Hace 35 años murieron 25 mil personas en la tragedia de Armero

Con misas y celebraciones discretas que tendrán en cuenta las medidas de bioseguridad para evitar la propagación del covid-19, Tolima les rinde homenaje a las 25.000 personas que murieron la noche del 13 de noviembre de 1985 en la avalancha de Armero (un mismo número de víctimas dejó el covid-19 en Colombia entre abril y septiembre), un pueblo a orillas de la carretera central entre Ibagué y Mariquita, que en ese entonces era el más próspero de la región pero del que hoy solo quedan ruinas, historias y recuerdos.

“Esa noche todos escuchamos un bramido espantoso y luego se nos vino encima la avalancha”, afirmó un sobreviviente de 75 años que perdió a buena parte de su familia.

Sin duda es la fecha de la peor tragedia natural en Colombia porque en un abrir y cerrar de ojos el volcán Nevado del Ruiz expulsó gases, materiales y aire atrapado caliente que derritió un casco de nieve lo que produjo una avalancha con agua, piedras enormes, árboles y lodo que bajó a unos 60 kilómetros por hora por el Lagunilla para llegar a la zona urbana donde arrastró casas, locales comerciales, entidades bancarias, La Alcaldía, Estación de Policía, bomberos, templos, escenarios deportivos, vehículos y escuelas.

Ni el alcalde de Armero, Ramón Antonio ‘Moncho’ Rodríguez, se salvó y murió pese a su insistencia ante el Gobierno Nacional de los peligros que representaba el Nevado del Ruiz para esta región del norte del Tolima.

“Nadie le creyó al alcalde, él decía que algo malo podría suceder y vea usted, ni él mismo pudo evadir la avalancha”, dijo una mujer de 80 años que perdió a buena parte de su familia.

Alfenibal Tinoco, presidente de la Federación para el Desarrollo de Armero, dijo que los 40.000 habitantes de ese entonces fueron sorprendidos por el desastre “pues esa noche todo el pueblo dormía”.

“Cada año hay celebraciones grandes con visitas de miles de familiares y amigos de los que fallecieron sepultados, pero en este 2020 las cosas serán diferentes con una celebración sobria para evitar las aglomeraciones y el contagio del covid-19”, afirmó Tinoco quien era concejal en ese entonces y milagrosamente salvó su vida porque, 2 días antes de la tragedia, viajó con su familia a Bogotá.

Recordó que la tragedia destruyó 4200 viviendas, 20 puentes y la totalidad de calles y vías de acceso al municipio por lo que en esas condiciones era imposible ayudar de manera rápida a los sobrevivientes enterrados en el barro que cubrió toda el área urbana.

“Después de Ibagué, éramos el pueblo más próspero del Tolima con una actividad agrícola sobresaliente,  cientos de locales comerciales y unas 10 entidades crediticias, además de empresas de transporte, escuelas y colegios,”, afirmó Tinoco quien señala que cada año la tumba más visitada es la de la niña Omaira Sánchez que se convirtió en el rostro de la tragedia pues pese a los esfuerzos de los organismos de socorro su cuerpo estuvo 3 días atrapado por el lodo y finalmente murió.

Otro punto visitado es una enorme piedra de 3 metros de altura y unas 12 toneladas de peso que fue arrastrada por la avalancha. Está en el costado sur de lo que era el municipio de Armero y los sobrevivientes la ven como un símbolo o una demostración de la furia con que descendió la avalancha por el río Lagunilla.

Gerardo Criales, periodista y locutor de Armero FM, señaló que “la pandemia no impedirá que Armero recuerde a sus 25.000 muertos” y cree que “es un deber sagrado rendirles homenaje a miles de hombres y mujeres que murieron esa noche”.

Asegura que “aquí le tenemos miedo al virus”pero en esta celebración tomarán todas las medidas de prevención para recorrer a pie las ruinas.

“Yo sobreviví gracias a que mi papá, Laureano Criales, esa noche nos levantó dormidos y nos sacó a la calle para evadir la avalancha que bajaba por el barrio Santander”, recordó Criales.

Hoy a los sobrevivientes, así como a sus familiares, es fácil encontrarlos en Armero-Guayabal, una zona de 13.000 habitantes pegada al sitio de la tragedia y que  dejó de ser corregimiento para convertirse en municipio.

“Guayabal está repleto de sobrevivientes o hijos y familiares de los que fueron sepultados por esa avalancha”, aseguró una señora que no olvida la visita del Papa Juan Pablo II.

“El Papa nos visitó el 6 de julio de 1986, y recuerdo mucho que vino acompañado del presidente de la época, don Belisario Betancur”, señaló la ciudadana.

Ese día el Papa declaró a Armero ‘Camposanto’ y se arrodilló para orar frente a la cruz que se levantó donde funcionaba el templo.  

Además de las eucaristías que presiden sacerdotes de la Diócesis de Líbano y Honda, en este nuevo aniversario los visitantes podrán observar la ‘Zancotón’ por la vida y la esperanza que es igual a una caminata con zancos que sale del parque de Armero-Guayabal y culmina en las ruinas de la antigua Armero.

La gobernación del Tolima, por su parte, realiza un conversatorio virtual con invitados como Martha Calvache, directora de geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano; Eduardo Vélez, asesor de Naciones Unidas para reducción de riesgos y Andrés Carranza, de la Cruz Roja Colombiana.

A esa avalancha, dicen los armeritas, se ha sumado una tragedia tal vez más devastadora “y es la de haber perdido a  nuestra patria chica, que ya no está”.

El sueño de los sobrevivientes

Luis Fernando Monroy, sobreviviente de la avalancha, señala que uno de los programas de la actual gobernación del Tolima fue apoyar un proyecto turístico para que esta población desarrolle su potencial y renazca.

“Algo así como Pompeya bien pudiera lograrse en lo que fue Armero, mediante un cuidado adecuado de las ruinas y del área afectada; una buena estrategia de comunicación y promoción precedidas de garantías de seguridad y en su área de influencia, mejores servicios públicos, hostales, restaurantes, parques y variedad de atractivos”, explica Monroy. | Con información de El Tiempo.

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