Aves y corales de la reserva del caribe se encuentran bajo amenaza y podrían desaparecer en 10 años

La fundación alemana Franz Weber desarrolla la iniciativa ‘Gran Sea Flower’ para salvar la biodiversidad del Caribe, pues, según la organización, de las 57 especies de coral que habitan la reserva, el 90% se encuentra en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, IUCN.

Asimismo, el 55% de las aves están bajo amenaza, por lo cual, afirma la fundación, el proyecto una prioridad con el fin de cuidar la biodiversidad de la región. Además, si se lleva a cabo la iniciativa, sería la primera reserva transfronteriza a seis partes, pues solo existen acuerdos entre dos y tres gobiernos. En Latinoamérica El Trifinio es uno de estos tratados de tres partes, compuesto por El Salvador, Guatemala y Honduras.

Leonardo Anselmi señala dos datos concretos para entender la importancia de la iniciativa. La primera hace referencia al valor de los corales los cuales sostienen la biodiversidad del hábitat marina y oceánica. Si llegan a extinguirse, señala Anselmi, quedarían pocas semanas de existencia para la vida marina.

El segundo elemento es el alcance y la envergadura del sistema coralino de San Andrés, el tercero más grande del mundo conocido como ‘Sea Flower’. Por ello, se espera ampliar el área coralina de 180.000 km ² a 500.000 km ² e incluir a países como Jamaica, Honduras, Nicaragua, Panamá y Costa Rica. Además, esta zona se ha convertido en uno de los últimos santuarios de tiburones de arrecifice que quedan en el mundo.

La existencia del pez loro es clave para mantener sano el ecosistema coralino. Foto: Coralina.La existencia del pez loro es clave para mantener sano el ecosistema coralino. Foto: Coralina.

Esta ampliación estaría regida bajo tres radios de protección: el primero prohibiría cualquier contacto con el área, salvo para expediciones o investigaciones científicas. El segundo correspondería a un anillo en el área de contención o amortiguamiento y, el último radio, sería el de explotación que excluye la pesca industrial, extracción petrolera y el “turismo desvocado”, el cual debe ser reemplazado por un turismo reconstitutivo para no alterar la biodiversidad.

Este acuerdo transfronterizo intenta evitar un colapso ambiental ad portas en el caribe suroccidental, capaz de transformar el spot más biodiverso de las américas en un mar muerto, “solamente agua y sal”, señala Anselmi. Está respaldado, además, por las comunidades raicales o creoles del Caribe suroccidental, las organizaciones ambientales de los seis países y el acompañamiento y apoyo de la comunidad internacional. Este amarre, en palabras de Anselmi, permite la generación de nuevos acuerdos de cooperación para presentar propuestas formales a los gobiernos de dichos países. Se espera que los gobiernos adapten las medidas ya tomadas por las comundiades culturales y las organizaciones ambientales en pro de la protección de la biodiversidad marina.

Lo que recalca Anselmi, además, es que todos estos países representan distintos ecosistemas unidos entre sí por las corrientes marinas, es decir, se generan relaciones de dependencia que hacen casi imposible una división o tratamiento disinto de los corales. “La naturaleza no responde a las divisiones de los territorios y maritorios”, reitera Anselmi. Esto pone sobre la mesa una nueva concepción de los hábitats, pues ya no deben ser pensados según los límites de las fronteras, sino desde lo transfronterizo. Además, es un llamado internacional dada la interconectividad global de los océanos y la vida marina.

Ahora, la oportunidad del Caribe, pese a estar en una grave situación ambiental, es demostrarle al mundo cómo, mediante la consonancia y unidad de distintos ejes, es posible proteger nuestra biodiversidad. “Sería un buen y ejemplo y una gran lección el resto del mundo”, afirma Anselmi.

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