Un paraiso llamado «Nuevo Milenio»

Abogado, Carlos Frasser- Columnista de Río Noticias.
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Se acercaba el fin del siglo XX y el mundo se encontraba expectante acerca de los cambios y las novedades que los profetas habían previsto que ocurrirían al llegar el año 2.000. La transición de siglo y de milenio generaba ilusiones y temores que el tiempo fue disipando, en algunos casos superados sin mayor inconveniente, como el famoso Y2K que amenazaba con enloquecer la programación de los computadores; y en otros, graves y sin solución aún en estos días, como el cambio climático.

Sin embargo en Montería, un grupo de “afiebrados” estaban ocupados en una tarea mucho más grata y reconfortante, dirigida a la constitución de un club de fútbol para aficionados mayores de treinta años, con el fin de adecuar un terreno y afiliar socios para desarrollar un torneo que desde esa época se disputa religiosamente todos los sábados por la tarde.

Fue así como los pioneros de este proyecto, encabezados por el Profesor Evaristo Bejarano, el Capitán Hincapié, Pedro Cordero, José Luis Garcés, Orlando Jiménez, Emilio Zumaqué (q.e.p.d.), Mauricio Echeverri, el flaco Márquez, entre otros, adquirieron un lote en la vía que de Montería conduce al corregimiento de “Los Pericos”, y con esfuerzo, dedicación y sacrificio de sus propios intereses personales, construyeron ese paraíso denominado “Corporación Deportiva Nuevo Milenio”.

Para quienes disfrutamos del fútbol las instalaciones del club representan un lugar que raya en la perfección, en el que desde que se traspasa la puerta de entrada se observan las arquerías, las gradas, el rectángulo demarcado con ese contraste inigualable de verde y blanco, los camerinos, y lo que es más importante, la frenética actividad de jugadores corriendo en disputa del balón, acompañados del ruido del pito del árbitro y los gritos de técnicos y aficionados, que dibujan la alegría y la emoción de este maravilloso deporte.

En ese terreno de juego se han reunido viejas glorias del fútbol cordobés demostrando la técnica y destreza que aún conservan, insinuando que esta tierra ha debido tener mayor representación a nivel profesional e internacional, y que la falta de oportunidades de aquellas épocas, y la ausencia de disciplina en otros casos, truncaron la posibilidad de brillo de muchos de los que se formaron en los playones monterianos de la década del 70 y del 80.

Para quienes como yo, el talento no nos alcanzó para tanto, compartir la tarde con quienes forjaron el camino de los que hoy triunfan y son famosos en el fútbol profesional es sumamente grato, escuchar las historias de los viejos campeonatos del batallón, de los legendarios equipos como el de Postobón de Pacho Buelvas, del famoso “Juventud” del profesor “Cote”, de la dinastía de los ”Vergara”, de los épicos enfrentamientos entre el barrio “La Coquera” y “La Granja”, y tantas anécdotas más; es suficiente para no dejar de cumplir esa cita ineludible de los sábados por la tarde.

En mi caso personal el “Nuevo Milenio” ha sido durante veinte años el refugio en momentos duros y de crisis, y el detonador de alegría en las épocas de buenas noticias. He cultivado en ese lugar grandes amistades y casi hermandades, basadas en la afinidad de tener como denominador común la pasión futbolera.

El abrazo fraterno con los compañeros de equipo y los rivales ocasionales me ha reafirmado la idea de que las diferencias y desencuentros de los seres humanos, son simples manifestaciones de la mezquindad propia de nuestra imperfección, fáciles de superar y eliminar a través de mecanismos que, como el fútbol, nos enseñan que lo importante no es ganar o perder, sino la magia que conlleva trabajar en armonía por un propósito común, cuyo final, al igual que el disparo del cobro de un tiro penal, nadie sabe dónde va a terminar.