Colombia: Un país, en manos de una institución manchada por el abuso, corrupción y desprestigio

Carlos Sánchez- Columnista de Río Noticias.

El ASESINATO Javier Ordoñez Bermúdez, Ingeniero aeronáutico, estudiante de Derecho próximo a recibir su diploma, padre de dos hijos, quién como muchos en este país, se dedicaba, a pesar de  culminado una carrera profesional, al empleo informal manejando un taxi y así poder llevar el sustento a su familia, por parte de agentes de la siempre cuestionada institución de la Policía Nacional, rebosó la copa de los Colombianos, frente los distintos actos de atropellos de la fuerza pública contra cientos de ciudadanos en el país, en reiteradas ocasiones.

-Ya, por favor, ya, no más, por favor-, Así suplicaba el occiso ante el brusco, demencial y excesivo sometimiento al que fue puesto el abogado con una pistola supuestamente “NO LETAL” como lo es la táser; cabe recalcar que el ciudadano fallecido fue llevado hasta el CAI de una localidad de Bogotá, donde fue innecesariamente rematado a golpes y bolillo por el resto de uniformados que se encontraban de turno esa noche.

El juramento que todo oficial hace al izar bandera, se supone, es el de: “salvaguardar vidas y de respetar los derechos fundamentales de toda persona”, pero contrario a esto, parece que el uniforme que llevan puesto, los hace olvidar de los principios éticos y valores con los que son formados dentro de la institución, al igual que el sentimiento de humanidad y empatía por el prójimo.

Pero ¿Es este el único caso se abuso de autoridad en nuestro país? A continuación, me permito mencionar los casos más emblemáticos de la fuerza desmedida de la Policía Nacional, hacia los ciudadanos:

  • Dilan Cruz, un joven asesinado el 23 de noviembre del 2019 a manos de un miembro del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía quien le disparó una bolsa llena de perdigones que le impactó en la cabeza. Cruz asistía a las protestas sociales contra del Gobierno de Iván Duque.
  • Anderson Arboleda, un joven afrodescendiente al que mataron el pasado 20 de mayo de 2020 y quien falleció en una clínica de la ciudad de Cali, en el suroeste del país. El joven estuvo en coma, con muerte cerebral, después de que varios policías lo golpearan.
  • Uno de los casos más representativos de la brutalidad policial en Colombia fue el del asesinato del menor de edad y grafitero Diego Felipe Becerra, en 2011, quien fue vilmente impactado a bala por la espalda en varias oportunidades. Cabe recalcar que el asesino del joven, el expolicía Wilmer Alarcón hoy día es prófugo de la justicia.

La noche del 9 de septiembre ardía la capital del país, por un “Mal procedimiento judicial”, llamando así a la brutalidad policial cometida, en donde cientos de manifestantes alzaron su voz de rechazo ante una institución que ha cobrado la vida de muchos de civiles, personas como usted y como yo, que nos dedicamos a estudiar, a trabajar, muchas veces a protestar en contra de los abusos de nuestro sistema, pero nada, absolutamente nada, justifica el hecho de arrebatarle la vida a una persona y más aún de la forma tan desalmada, como lo ha hecho la policía nacional en innumerables ocasiones, algunos, quedando en el anonimato.

Es preciso y muy triste afirmar que hoy la ciudadanía les teme más a los policías, que a los mismos bandidos que están en la ciudad. El pueblo se cansó, se indignó y por eso sale a la calle a protestar en contra de una institución que se ha visto envuelta en muchos actos de corrupción, asesinatos y abuso del poder.

Recordando las palabras de Simón Bolívar “Cuando la tiranía es ley, la revolución es un derecho” reflexión que refiere al derecho legítimo de un pueblo a resistir a la opresión. De esta manera, el libertador llevaba a cabo una defensa a ultranza de los derechos humanos más elementales y naturales, cuya violación no se restringe, necesariamente, a gobiernos de facto o usurpadores. De ello se desprende que el pueblo es capaz, legítimamente, de resistir y finalmente, derrocar al gobierno de turno en caso de que el mismo violente o desproteja esos derechos asociados al gobierno democrático.

No es que esté de acuerdo con la violencia, no, pero parece ser que, en Colombia, la única forma para que el pueblo sea escuchado es tomando las vías de hecho. El país cada vez más ensancha el rojo de su bandera, la sangre sin cesar de las personas que a diario mueren a manos de grupos al margen de la ley, y en este caso, el más preocupante, a manos de la fuerza pública por sus descomunales excesos conllevan a Colombia a ser parte de la lista de uno de los países más violentos del mundo.

El reflejo de lo que hoy está sucediendo en Bogotá, es el resultado de un pueblo cansado, desesperado de los abusos, injusticia e impunidad que deja a una institución que cada vez más es desprestigiada a nivel nacional por sus conductas delictivas y sus asociaciones con bandas criminales, y no lo digo yo, lo dicen los múltiples actos de corrupción que se destapan en una institución gallarda con el ciudadano desarmado e indiferente con la delincuencia. La Policía Colombiana no parece ser una entidad profesional, sino, un montón de personas que solo se dedican a crear miedo y odio en los ciudadanos colombianos.

La policía Nacional “la de los colombianos” debe evaluar sus procedimientos y protocolos, se necesitan procesos de formación y educación efectivos, para que quienes portan el uniforme sean policías integrales. Comprendamos que, en nuestra Constitución Política de Colombia, en el artículo 11 el respeto a la vida es fundamental e inviolable.  O es que acaso ¿son funciones de la policía encerrar a una persona en un CAI y masacrarla a golpes entre siente policías? Si no es así, no hay una sola razón para que lo juzgue la justicia penal militar. Esto es competencia de la justicia ordinaria. No hay duda alguna que esta institución dedicada a cuidar a los ciudadanos, cada vez más pierde el respeto de los ciudadanos, pues sus miembros las leyes por su cuenta y hacen perder la credibilidad de confiar en sus servicios.

Para finalizar, considero que el “presidente” de Colombia, Iván Duque, debe presentar de manera urgente, una reforma estructural a la policía, que modifique sistemas de reclutamiento, entrenamiento y sanción. A mi juicio, opino que para prevenir los casos de abuso policial es menester que se debe contemplar de obligatorio cumplimiento, una formación a través de capacitaciones en todo lo relacionado con los derechos humanos.

La policía nacional, no puede seguir asesinando indiscriminadamente a los ciudadanos, esto conlleva a un pueblo a enardecer y fomentar actos de vandalismo, y ya es suficiente vandalismo como el de darle 370 millones de dólares a una empresa privada extranjera, mientras que a sectores como el de la cultura, deporte y ciencia, tienen migajas.

En memoria de todos aquellos colombianos fallecidos a manos del Estado Colombiano.

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