Antes y después del 20 de julio

Gustavo Garnica. Columnista de Río Noticias.

Cuando los europeos llegan a nuestro continente, lo cual sitúa históricamente el 12 de octubre de 1492, se produjo, lo que desde el eurocentrismo han denominado “el descubrimiento de América”, que no fue tal, sino una conquista – por la fuerza y con el crucifijo -, en nombre de la civilización – europea – a los que concibieron como los nuevos bárbaros.

Este proceso de “civilización” que concuerda con el renacimiento, significó el primer holocausto, propinado éste, a los pueblos precolombinos, a su cultura e instituciones. Contrariamente a lo que la historia ha mostrado, nuestros pueblos, a la llegada de los “civilizados civilizadores”, también tenían civilizaciones, con instituciones dentro de las que podemos mencionar la propiedad colectiva de la tierra, división de labores, regímenes de tributos, creencias mágicas ancestrales, jefaturas, organización económica, división en tribus y confederaciones de tribus, el matrimonio, formas de sucesión, estratificación por actividades sociales y económicas, economía mercantil, etc.

La agenda civilizadora termina por imponerse y el proceso de colonización crea un nuevo orden social en América, en el que insertan las colonias a las monarquías reinantes en el viejo continente.

En nuestro caso específico la de los Reyes Católicos que habían conquistado la península Ibérica, y que mantenían un modelo absolutista y opuesto a las ideas de la ilustración europea, los cuales sometieron a las colonias a diversos tipos o formas de gobierno, o mejor, de dominaciones: gobierno de Castilla de Oro, Audiencia del Nuevo Reino de Granada, Presidencia de la Nueva Granada y el Virreinato de Santa Fe o del Nuevo Reino de Granada.

Todos estos significaron el saqueo de nuestros recursos naturales, la casi extinción de los pueblos precolombinos, la instauración de la esclavitud de los indios y luego de los negros traídos desde áfrica; y correlativamente el derroche de la monarquía ociosa española, de las riquezas de sus colonias, que alcanzó para inundar de oro y riquezas a toda Europa.  

En nuestra América – no en Norteamérica -, surgió una nueva clase, una nueva elite criolla – españoles americanos -, inconformes con el gobierno – el de las colonias – inicialmente, no lo estaban con el Rey, a quien le guardaban obediencia.

Esto explica que no haya sido un criollo sino un negro – Benkos Bioho – traído Guinea Bissau en África Occidental, quien anticipadamente inició una rebelión que consiguió un acuerdo de paz con el entonces gobernador de Cartagena, Gerónimo de Suazo y Casasola en 1612, el cual fue violado por su sucesor en 1619, siendo finalmente asesinado y descuartizado Benkos Bioho en 1621, lo cual parece ser un desenlace constante de los acuerdos de paz de nuestra historia. Ya sea con los españoles o con el Estado colombiano y sus diversas configuraciones, representado por reciente y vieja a la vez, élite dominante actual. 

Es posteriormente, que comenzaron a presentarse movimientos de rebeldía de los criollos, como el de comuneros, liderado por José Antonio Galán en 1781, principalmente en contra los impuestos del gobierno español, pero no contra el Rey mismo, pues de ese suceso surgió la frase:

viva el Rey, abajo el mal gobierno”. Movimiento que terminó con la muerte de Galán por parte de los ancestros españoles de quienes muchos años después, en connivencia con la mafia con la cual aun conniven, habían de organizar, en Soacha, un pelotón de fusilamiento, en este caso, contra otro santandereano: Luis Carlos Galán, quien se distinguió políticamente por tener como banderas la mayor democracia, la paz, la justicia social y la igualdad, enarbolando siempre sus ideas liberales – no las del desprestigiado, en su momento y ahora, partido, sino las de la filosofía liberal surgida de la ilustración, en los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y Francia principalmente -.   

En medio de todo el agitamiento de las colonias, que comenzaron a revelarse en contra de los gobiernos coloniales, pero aún no en contra del Rey, se dieron unos sucesos internacionales que los historiadores señalan, influyeron en lo que se ha llamado proceso de independencia, como lo son la Independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano (1789).

Que sin duda significaron referentes prácticos y a su vez teóricos para las elites coloniales, que se nutrieron intelectualmente de la ilustración europea. Lo cual va a significar el conocimiento de las ideas liberales clásica a las que hacíamos referencia, que consistían y aun consisten, en una contradicción al antiguo régimen absolutista de concentración de poder, que España mantuvo mucho más que sus vecinos de la Europa occidental.

Pero ocurrió un hecho significativo que comenzó a debilitar el poder europeo en las colonias americanas, o por lo menos el poder español. Se trató de la invasión de Napoleón a España, y la imposición de su hermano José como Rey – de quien cuenta la historia fue bautizado socialmente como pepe botellas, aunque afirman que era abstemio y se ganó ese remoquete por su favorecimiento a las industrias de los licores – lo que significó que Camilo Torres escribiera el documento “Representación del muy ilustre Cabildo de Santafé a la Suprema Junta Central de España” en 1809, el cual se conoce como memorial de agravios, lo cual no constituía, aún, una proclama de independencia.

En todo caso, de esta, solo se habló inicialmente, pero no respecto de la depuesta monarquía y el depuesto Rey Fernando VII, sino respecto del nuevo poder Napoleónico.

Estos pasajes de la historia dan cuenta de cómo a pesar de la explotación española, las elites coloniales le seguían siendo fieles y leales al Rey, incluso ya depuesto. Lo que parece indicar una propensión de éstas, incluso en nuestros tiempos, a la adhesión irreflexiva a reyezuelos sin títulos nobiliarios, y más bien con títulos deshonrosos, pero detentadores de un poder artificial, que solo lo tienen por la suma de los poderes individuales de quienes irreflexivamente se desprenden de la porción que ostentan y se lo tributan, convirtiéndolos – a los reyezuelos – en soberanos por encima de la ley.                     

Las verdaderas ideas independentistas, de ruptura con la monarquía española, se dieron luego del grito de independencia que obedeció a la firma del Acta de Independencia de la Junta de Santa Fe, entre otros, por parte de Camilo Torres y José Acevedo y Gómez – el Tribuno del Pueblo -, luego de los acontecimientos desembocados por el pedido que los hermanos Morales y Pantaleón Santamaría (criollos) le hicieran a José Gonzáles (español), de un objeto, que la historia ha querido significar en un florero, pues se habla de un farol o de un ramillete, para agasajar a Antonio Villavicencio (criollo), a lo cual el tendero se negó, cortésmente, alegando el mal estado del mismo.

Pero ese fue el detonante para que la revuelta que ya venía siendo planeada por una junta de notables que con anterioridad se había constituido, terminará en nuestros días con la “celebración” del 20 de julio, que muchos colombianos desconocen a qué obedece, Así como se desconocen muchas escenas de nuestra historia, a pesar de que parecen recogidas en tira de película de cine, y se repiten una y otra vez, cambiando solo los actores y un poco los escenarios, pero siempre conservando el mismo libreto.

El 20 de julio no significó la independencia definitiva, pero si el inicio de una época histórica marcada por el anticolonialismo, pero también por la pugnacidad interna frente a propuestas de gobierno y organización, entre centralismo – auspiciado por Antonio Nariño –  y federalismo – por Camilo Torres -. No se logró establecer un orden político que alcanzara legitimidad en términos de aceptación, que garantiza derechos y supliera necesidades y por lo tanto no se aseguró la sustitución de la violencia, la cual hoy en día aún subsiste, como un presente de nuestra historia pasada y como un recuerdo imposible de olvidar, incluso con el “aparato para olvidar los malos recuerdos” que los gitanos llevaron a Macondo, o mejor, que trajeron a Macondo.         

NOTA FINAL: Este artículo tiene segunda parte, la cual será publicada el domingo 19 de julio, pero ojalá no el artículo, sino nuestra historia también la tuviera, y otro 20 de julio tuviera que escribirse como un acontecimiento de independencia definitiva respecto de la clase política – tradicional y emergente por nueva pero no por renovadora – que, desde la independencia hasta nuestros días, contadas con menos de los dedos de una sola mano las excepciones, ha significado cambiar el yugo español, por unos locales – con poder político y económico – y otros internacionales – con poder económico capaz de subordinar al político -.  1era parte de este artículo.