El papel de la juventud en la política

Artículo de opinión de: Luisa Guerra

Si me tocara definir la juventud la definiría como el periodo de la vida de una persona en el que la sociedad deja de verle como un niño, pero no le da un estatus y funciones de adulto, como una etapa de transición de la dependencia infantil a la autonomía adulta. Sin embargo, Históricamente la juventud a pesar de ser aun dependiente de la sociedad y de definirse muchas veces por consideraciones de ella ha jugado un papel fundamental, en el paso de los años le ha tocado evolucionar ligada a la situación histórica y a su mismo impacto social.

La juventud como estamento dentro de una sociedad activa describe la participación que para algunos será la visión de las nuevas generaciones, generaciones que les ha tocado ganarse un espacio legitimo a lo largo y ancho de la historia. Reconocer el vanguardismo y las nuevas formas de pensamiento económico, social y político era algo casi que inexistente hace apenas 20 años, así que el derecho propio y legítimo de la juventud a pensar y accionar es relativamente nuevo. Diría que fuimos los jóvenes en muchos episodios de la historia tildados de revolucionarios y rebeldes dado la no existencia de una ley que protegiera y brindara los espacios para ser escuchados. Las guerras y las revoluciones no son merecidas y nunca lo han sido para ningún pueblo, al contrario, son siempre acumulaciones de la falta de institucionalidad, representación y participación.

Las voces necesitan ser escuchadas, cuando el Estado no tiene la capacidad de protegernos ni mucho menos de garantizarnos las condiciones para un desarrollo pleno; surgen voces de todos los extremos que se suman a la causa y vemos mujeres, afrodescendientes, grupos LGTBI, trabajadoras sexuales, inmigrantes, víctimas de la violencia y jóvenes; todos ellos atrapados bajo el flagelo de la institucionalidad esperando ser escuchados para que el Estado pueda solventar sus necesidades. La necesidad de reincorporación a una vida digna y la reivindicación a los DDHH que se les fueron arrebatados; el hecho es que sus necesidades han sido vistas como la plataforma política de discursos y máquinas para hacer votos, hemos creado leyes para cada una de los actores antes mencionados, pero ninguna ha sido democratizada.

Pero bueno hemos venido a hablar de juventud. La juventud por su lado padece de espacios para representación, y si bien hoy podemos hablar de una ley de juventud ha sido está un discurso más de las alcaldías de turno que una verdadera política hecha para que los jóvenes se expresen, creen y diseñen. En algunos municipios quizás puede existir y ser funcionales que no sean solo de papel, pero en otros no se cumple y en algunos son inexistentes. No son tomados en cuenta dentro de la participación real, los espacios de juventud deben ser espacios independientes de autofinanciamiento que les permita tener autonomía y las administraciones deben garantizar estos espacios. Por el contrario, lo que hemos visto han sido administraciones de turno que se aprovechan y lo toman como plataforma política sin darle una voz real, las distintas plataformas y concejos municipales en materia de Juventud son invitados a la formación de planes de desarrollo y la discusión, pero aun así no basta con hablar y proponer si no son tomados en cuenta. Se desgasta a la juventud y ahondan la carencia de la institucionalidad y la fe sobre el estado.

Quizás ha sido el precio de la democracia para las voces rezagadas y lo es para un pueblo analfabeta que nunca ha tenido la oportunidad de ver un país no utópico, pero si digno. Aun bajo todos los preceptos de democracia que hoy existen seguimos discutiendo la falta de representación real por la sencilla razón de que no ha existido. Los consejos de juventud más allá de aconsejar deben tener un voto que respalde su posición frente a temas públicos. Para las minorías es muy difícil creer en la democracia sin mínimos de condición.

Debe existir un llamado y un compromiso de la juventud en una transformación no a corto sino a mediano y largo plazo a que la política sea real, sea democrática, pero sobre todo transparente.

Los concejos de juventudes son las primeras instancias y el portavoz de la juventud, debemos ser nosotros quienes impulsemos y demos vía libre a estas elecciones bajo la conciencia y los valores de una sociedad digna. Deben ser tomados con la misma importancia que cualquier otro y debemos disputar los espacios para ser escuchados, pero esto no es un cambio que podamos pretender sea de la noche a la mañana, todos los cambios necesitan procesos y este no es la excepción. Lo que si podemos hacer como juventud empoderada es no ser pesimista porque créanme que este no es un escrito pesimista sino ser más conscientes de que la democracia y que el Estado no pueden ser excluyentes entre sí sino uno solo, un estado-nación donde las voces y los actores no necesiten seguir disputando más representación si no que sean escuchados como es natural desde los peldaños más bajos en las formas existentes. Es por ello que vemos entonces la importancia de las JAC, los concejos, y todas las formas mínimas de expresión y dialogo con la ciudadanía.

Juventud, tienes la responsabilidad de fomentar la conciencia y la crítica abierta para que en el ejercicio del voto podamos conseguir una sociedad digna para todos, educar y exigir ser educados bajo el libre pensamiento y todo el conjunto de valores que nos enseñen el respeto, la tolerancia y la opinión crítica para ser nosotros como entes transformadores de la sociedad futura en una de las expresiones más mínimas que existen, la nano-partícula de la sociedad: La casa. No debemos ver una sociedad digna como algo utópico sino al contrario una realidad que podemos materializar bajo el de derecho e ideales que muchas personas construyeron para nosotros.

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvaguardarlo. ¡Nadie!”

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