Una boda que me dejó sin aliento

Angélica Fuentes. Columnista de Río Noticias.

Realizar una boda en una ciudad diferente a la nuestra es realmente todo un desafío. Aquí comienza mi historia en la ciudad de Barranquilla.

Particularmente me encanta realizar bodas en ‘La Arenosa’ ya que hay muchos lugares espectaculares para realizar un magnífico evento y éste no fue la excepción.

Esta pareja, a la que estimo mucho, me contrató con 6 meses de anterioridad. Yo estaba muy emocionada. Pues la confianza al haberme escogido entre tantas Wedding Planner de Barranquilla, fue un honor para mí.

Todo el proceso fue maravilloso. Fueron una pareja cariñosa, con un carisma especial; todo lo que le ofrecía a ella le encantaba, y todo lo que ella me pedía yo la complacía. Realmente hubo una química entre las dos como cuando uno dice: “escogí a la que era”.

Pasó un mes después de la contratación y viaje a Barranquilla a conocerlos. Cuando nos vimos parecía que nos conociéramos hace muchísimo tiempo, esos días fueron muy especiales. Visitamos el lugar de la boda, conocimos los espacios para el diseño de la decoración, hicimos pruebas de menú, de peinado, maquillaje en fin.

Supe aprovechar mi tiempo como toda una profesional para dejarles todo listo y solo quedaría a esperar a que llegara el gran día.

El transcurrir de los meses pasaron y llegó la semana de la boda. Yo estaba lista para viajar y con mi equipo empezar a trabajar. Estaba ansiosa, preocupada, tranquila, tenía muchas emociones al tiempo porque aunque parecía que todo estaba listo siempre pueden suceder imprevistos que a última hora y debía estar preparada; pero recordando que era una ciudad diferente era lo que más me estresaba ya que no conocía mucho y tenia que resolver con lo que estaba solo a mi alrededor.

Llegamos un día antes a la ciudad. Empezamos todo el montaje, estaba todo muy tranquilo y la noche se fue sin ningún tipo de inconvenientes. Al día siguiente era la esperada boda y desde temprano terminando los arreglos florales y demás cosas para que a tiempo estuviera todo listo.

La ceremonia iniciaba a las 6 en punto de la tarde y ya eran las 4. Yo arreglada, ultimando detalles de la decoración, revisando que todo estuviera en su sitio, colocando los souvenirs en cada puesto, visitando a la novia que estaba hospedada en el mismo hotel de la recepción; y como si tuviera toda la tarde para mí, salí tranquilamente del hotel a las 5.10 P.M rumbo a la iglesia.

Los que conocen Montería saben que todo esta a 10 minutos, y con trancones 15 minutos. Pero había olvidado ese pequeño detalle: que estaba en Barranquilla.

Coloque el Wase, y cuando vi el trayecto y el tiempo que eso me generaba, entré en un estrés que no podía creer porque la aplicación me decía que estaba a 40 minutos para llegar a tiempo a la iglesia.

Iba en mi carro con mi esposo y no podía hacer nada, ni coger atajos por temor a perdernos. Lo único que podíamos hacer era ir por donde el Wase nos indicara. Se hicieron las 5.30 y ya la novia estaba afuera de la iglesia esperándome y todos los demás dentro de la iglesia. Ella me llamaba y yo desesperada pero con voz de tranquilidad le decía que ya iba en camino que ya casi estaba llegando ¡Jaja! En serio, me río ahora al recordar esto pero fue un momento demasiado estresante para mi.

No veía la hora de llegar, faltaban 15 minutos para las 6 de la tarde y vi a lo lejos la cruz en la parte de arriba de la iglesia; y como era de esperarse había un trancón tan grande que daba la vuelta y no podía esperar. Así que bajé del carro, me levanté el vestido y con los tacones puestos empecé a correr por las calles de Barranquilla.

Corrí demasiado. No tuve que ver con peinado ni lujos. ¡No tuve que ver con nada! Y para colmo la novia no dejaba de llamar. Cuando miro hacia atrás veo que el fotógrafo también viene corriendo detrás de mi y me dice: “si tú vas tarde entonces nosotros también”

Llegué sin aliento a las 5.55 P.M directamente a bajar a la novia del carro. Organicé a todo el personal y comenzó la ceremonia. ¡Dios! No podía respirar y me senté a descansar.

Por fortuna todo después transcurrió de manera excelente. La fiesta fue todo un éxito y la novia no dejaba de sonreírse al imaginarme corriendo con vestido y tacones por las calles de ‘La Arenosa’.

¡Todo lo que uno hace por ellas! El valor de un evento no es el dinero sino la satisfacción del deber cumplido. El saber que esa pareja quedó más que feliz por su hermosa boda, no importó a mi comodidad ni mi apariencia. En ese momento solo importaban ellos.

Con Amor Angie S. Asesora de Bodas
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