de poder, de errores, es decir, del pecado. Existen muchos otros actos en que la condición humana del ministro deja huellas que no son siempre el signo de la fidelidad al evangelio y que pueden dañar, por consiguiente, a la fecundidad apostólica de la Iglesia”.

 

Sin embargo, el padre Linero confiesa que está mamado de la soledad, sintió que no es su camino la vida sacerdotal y que busca otra opción de vida, eso nos indica que no ha sido pleno en la opción de vida consagrada que eligió, la cual consiste en dar vida a los feligreses, y para eso debe ser una persona feliz, una felicidad verdadera que se construye integrando la fidelidad a Jesús y su proyecto.

 

San Ignacio de Loyola decía que “en tiempos de desolación, no hacer mudanzas”. Hay circunstancias donde el sacerdote puede experimentar resequedad espiritual, y tal vez por darle tanta prioridad a las actividades pastorales o desgastándose en hacer muchas cosas para satisfacer los propios caprichos o el de los demás, se descuida lo más importante, que es la vida de oración, que es la forma correcta de superar esos altibajos que como lo dice él, no entiende.

 

El padre Linero sabía, antes de tomar la decisión de consagrarse como sacerdote, que se sometía voluntariamente y por amor a un voto de castidad en el celibato, es decir, que renunciaba al matrimonio y a tener hijos, comprometiéndose además a imitar las virtudes que vivió Cristo, como la pobreza y la obediencia, ni Dios ni la iglesia obligan a ninguno a asumir el sacramento del orden, es un don de Dios otorgado a la iglesia, es una opción completamente libre, es una respuesta de amor que tuvo que pasar por el filtro de la meditación, a la luz de la palabra de Dios, con cada una de sus exigencias y renuncias que esta opción de vida conlleva.

 

No puede hablar ahora de estar sumergido en la soledad cuando el mismo celibato no se le puede reducir al aspecto genital o de relación sexual, porque al sacerdocio no se renuncia al amor, todo lo contrario, se reta a vivir un amor superior, no hay excusa de sentirse solo para aquellos que verdaderamente han descubierto este amor. “Deja todo y sígueme”, han sido las palabras de Cristo, él fue el primer ejemplo viviente de dejarlo todo. Aquí el problema radica en la fidelidad, ante la situación de inconformismos e incomodidades en la vocación que se viva, lo ideal es agotar todos los medios para permanecer fieles, el sentir impulso de buscar compañía y otras opciones de vida que ponen en peligro su vocación sacerdotal, es porque en realidad no se es pleno ni feliz en lo que decidió.

 

Las palabras de 2 Timoteo 1.6 son las ideales para aquellos sacerdotes que están dudando de su opción de vida, este es el concejo bíblico de la iglesia para los que están débiles moral y espiritualmente: “Por eso te recomiendo que avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos”.