Sin bolsas no hay paraiso

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La “astucia” del exdelincuente y sus tropas defensoras no evitó que cayeran redondos en lo que la mentira y la desesperación causan en los culpables: hacer flotar más pruebas, en el afán de tapar sus pistas.

En mi pasada columna denuncié el nombre y alias de una de mis líneas de investigación, basada en fuentes periodísticas que vinculan al exnarcotraficante “J9”, que responde al nombre de Javier Marín, como partícipe de la cadena de recaudación y entrega de dineros ilícitos a Gustavo Petro para que esté, a su vez, propusiera, como congresista y candidato presidencial (cosa que cumplió a cabalidad), la prohibición de extradición, a cambio de que – supuestamente – los narcos entregasen tierras al Estado.

La recua encubridora de Petro, entre la que se cuentan pseudoperiodistas que viven de fingirse víctimas, políticos que han sido militantes camuflados de las Farc, abogados de falsos colectivos y exguerrilleros rasos hicieron lo previsto: empezaron a buscar en el bajo mundo a los bandidos que otrora fueron sus financiadores para “cuadrar” las versiones de los testigos de los hechos que denuncié.

Mala suerte para ellos: el afán de encontrar a sus compinches hizo que alias “J9” o Javier Marín, ante la “calentura” y los mensajes para que acomodará versiones, decidiera salir de su escondite y empezara a “cantar”; gracias a mis denuncias y a los torpes movimientos del “petrismo”, Marín habló y ya develó la identidad de los partícipes en la “vaca mafiosa” de Petro.

Alias “J9” aceptó que, en sus actividades, conoció a Javier Ocampo, quien se esconde bajo la fachada de constructor, que es amigo de Simón Vélez – el arquitecto que negó haberle prestado dinero a Petro -, hombre muy cercano al gobierno del entonces presidente de Venezuela y encubridor de las Farc, Hugo Chávez.

Según “J9”, fue su tocayo, de apellido Ocampo, quien entregó parte de los dineros que Simón Vélez ayudó a recolectar, entre ellos, los aportes de “el Loco” Barrera, para que Petro intentase vendernos la prohibición de extradición a todos los colombianos.

Con la información de alias “J9”, ahora se conoce la identidad de Javier Ocampo y poco a poco se desenmascara el origen real de la plata que en bolsas recibió Petro en 2009.

El silencio mediático de Petro y sus cientos de contradicciones sobre el origen del dinero que recibe de la “vaca mafiosa” con que lo compraron, duró una semana, ¡una semana buscando arreglar su versión y la de los testigos!

Primero dijo Petro que el video en el que se desnuda toda su podredumbre había sido tomado clandestinamente por el DAS; después afirmó que su interlocutor (su camarada del grupo terrorista, M-19, Juan Carlos Montes), lo había grabado clandestinamente y con ánimo extorsivo para que lo vinculase laboralmente y hasta lo acusó de haberlo vendido luego de que perdiera la Presidencia hace unos meses.

En medio de esa barahúnda de contradicciones, también dijo que Simón Vélez era quien le había “prestado” la plata en bolsas de plástico. Tras de que Simón Vélez lo negase, primero en un comunicado, después ante cámaras en entrevista que le dio a Gustavo Gómez, decidió decir que no sabía si era un préstamo o un aporte y que, en todo caso, si había sido un préstamo, había sido a Juan Carlos Montes, su coprotagonista, a quien antes había tratado de chantajista y de haber vendido el video a sus enemigos políticos, a quienes le habrían prestado la plata.

En su última versión, Petro protege a su excompinche del M-19, al mismo que pocos días antes había acusado, y acomoda su versión para tratarlo “con pinzas”: dice que Montes no lo grabó con ánimo extorsivo, sino que solía dejar registro audiovisual de todo lo que hacía en la vida y que lo hacía como una manía. Ya no es un chantajista, sino un maniático.

A continuación, dice que él alcanzó a ver la cámara con la que lo grabó Montes y, aun así, decidió sentarse a tocar lujuriosamente los billetes en frente a ella.

Para seguir con la fantasía del libreto de “Sin bolsas no hay Paraíso”, que le armaron durante los ocho días de silencio y de “cuadre” de versiones (él admitió que finalmente pudo reunirse con Montes antes de salir a darle la cara al País), vuelve y cambia la afirmación de que el chantajista, excompinche, vendió el video, por la -otra vez suave con Montes- de que fue hackeado por poderosas organizaciones que hurtaron el video de un computador al que este último fue a parar, luego de que el versátil Montes lo hubiera transferido de análogo a digital (esa parte del libreto es fácil adivinar qué pretendida víctima, experto en edición, se la inventó).

Para explicar parte de los audios en los que quedó constancia de que están recibiendo un pago de un negocio, dice que el NO-chantajista, sino maniático, y NO-vendedor, sino hackeado, le estaba pidiendo una comisión de esos recursos: al fin qué: ¿era un préstamo a Montes, era un préstamo a Petro, era una donación o aporte?, ¿a quién se le ocurre pensar que cuando le hacen un préstamo no se pregunta por el plazo para pagarlo, los intereses, las garantías, la manera de devolverlo, en vez de hablar de la comisión del negocio? ¿Acaso alguien puede creer que quien consigue un préstamo a nombre de sí mismo -que es una de las hipótesis de Petro, que es un préstamo a Montes- pide una comisión de un dinero por el cual, supuestamente, debe responder ante un tercero? No, señores: nada de lo que ahí ocurre se asemeja a un préstamo (ya dijo dos veces el supuesto prestamista que no había prestado nada); eso tiene todas las formas, las maneras, el audio y el video, de un negocio ilegal.

Para acabar de completar la prueba de las mentiras, Petro, alegremente dice que ya conocía el video, cosa que ratifica Simón Vélez, en su entrevista. Según Petro y Vélez, el coprotagonista del vídeo, es decir, Montes, se lo mostró a Petro cuando este era alcalde, después de aguardar durante días a las puertas de su despacho para que lo atendiera y lo hizo furioso porque Petro, como a tantos otros a quienes ha usado en su larga vida delincuencial, lo echó de la alcaldía.

Si eso es así, ¿por qué Petro no se adelantó a contar que Montes lo estaba chantajeando desde esa época?, ¿por qué no se adelantó durante todos estos años que tuvo para hacerlo y contó la actitud del traidor?, ¿cómo lo tuvo callado – a Montes – todos estos años?, ¿qué tantos otros secretos y videos le tiene Montes a Petro, que ahora lo trata con guante de seda y se desdijo de cada cargo que le hizo? – ya abrió la puerta para justificar otros videos que se sabe que existen, diciendo que tenía la manía de grabarlo todo – y sobre todo, ¿por qué incurrió en tantas contradicciones en Twitter y cambió de versiones durante los ocho días en que estuvo escondido hasta que pudo hablar con Montes? Fácil: Petro sabe que está “cogido”.

No hay duda. Petro miente. Cualquier neurolingüista lo puede dictaminar al ver su cara de nerviosismo en la entrevista que le concedió a Vicky Dávila -con la que reemplazó una anunciada y nunca dada, rueda de prensa -.

Por ese miedo que se le ve, por ese desespero en el que está Petro, hay que pedirle a las autoridades proteger a Juan Carlos Montes, a su familia y a todos los testigos que guardan este y los demás secretos oscuros de Petro, no vaya a ser que en su megalomanía, recurra a las viejas prácticas aprendidas en el monte, en su inveterada costumbre de, a través de todas las formas de lucha, lograr sus objetivos: la verdad está en salvaguardar la vida de los testigos, ¡hay que protegerlos !

La ñapa I: Los perros de presa de Petro están haciendo seguimiento a mis movimientos y a los de mi gente. NO me van a amedrentar: yo publico mi vida en las redes sociales.

¿Ustedes, mamertos disfrazados de impolutos, aguantan que se publique tan solo una parte de sus torcidas costumbres y reuniones?, ¿se animan?

La ñapa II: En una semana se fueron dos grandes colombianos: el expresidente Belisario Betancur y Doña Saray Castilla de Bechara, eximia dama bumanguesa que realizó importantes iniciativas educativas en el departamento de Córdoba. Paz en la tumba de ambos y un abrazo solidario a sus familiares.