Por fin pude estar de acuerdo con los que promueven el NO

Foto tomada de Internet.

Soy un convencido de que el 2 de octubre no optamos por la aprobación votando SI, o la desaprobación, votando NO, de los acuerdos del Estado con las FARC.

Lo que está en juego es nuestra definición como sociedad que deslegitima o no, la violencia como forma de solucionar los conflictos, ya sean estos de carácter colectivo (sociales, económicos, políticos, religiosos), pero también los conflictos y desavenencias interpersonales.

Por esta razón, no sólo importa que el SI gane, lo que realmente resultaría significativo es un triunfo abrumador sobre el NO, con lo que firmariamos nuestra salida de la lista de sociedades y Estados violentos o proclives a la violencia como instrumento de resolución de conflictos, y por ende nuestra inscripción a la civilidad, al dialogo y la concertación como el modo de operar frente a las contradicciones.

El triunfo del NO, o un buen resultado electoral de esa opción es un mensaje de no aceptación por parte de una sociedad, que se hace llamar civil, a la rectificación de un grupo armado, al que se le ha caracterizado como violento, que quiere dejar las armas y resolver el conflicto de manera más civilizada a como quieren los que no están de acuerdo con los acuerdos.

El NO significa que no aceptamos la salida negociada en la que se ha montado el hasta ahora grupo armado de las FARC, y que por el contrario esta sociedad civil lo que quiere es la eliminación militar de ese movimiento guerrillero.

Pero los acuerdos se firmaron,  en contra de los promotores del NO y se van a firmar por Estado y las FARC, Y ESTOY DE ACUERDO CON LOS DEL NO CUANDO DICEN QUE ESA FIRMA ES UN SHOW, y claro que lo es, es un show que significa sacar a diez mil personas armadas de un escenario de confrontación violenta y traerlos a la confrontación política e ideológica.

Es un show que estábamos esperando los que vamos a votar por el SI, y el mundo entero, menos los del NO, y llevamos esperando muchas décadas.  Es un show que puede significar un nuevo camino para Colombia, sin desconocer que falta por aplicar esta misma receta a lo que ocurre con el ELN y otros grupos guerrilleros minoritarios y hasta con el neoparamilitarismo llamado Bacrim.

Le tocó a Santos firmar el acuerdo y ser protagonista del show, un Presidente neoliberal, un hijo de la oligarquía colombiana descrita magistralmente por Álvaro Salom Becerra en su libro el Delfín.

Un hombre que jamás entregaría este país a la izquierda, ni siquiera a la izquierda democrática, porque el no traicionaría a los de su clase, y mucho menos convertiría o por lo menos permitiría que sucediera, que se implantará lo que los Uribistas llaman Castro chavismo.

A buena hora llego ese show del que tanto se duele el ex presidente Uribe y sus seguidores, porque no fue el quien logró los acuerdos y por lo tanto no va a ser protagonista del show que permite cambiar un grupo armado por un movimiento político.

Uribe que tiene esa personalidad mesiánica propia de los líderes fascistas, en aras de conseguir el protagonismo del que vive políticamente, habría firmado no sólo los acuerdos que se firman en Cartagena, sino que, y estoy absolutamente seguro de lo que diré, suscribiría otros acuerdos que representarán esos si, verdaderos beneficios para las FARC.

Aquí quedan explicadas las razones de mi acuerdo con los del NO y espero poder seguir teniendo coincidencias con ellos, no porque yo me convierta a su religión, sino porque ellos desarmen su corazón y entiendan que necesitamos perdonar para alcanzar la paz y llegar a ser una sociedad feliz.