De Cacagual a patrimonio cultural de la nación

Porro, termino controvertido y de diversas significaciones al que finalmente la real academia de la lengua española define como: “ música y canto originario, de la costa norte colombiana, con influencias de ritmos africanos”. Y sin lugar a dudas el porro es un género musical que hace parte de la marca identitaria y cultural de la región cordobesa, es un legado ancestral presente en las miles historias de esta población ubicado a orillas del río Sinú.

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A una sola voz, los bombardinos, los clarinetes, los platillos, redoblantes y trompetas, evocan con sus sonidos el proceso de transculturación de los negros africanos y los españoles que se lograron arraigar de una manera eterna en el ser sinuano.

La mezcla de estos sonidos musicales ha tejido un legado generacional cargado de emociones y de sentimientos, que recuerdan la conquista española y los gritos de liberación de los negros africanos; también nos recuerdan la importancia del río Sinú, cuna donde se gesta la fascinación y el deleite de las alboradas, de los fandangos y de las formas musicales primitivas representadas en instrumentos artesanales y los sonidos armoniosos del campo , interpretadas por los hombre trabajadores de la tierra, esos jornaleros que de manera empírica se hicieron músicos , trasmitiendo de manera autóctona la filosofía campesina del ser cordobés , de allí que el sonido de un bombo se parece a los golpes de un pilón de arroz y que un porro lleve el nombre de sapo o de la espuela del bagre. Por ejemplo.

En cacagual, allí nació y vive el porro; el ritmo regional al que propios y visitantes, tributamos en el marco del festival nacional del porro, el derroche y la alegría reviste a los hombres que guapurrean haciendo honor al temple ancestral , mientras las mujeres mueven sus caderas ceñidas por las velas derretidas en la rueda de un fandango.

Todos nos unimos a la celebración que data de 1977 y que se remota a 1940 como motivo de fiesta por el bicentenario de fundación del municipio de san Pelayo; cuando Don Juan Torrezar Díaz Pimienta, lo estableció con el nombre originario de Cacagual ; para ese entonces , un terruño habitado por los zenúes , a las que se consideraba como personas recias y belicosas , que Vivian desnudas a la orilla derecha del caño del río Sinú , hasta donde fueron trasladadas por Antonio de la Torre y Miranda , quien la rebautizo como san pelayo , bajo un acta que reza así : “ frente a la población de Santa Cruz de Lorica , se unen dos caños del río Sinú , que se dividen en 10 lenguas , río arriba y en medio de ella está la isla de sabá que en su mayor anchura es de unas seis lenguas , en dicha orilla de este caño , a la derecha , funde la nueva población de san Pelayo , de 276 vecinos , con 1.465 almas ” ( Sánchez juliao David , Antonio de la Torre y Miranda , fundador de 43 poblaciones en el Sinú , Montería imprenta departamental , 1970 pág. .72 ) hasta la fecha dicha población permanece acentuada en el mismo lugar , como un referente cultural del Caribe colombiano y una nueva marca de identidad para todos los colombianos y es que resulta inconcebible una corraleja , la fiesta patronal de un pueblo e incluso , cualquier festejo costeño , sin la presencia de un buen porro, recientemente ha sido aprobado un proyecto de ley en la plenaria de la cámara de representantes por medio del cual se reconoce al porro y al festival nacional del porro , en san Pelayo córdoba , como manifestación del patrimonio cultural e inmaterial de la nación , en hora buena la iniciativa cordobesa , está a dos debates para convertirse en ley de la republica.

Mención honorable para esta muestra cultural y folclórica que debe ser protegida y divulgada como parte de la identidad cultural del Caribe colombiano un orgullo patrio que haga eco con los instrumentos de la música de viento y un solo guapurreo. ¡Viva, el porro!  Artículo de opinión de: Rodrigo Acevedo Marsiglia.

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