Bogotá impacta a la Nación

Columnista, Horacio Garnica.

No residir en Bogotá, no impide estar – ojo pelao- ante lo que allá suceda. Quiérase o no, todos los sucesos capitalinos impactan positiva o negativamente en el resto de país; la circunstancia político- administrativa, de que Bogotá sea la capital de la República de Colombia y sede del gobierno central; dota a todos los colombianos de deberes y derechos en lo relacionado con hechos y sucesos que tengan ocurrencia en el Distrito Capital.

Claro que la cultura a Colombia entró por la costa, a la orilla de las aguas del mar Caribe, así como nacieron las grandes civilizaciones, rodeadas del mar Mediterráneo, el mar Caspio y el mar Arábigo; Egipto circundado por el río Nilo; Mesopotamia por el Tigris y el Éufrates; China por el Hoang-ho y el Yang Tse Kiang, y la India por el Indo y el Ganges.

No obstante, siempre, y en la hora de ahora más; con el omnímodo poder de «el manduco» del Presidente de la República, revestido de un mandato excepcional; estamos con más rigor sometidos a un asfixiante centralismo, y a los designios de la inconformidad insatisfecha: «de que el que manda, manda, aunque mande mal».

A lo mejor por esta lógica, hay en Colombia dos grandes Federaciones, supuestamente creadas para defender los derechos, intereses y autonomías de los departamentos y municipios; estas son las llamadas: Federación de Departamentos y Federación de Municipios. Hoy, de acuerdo a su comportamiento son más bien: FEDERACIÓN DE APLAUSOS DE DEPARTAMENTOS Y FEDERACIÓN DE APLAUSOS DE MUNICIPIOS; de todo lo que dimane del poder central, y de esta manera vigorizando el centralismo político administrativo. ¡QUE DESPROPÓSITO!

El hecho y el suceso que hoy atrae la preocupada atención de los habitantes de Bogotá y del resto del país es: el coronavirus COVID 19, al igual que los adecuados planes, programas, proyectos y acertadas políticas públicas, para enfrentar la letal pandemia, y la taxonomía de consecuencias que genera la novedosa epidemia, el nuevo estilo de vida al que hay que acostumbrarse hasta cuando los científicos descubran la anhelada y providencial vacuna.

Es de elemental sentido común comprender que el tratamiento de la pandemia en Bogotá; DEBE ser DIFERENTE en algunos casos al tratamiento dado en el resto del país. Ilustra lo recién afirmado, el hecho de que el coronavirus COVID 19 entró a Colombia por Bogotá, lo trajo en vuelo aéreo una persona, ignorante de que cargaba en su cuerpo una desgracia; es por esta infeliz circunstancia, Bogotá; el foco inaugural y propagador de la susodicha pandemia en Colombia.

Del efectivo control que se haga a su propagación en la capital, también depende en gran parte su propagación en otros entes territoriales. Bogotá es una ciudad de 7.181.469 habitantes, sin contar los habitantes de Soacha y de las Sabanas Centro y Occidental que trabajan en ella. El número de camas existentes, ventiladores mecánicos, UCI, bio protección y algo más en forma deficiente, con que cuenta Bogotá para ganarle la vida al COVID 19; no garantiza el cabal cumplimiento, éxito y efectividad de los protocolos pertinentes, en muchos casos burlados por el sagaz y mortal virus.

Sabe la alcaldesa de Bogotá Claudia López, que el presidente de la república no es infalible, él mismo lo sabe; de ahí algunas equivocaciones presidenciales, que la alcaldesa no las deja pasar; por el conocimiento y responsabilidad que tiene con Bogotá; de ninguna manera es un pugilato de poder, porque ella misma sabe del poder preferencial del presidente, poder que es aupado por sus cortesanos que en gavilla la enfilan contra la mandataria; además de los aplausos por parte de las federaciones de municipios y de departamentos a todo lo que haga o deje de hacer; hasta de disponer de recursos regionales que esas Federaciones deben defender. Son Federaciones de “¡AMEN!», y de loas a todo lo que haga o deje de hacer el presidente. Creen ellos ser amigos de él, es menester recordar que “amigo no es el que te hace reír con mentiras, sino el que te hace llorar con la verdad”.

El carácter que no tienen los aduladores y supuestos amigos del presidente para hacerle ver lo que no está bien, lo tiene la alcaldesa Claudia López, al consignar en una carta enviada al primer mandatario, donde le propone que la apertura a la economía sea gradual, por fases; acorde con los cuidados pertinentes para salvaguardar la vida.

Una equivocación en Bogotá inducida por el presidente en lo relativo a la cuarentena y a la apertura, impactaría en toda la nación. Lo mejor no es imponer a punta de discrecionalidad excepcional del presidente, lo mejor es actuar con sindéresis político- administrativa, y en armonía con los mandatarios municipales, distritales y departamentales; y, más en estos momentos de crisis.

Sabemos que el primer contingente que enfrenta al coronavirus COVID 19, son los médicos, enfermeras, los terapeutas y otro personal afín, ellos son carne de cañón de la pandemia; víctimas de la misma a la mínima espabilada . A partir del lunes 27 del presente los potenciales carne de cañón de la epidemia de moda son los obreros de la construcción y de las manufacturas. Esta epidemia que fundamentalmente ha atacado a las élites y a personas acomodadas que viajan por el mundo; pueda ser que, en Bogotá, por poner un ejemplo clásico; con la apertura a la economía, y aferrándonos a » San Agárrate», ojalá no llegue a los lugares barriales donde viven los obreros de las industrias antes mencionadas. Eso sería el Apocalipsis Pandémico y eso no lo quiere la alcaldesa y tampoco el mismo presidente.