Doctrina uribista debe recapacitar su interpetación de la política o desaparecer como partido ideológico

El alto tribunal, representado por la corte suprema de justicia, determinó en su sala de instrucción hace unas 3 horas aproximadamente, una noticia que para conceptos de unos: fortaleció bancas opositoras, desenmascaró a algunos dirigentes, desencadenó masificadamente una polarización y dio ruta para el irrespeto de la institucionalidad.

Como colombiano, promulgador de paz, no es que me alegren estas noticias, no obstante, el fallo del alto tribunal, desata felicidades en términos de justicia para los colombianos.

Pero no debemos confundir las judicializaciones por conceptos adverso a la política, al asociarlo con el trabajo y labor del senador Álvaro Uribe, no se deben mezclar tintes de coyunturas opuestas. Para muchos, Uribe debió ser penalizado hace tiempo, cuando los casos de masacres y vinculación con el paramilitarismo en su época como mandatario le respiraban en la nuca. Para otros su eventual y provisional privatización de libertad, significó el comienzo del fin, de la doctrina del Uribismo, Pero el solemne pueblo colombiano coincide en algo, y es en la rigurosidad cautelosa que tuvo la corte suprema de justicia, al desprenderse de cualquier orilla política que se le viniera encima por la determinación del fallo, eso es respetable.

Pero a pesar de las diferentes oleadas políticas, yo si tengo mi carretera bien definida. Como colombiano, joven, progresista y activista, no quiero más incineraciones y guerra en este país, y menos por conductas Utópicas, no es sano. Si el precio de la paz en Colombia, es que Uribe esté en libertad, prefiero asumirlo y aceptarlo, antes que arriesgarlo por segregaciones que puedan resurgir al privarlo de la libertad.

No quiero que mi Colombia vea a un colombiano como un Dios, o como un ser indestructible. Ya Colombia debe pasar la página del adoctrinamiento, de la humanización, de la polarización, y debe darse cuenta que los repetitivos ataques vociferantes presidios por oposición o por gobierno, no suturan las problemáticas de este país, debemos pasar de la indignación, a la participación efectiva, y eso, lo construimos pensando en sociedad, en colectivo, y no en un individuo.

Mi mensaje es de clausura es: No dejemos que los ataques, el odio, la indolencia se apoderen de los asedios de este país, oscureciendo a Colombia como el estado social de derecho que es. Debemos pensar unívocamente, como ciudadanos de bien, razonables, y en aras de buscar y percibir un buen futuro para nuestra nación.

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