Covid-19 Vs Corrupción: el virus, más allá de lo imaginable

En pleno siglo XXI, nos enfrentamos a una amenaza casi medieval, una pandemia global, un virus que atraviesa fronteras, ajeno a cualquier idea de límite territorial y por lo cual, se nos impone un aislamiento casi total, en unidades familiares, en los domicilios particulares, lo que, siendo necesario, no deja de ser un tema abrumador.

Aquella enfermedad en la que no creíamos, hoy nos está dando la mejor y peor lección de vida. Pasamos de ser libres, a estar confinados, de la calma a la zozobra, de la alegría a la tristeza. La cruda y dura realidad de la pandemia, ha desatado en mí, la firme  teoría de que la corrupción es el cáncer más detestable de Colombia.

El país ha gestionado 4.658 ventiladores, de los cuales 2.767 han sido adquiridos por el Ministerio de Salud y 1.691 por el Fondo de Manejo de Emergencias, además, cabe afirmar que el gobierno de los Estados Unidos donó 200 ventiladores mecánicos para solventar el colapso del sistema de salud. No obstante, es preciso afirmar que el gobierno pidió un préstamo de 8.500 millones de dólares al Banco Mundial y 1.600 al Fondo Monetario Internacional, con el objetivo de fortalecer el sistema de salud, proporcionar subsidios y apoyo nutricional a los hogares más pobres y vulnerables de nuestro país, así como también, mantener la liquidez y el financiamiento para las empresas.

De todo lo anteriormente dicho, surge mi inquietud: ¿dónde están los equipos médicos? ¿Dónde está todo el capital prestado? Porque si bien, en los departamentos del país, a diario vemos el fallecimiento de miles de personas esperando atención médica, respiradores artificiales o espacio en una unidad de cuidados intensivos y lo más preocupante aún, las personas de estratos 1 y 2 saliendo a calle por necesidad, a buscar el sustento de su familia, precisamente por no recibir ayuda del gobierno, exponiéndose al contagio y por ende aumentando el colapso en nuestro deplorable sistema de salud.

Geolocalizando en el territorio colombiano al departamento de Córdoba, vemos que hoy, tristemente, se encuentra en alerta roja, tras la curva ascendente de contagios por coronavirus, lo cual llevó a las autoridades gubernamentales, a tomar medidas preventivas estrictas, para salvaguardar y preservar la vida de los Cordobeses.

Hoy día, el municipio de Montería, después de realizar un análisis y la respectiva caracterización de localidades contagiadas, la Alcaldía y autoridades competentes, con el fin de frenar la expansión del Covid – 19, se vieron en la necesidad de recurrir al cierre de algunos barrios, que son considerados los de mayor propagación del virus, ya que presentan las cifras más altas. Es necesario aseverar qué, el número de contagiados acrecentó en la ciudad debido a, un plan de contingencia poco estructurado y muy flexible, añadiendo además la demora excesiva en toma de muestras y entregas de resultados para los casos estrechos, entidades de salud retrasadas en sus procesos, entre otras.

El coronavirus es un tema supremamente serio y preocupante, tan serio como la millonaria y absurda inversión en comerciales y propagandas auspiciadas por el gobierno, de uno de los países con la cuarentena más larga a nivel mundial: Colombia.

No fueron las autoridades, ni los decretos, lo que nos contuvieron, fue la misma muerte, que se proclama sin cesar, por estos días en nuestra villa soñada, esperando a ver quién le reta para llevárselo al sueño eterno, la que por fin hizo entrar en razón a los escépticos de una realidad inminente. 

Un virus hoy se proclama como amo y dueño del mundo, arrebatando la vida de nuestros seres queridos, desnudando la triste realidad en la que estamos sumergidos. Hoy sabemos más de muertos, que de la propia existencia.

Ahora más que nunca: ¡Quédate en casa, por favor!

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