Detectan el latido de un corazón bajo los escombros de Beirut un mes después de la explosión

Un mes después de la descomunal explosión de arrasó Beirut, un grupo de rescatistas chilenos asegura haber detectado el latido de un corazón bajo los escombros en el barrio Gemmayzeh, una de las zonas más afectadas de la capital de Líbano.

El equipo de rescate, conocido como Los Topos, ha dado la voz de alerta y se ha comenzado el rastreo a mano para comprobar si en efecto alguien puede haber sobrevivido en esas condiciones desde el 4 de agosto, cuando la detonación de toneladas de nitrato de amonio almacenadas de forma irregular causó casi doscientos muertos y seis mil heridos.

Aún quedan siete personas desaparecidas, cuyos restos no han podido encontrarse. El grupo de voluntarios chilenos tiene gran experiencia. Trabajó en el terremoto de 2017 en México y en el insólito rescate de los 33 mineros de Atacama, en Chile.

Uno de sus perros detectó rastros de posible vida humana. Confirmaron que el animal volvía a dar la señal de alarma al pasar de nuevo por el mismo lugar. Después, un escáner confirmó la presencia de unas vibraciones que también los bomberos de Beirut creen probable que se correspondan con una vida humana.

La búsqueda es muy delicada porque el edificio donde se ha producido el hallazgo presenta un riesgo serio de terminar de desplomarse a medida que se retiran escombros. Son necesarias grúas para sostener parte de la estructura mientras prosiguen los trabajos.

Contexto: ‘Mi casa y trabajo estallaron en la explosión de Beirut’: Colombiana Luisa Arboleda vive en la capital del Líbano desde diciembre de 2019.

El martes 4 de agosto, como era costumbre, Luisa Arboleda y su esposo, Jean Antoune, estaban hablando por teléfono. Él estaba emocionado contándole sobre las posibilidades de abrir un café en Turquía. Colgaron y dos horas después Luisa recibió de nuevo una llamada de él.

“Estalló una bomba en Beirut, fue lo primero que me dijo. Estaba desesperado y angustiado, y me decía: nuestra casa, nuestra casa. Yo no le entendía, y le pregunté: ¿tus papás están bien? Y me dijo: sí, pero nuestra casa está destruida, el café está destruido. Me dijo: te acuerdas del puerto. Y le dije: sí, claro. Explotó de tal manera que dañó el café, la casa, y no encontramos a un familiar”, le cuenta la colombiana de 31 años a EL TIEMPO.

En ese momento Luisa quedó en ‘shock’. No entendía qué estaba pasando. Vio las noticias y ahí comprendió. “Cuando vi las explosiones dije: Dios bendito. Lloré, me arrodillé y le di gracias a Dios porque él hace las cosas en su momento. Me mandaron un video y yo temblaba de sólo pensar que si hubiera estado en el café me hubiera afectado, si fuera caminando a la casa me hubiera cogido y si hubiera estado en la casa no hubiera sobrevivido”.

Si hubiera estado en el café me hubiera afectado, si fuera caminando a la casa me hubiera cogido y si hubiera estado en la casa no hubiera sobrevivido.

El 29 de junio, Luisa y Jean se habían despedido. Ese día la manizaleña tomó un vuelo desde Beirut, Líbano, hizo escala en París y voló hacia Bogotá, Colombia. Regresó a su tierra natal para renovar su visa y así poder devolverse a Líbano.

Su esposo también había salido de Líbano. El 2 de agosto tomó un vuelo hacia Turquía para realizar un curso de café latte que duraba diez días.

Ese martes sus amigos en el Líbano le mandaron videos de cómo había quedado la ciudad. Las imágenes de ruinas y destrucción la devastaron.

Su apartamento quedaba en frente del puerto, a cinco minutos caminando. “Al día siguiente el señor que cuida el edificio entró al apartamento y nos grabó un video y cuando yo vi eso no pensé que estuviera en ese estado tan lamentable. Vi el video y estaba todo revuelto, no había paredes, ni ventanas, ni cocina, la habitación donde dormíamos tenía el clóset encima, no había balcón, una habitación estaba a punto de caerse. No podía creer que así hubiera quedado nuestra casa y lloré de la angustia”.

La explosión causada, por 2.750 toneladas de nitrato de amonio, ocurrió en el puerto de Beirut, una de las zonas favoritas de los extranjeros por su arquitectura antigua que encantaba a cualquier espectador. Hubo más de 171 muertos y 6.500 heridos. A unos pocos metros de allí quedaba su café: ‘Cortado’, un punto de referencia para libaneses y turistas.

Este café fue creado hace dos años por Jean Antoune y su primo. Tras casarse con Luisa, en abril de este año, empezaron a trabajar juntos allí.

Por ello, el café también quedó en cenizas. “Yo no podía creer cómo quedó el café. La puerta se levantó y en el baño había un hueco impresionante. Todo está destruido: las sillas, las mesas, lámparas, vasos, platos, vidrios”.

“Nos quedamos sin casa, sin café y muchas personas están en la calle y no tienen nada”, agrega.

Debido a esta situación Luisa está trabajando en un multinivel para tener dinero y comprar ropa y otros productos básicos.

Y aunque esta pareja no sabe cuándo se va a reencontrar, pues ambos deben esperar a que reabran los aeropuertos (ella de Colombia y el de Beirut), su mayor incertidumbre es saber que no tienen una casa y un empleo al regresar. Sin embargo, Luisa señala que sabe que si no hubieran salido del país, quizá no estuvieran vivos.

“Dios nos sacó justo en el momento en que nos tenía que sacar a los dos del país, a mí me trajo para Bogotá y a él lo llevó a Turquía, porque si nosotros hubiéramos estado en la casa no hubiéramos sobrevivido al impacto”.

Sin recibir ayudas por parte del consulado colombiano en Beirut, ni por parte de las autoridades libanesas, esta pareja está recolectando fondos para reconstruir el café y su casa. Si nosotros hubiéramos estado en la casa no hubiéramos sobrevivido al impacto.

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