El tratamiento que están aplicando en Nariño para combatir covid-19

Julio César Klinger Hernández- egresado de la Universidad del Cauca. Foto: Mauricio de la Rosa.

En la región, médicos locales están realizando esfuerzos por apoyar la lucha contra la pandemia. Los avances para lograr la tan anhelada cura de la covid-19 no solo están en el escenario del Reino Unido, China o Estados Unidos, también los hay en el lejano y olvidado municipio de Barbacoas, en Nariño.

“El número de pacientes con covid-19 ha disminuido considerablemente, al igual que las remisiones han bajado en un 90 por ciento. Si antes eran alrededor de 15 los enfermos que eran trasladados a Pasto o Tumaco, ahora son solo 2 o 3”, dice el alcalde de Barbacoas, Adam Rincón.

Allá, a orillas del río Telembí, otrora tierra bañada en oro, donde un buen número de sus habitantes padecían los síntomas de la terrible enfermedad que hoy deja más de 7.000 muertos en Colombia y 120 fallecidos en el departamento, ahora solo se habla de una sorprendente recuperación de pacientes, en parte gracias a la aplicación del Interferón beta, una proteína natural que se viene utilizando de manera inyectable para el tratamiento del cáncer y la esclerosis múltiple.

El médico Klinger aplica el medicamento a la comunidad de Barbacoas, Nariño.
Foto: Mauricio de la Rosa.

De sus alcances curativos hablan hombres y mujeres de los distintos estratos sociales de este pequeño poblado enclavado en el denominado Triángulo del Telembí, que estaban predestinados a ser remitidos a las ciudades de Tumaco y Pasto porque el Hospital San Antonio de la localidad, al ser de primer nivel, no cuenta con unidades de cuidados intensivos.

“Aquí estoy haciendo cosas lindas por esta hermosa tierra”, dice con tono alegre el médico internista egresado de la Universidad del Cauca Julio César Klinger Hernández, hijo de padres barbacoanos y quien hasta los 8 años de edad jugaba y se paseaba por las calles polvorientas de la localidad.

Cuenta el galeno, oriundo de Belalcázar, Cauca, que el Interferón lo utiliza desde el año 1994, pero en dosis mínimas. “Se llama así porque interviene en el crecimiento de los virus”, explica, y agrega que se trata de una medicina antiviral que pone una especie de barrera en las células y evita que los letales virus se reproduzcan en el organismo humano.

Sobre la temible covid-19 afirma que es un agente que “entra en una guerra biológica, pero el Interferón tiene cerca de 15 proteínas que protegen a las células del ser humano”.

El científico caucano explica que su tratamiento es muy sencillo y no tiene mayores misterios. En vez de inyectar el Interferón, se colocan dos gotas debajo de la lengua dos veces al día, cada una contiene de 500 a 2.000 unidades del medicamento, y a los 3 minutos se activa la barrera antiviral en el cuerpo, lo que evita tanto el ingreso como la multiplicación del peligroso virus.

“Si la persona está infectada, ponemos la gota, entonces ‘reseteamos’ la célula y vuelve a producirse Interferón, por lo que se genera la barrera para que no entren más virus”. Esta es su explicación de una molécula a la que califica como maestra y de la cual asegura que indudablemente “es la esperanza para prevenir y curar la covid-19, sí es fantástica porque hace las dos cosas que no hace ninguna otra medicina en la actualidad”.

Al ser consultado sobre los ensayos del medicamento y sus resultados en la comunidad barbacoana, el especialista en microbiología indica que lo ha aplicado en cerca de 500 a 600 pacientes con covid-19 con buenos resultados, mientras que otros cinco médicos hicieron hace unas semanas lo propio en Cali, cada uno con 50 pacientes, en varias etapas y también con diagnósticos positivos.

“Todos estos pacientes han mejorado, ninguno se ha muerto, los hemos visto en etapas críticas en sus casas”, agrega, e insiste también en que se han hecho ensayos en pacientes asintomáticos, “de modo que hemos visto todo el rango clínico de la covid-19”.

Klinger asegura que hace 15 días, cuando llegó a Barbacoas, el panorama era muy dramático y desalentador porque la gente se estaba muriendo. Recuerda: “Encontramos a este pueblo todo alarmado, había de 15 a 20 pacientes diarios que se remiten a Tumaco o Pasto, muchos de ellos regresaban muertos”.

Hoy la situación ha cambiado a tal punto que afirma: “En tres días hemos bajado las remisiones de pacientes a cero, de modo que es una reducción dramática. El pueblo está más tranquilo y relajado”.

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