Con esta situación, ¿la U. me renovará el contrato docente?. Consejos

Docentes preocupados por la situación económica en Colombia- foto tomada de la Internet.

 La pandemia ha traído un desafiante reto a los docentes de la metodología presencial. La esperada caída en la matrícula llevará a las IES a reducir su número. ¿Cómo sobrevivir?

Durante mucho tiempo se aplazó el debate sobre la conveniencia y efectividad o no de la docencia virtual y de la adopción de plataformas, aplicaciones, redes y softwares en programas de metodología presencial. El sistema mantenía una clara frontera entre ésta y las opciones de virtualidad, y universidades contrataban profesores con experiencia profesional, formación académica y conocimiento pedagógico, así estos no conocieran ni hubieran trabajado nunca con plataformas virtuales.

Aún sin terminar la crisis del Covid 19 en la educación superior, desde ya hay una conclusión clara, y es que la educación superior no volverá a ser la misma y más allá de las dificultades tecnológicas, la limitación de conocimientos y las reservas paradigmáticas sobre la virtualidad, la enseñanza – aprendizaje se modificará en sus formas y obligatoriamente incorporará de forma definitiva a la tecnología.

Estas semanas de pandemia y las que restan para finalizar el semestre académico 2020-1, el obligado cambio de la presencialidad a la virtualidad ha significado para los docentes un descubrimiento positivo, para muchos, y un trauma, para otros tantos, así como una “revelación” para los directivos y rectores universitarios: Para el próximo semestre será obligatorio ajustar los esquemas de contratación, planeación, entregas, cargas académicas, perfiles de los docentes y, tal vez, hasta sus salarios.

No sólo por el nuevo escenario pedagógico, sino -especialmente- por la situación económica que comienzan a enfrentar las IES ocasionada por la reducción en la demanda (que venía dándose desde hace varios semestres, especialmente por la ampliación en la oferta de programas, nuevas IES y proveedores de propuestas educativas, formales y no formales, de menor duración, y en línea).

El diagnóstico es casi unánime a nivel mundial: La educación superior será, en el corto plazo, una de las directamente afectadas por la pandemia. La economía se contraerá y la prioridad, por encima del estudio, será el trabajo y la productividad.

Las propias asociaciones de IES, en las primeras dos semanas de la obligada virtualización, ya habían alertado sobre el impacto en su situación económica, y ya lanzaron sus “pliegos de peticiones” para que el Gobierno Nacional les ayude.

Las cifras cambian todos los días, pero se habla de un escenario de contracción de la matrícula, para el próximo semestre, que podría llegar, inicialmente, a casi el 40 % del sector. La masificación de la cobertura en educación superior en Colombia (53 %), más la demanda en formación para el trabajo y el desarrollo humano, llevó a que cientos de miles de familias de estratos medios y bajos tuvieran acceso a estos niveles educativos, y estas son -especialmente- las personas, padres e hijos, que primero se están viendo afectados en razón de la naturaleza de su trabajo y actividades de rebusque económico. Miles de estos tendrán que cancelar o suspender sus estudios mientras recuperan su vida laboral e ingresos.

Todo indica que, en un ejercicio de re-estructuración de costos, de reducción en el número de grupos de estudiantes, de imposibilidad física para cumplir metas contractuales de cargos académicos, como las relacionadas con investigación de campo, consultorías, venta de servicios, apoyo en actividades de extensión y bienestar, y en trabajo de oficina, la planeación académica de 2020-2 (y posiblemente de 2021) requiera menos docentes que los actualmente contratados.

¿Quiénes podrán sobrevivir?

El debate va más allá de lo académico y se basa en lo pragmático: Cuáles docentes son los que mejor resultado puedan ofrecer a la institución en medio de la crisis? Es decir, cuáles tienen mejor capacidad de adaptación -resiliencia-, comprensión e iniciativa.

Salvo que el docente sea indispensable (a juicio de la IES y no de él mismo), el desempeño de todos en esta crisis será determinante para asegurar o no su continuidad.

Alguna metáfora organizacional indica que de las vacas sagradas se hace la mejor hamburguesa, para dar a entender que aquellos docentes que consideran que por su experiencia en la IES, cercanía a la alta dirección o títulos, son inmunes a la crisis, podrían ser los primeros en ser sacrificados.

No sobrevivirán ni los veteranos, ni los jóvenes, por el sólo hecho de serlo, sino quienes tengan mayor disposición al cambio, y proactivamente lo asuman en sus paradigmas: el tener que evaluar de otra manera, el contemplar escenarios asincrónicos, el no ver la cara del estudiante, el no poder usar un tablero con marcador, el tener que trabajar en línea, el fijarse en los resultados y no siempre en los procesos, el replantear los tiempos presenciales, el dejar de evaluar numéricamente y emitir un concepto cualitativo….

Incluso, la humildad y proactividad para hacer trabajos no acostumbrados en su rol: Actuar como tutores de estudiantes que antes no tenía, aprender lecciones de diseño y programación, revisar la redacción y el lenguaje para la virtualidad, ajustar guías de clase, y posiblemente disposición a aceptar docencia en más grupos u otras asignaturas que le permitan ajustar su nueva carga académica, ante la reducción de sus tradicionales estudiantes o de otras labores antes contratadas.

En un escenario incierto y complejo como el actual, casi nadie parece tener asegurada su continuidad docente (algunas IES, olímpicamente, preferirán reemplazar a profesores con maestría y doctorado por jóvenes profesionales muy hábiles en tecnología, que simplemente den orientación en línea sobre contenidos ya creados para lo virtual). Lo único claro es que la renovación del contrato docente para 2020-2 no se evaluará al finalizar este periodo, sino que comenzó a tener nuevas reglas de valoración a partir de mediados de marzo pasado, y que los profesores no pueden esperar al periodo intersemestral (que ni se sabe cómo será), para ver si los vuelven a contratar.

Hoy el tema no es acreditación, sino supervivencia institucional. Mientras tanto, sería bueno que los sistemas de investigación, de productividad y medición de productos, y del sistema nacional de ciencia y tecnología, ya se estuvieran replanteando, porque las condiciones prácticas y de imposibilidad física, harán caer los indicadores en 2020.

Vía- Universidad.Edu.Co

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