Paro histórico en Colombia

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Por: Horacio Garnica Díaz
horagardiaz@hotmail.com

El jueves 21 de noviembre, no sé cuántos colombianos marcharán por las calles de Colombia, me imagino serán muchos, porque muchos son los motivos para marchar y para decirle Si, al Paro Nacional, y para sobrepasar sus objetivos iniciales, acordados por sus organizadores.

Sería interminable enumerar los motivos del Paro y de las marchas; no obstante, el principal motivo es el descontento y la inconformidad por tantos problemas y necesidades desatendidos y desatendidas de pasados gobiernos y acentuados y acentuadas en el gobierno del presidente Duque, merecedor de expresiones como:
! Abajo el mal gobierno de Duque!
! Abajo el mal gobierno de Duque!
! Abajo el mal gobierno!

Ante el sartal de inconformidades de todo tipo e índole acumuladas, y como: «el que la debe la teme»; una caterva de mañosos ultraderechistas, se han dedicado a desfigurar la razón de ser de la protesta social, escondiendo las razones del Paro, y colocando el debate en: si la protesta social es pacífica o por el contrario contempla acciones violentas. Y todo lo hacen para restarle el vigor y la robustez que día a día da más razones para protestar contra el desgobierno Duquista.

El gobierno nacional y sus áulicos no pueden «creerse sus propias mentiras»; desmintiendo supuestas mentiras con más mentiras, y así, perdiendo más credibilidad y confianza. Con mentiras ganaron con el NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2017, y con mentiras ganaron las elecciones presidenciales con Iván Duque; con mentiras pretenden minimizar las razones justas del Paro Nacional. Y, con mentiras es inconcebible y es un adefesio que un Presidente de la república sea enemigo de un proceso de paz; actitud que ha estimulado el rearme de la FARC con sus inevitables macabras consecuencias.

Una gran parte de la población colombiana repulsa el actuar institucional de los discípulos de la diosa Atenea, diosa de la guerra. De ahí, deriva el reciente bombardeo a niños en un campamento guerrillero, a consecuencia del mencionado rearme, indirectamente auspiciado por los heraldos de la guerra.

Hasta la misma Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica colombiana, ha dicho SI a la protesta social del 21 de noviembre, porque son inocultables e incontables las razones para protestar contra el sinuoso sendero por donde es conducido el País, la Nación y la República de Colombia. Y siguen sumándose organizaciones, Partidos políticos, artistas, cantantes y la ciudadanía en general.

De ahí, que los iniciales organizadores que fueron miembros de las centrales obreras no pueden limitarse a corear sólo consignas gremiales, debido al carácter plural de las marchas, hay que ampliar el espectro del inconformismo nacional exteriorizado en una Declaración, Manifiesto, Memorial o Proclama o como se quiera llamar, y a su vez solicitar una interlocución con el gobierno nacional. El Paro, las marchas implican demandar del gobierno unos serios y cumplidos compromisos.

Colombia no anda bien, y es conducida por un presidente que tiene el 69 % de opinión desfavorable, con la tendencia a aumentar, porque no da muestras de mejoría, sino de soberbia por ser aconsejado por un soberbio bien conocido adicto al poder.

Que la fuerza que acumule el Paro y la protesta social del 21, permanezca viva y sirva para salvar a Colombia de una nueva violencia y del desmejoramiento de las condiciones de vida de los colombianos. Vamos todos a marchar, vamos hasta donde sea posible a parodiar las grandes e inmarcesibles marchas de Gandhi y de Martin Luther King.