Historia de himno de Ayapel

Por: Luis Carlos Garnica Márquez

Transcurrían apacibles y rutinarios los primeros meses del año 1.983 en los feudos del Cacique Yapé, más concretamente en el municipio de Ayapel y habiéndose iniciado los preparativos del quincuagésimo aniversario de su fundación, que sería dos años más tarde, en 1.985; el reverendo padre Hernando Palacio sugiere al honorable Concejo Municipal que se debe crear y diseñar la Bandera Municipal para que haga parte de sus símbolos patrios. En virtud a esa sugerencia y a instancia del alcalde de esa época, el señor Eduardo Pupo García, quien solicita al doctor Ladislao Marquez Montiel, abogado, poeta y persona prestante y oriundo de esta tierra, para que hiciera la letra que más tarde, mediante acuerdo del Concejo Municipal, se convirtiera legalmente en el Himno de Ayapel.

Fue así como el doctor Ladislao, un egregio paladín de la cultura local y regional accedió a la petición del alcalde Eduardo Pupo García y mágicamente hace brotar de su inspiración de poeta y de su profundo arraigo a la “Pacha Mama” una hermosa pieza literaria en la que resalta magistralmente: su riqueza natural, la belleza de su ciénaga, la hermosura de su paisaje, la fertilidad de su llanura, la importancia de sus hombres, la gloria de los hijos de Ayapel, de ser descendientes del cacique Yapé, el símbolo glorioso de su bandera, el amor, la esperanza y la fe de un pueblo libre y próspero, el prodigio de su riqueza y sus playas llenas de sol y calor.

Con el honor muy en alto y la satisfacción del deber cumplido, el día 12 de Marzo de 1.983 a las 9:00 A.M. en punto, se presenta el doctor Ladislao en el despacho de la Alcaldía municipal de Ayapel.; llegó impecablemente vestido, con una sonrisa que irradiaba seguridad, satisfacción, confianza, patriotismo, nobleza y porte; y no era para menos, Ladislao Marquez Montiel ha sido uno de los hijos más ilustres que ha dado Ayapel; testigo de ello han sido las diferentes curules de las asambleas departamentales del viejo Bolívar y Córdoba. Cuando llegó, ya el alcalde Pupo García lo estaba esperando y lo recibió con un fuerte abrazo, lo hizo pasar y sentarse. De su portafolio sacó dos hojas tamaño carta donde iba plasmado el poema y después de su particular introito y reverencia hizo formal entrega al alcalde de la letra que sería más tarde el hermoso Himno de Ayapel.

Después de ser sometido a consideración de los funcionarios de la administración y de algunos críticos literarios de la época, la Alcaldía Municipal de Ayapel, en el mes de Abril del mismo año, emite la Resolución N° 018 por medio de la cual se adopta y oficializa la letra del himno de Ayapel. En el artículo SEGUNDO de dicha resolución se comisiona al señor Manuel Secundino Hernández, maestro y director de la banda de músicos: “Siko y sus muchachos”, para que con base en la letra escogida como himno le adapte la música o melodía.

Manuel Secundino Hernández “Siko”, fue también un gran valor cultural y musical que ha tenido Ayapel en el transcurso de su historia. Fue integrante de la antigua banda San Jerónimo, pero a mediado de los años 70, sacando a relucir sus grandes dotes de clarinetista, compositor, arreglista y profesor de música, en un arranque de valentía y autosuficiencia empresarial, funda la Banda-escuela de “Siko y sus muchachos” la cual representó por mucho tiempo el folclor del San Jorge cordobés en los tradicionales carnavales de Barranquilla.

De la banda-escuela “Siko y sus muchachos” es digno destacar algunos alumnos aventajados que recibieron del maestro sus primeras clases musicales y conocieron de primera mano los secretos melódicos y armónicos de la música popular de la época; algunos de ellos todavía hacen tránsito en el panorama musical de Ayapel. Los más destacados han sido: Anuar Oviedo (arreglista y bajista); Nelson Navarro (cantante y compositor); Gustavo Castro (bombero, platillero y cantante); Milton Hernández (trompetista); Preciliano Garnica (trompetista); Argemiro Coronado (trompetista); Horacio Garnica (maraquero y cantante); Guillermo Ramos (percusionista); Hernán Pacheco “El neco” (percusionista); Rafael Álvarez “El charro” (platillero); Edinson Oviedo Noya “El cachaco” (trombonista); Adolfo Ramos (bombero); Albeiro Delgado (trompetista); Ramón Tovar “El quichy” (trombonista); Ángel Luna (bombero); Fidel Delgado “El negro” (trombonista); Fernando Aldana (Bombardino), entre otros.

Era indudable que el maestro Siko no podía ser inferior a la misión confiada por la alcaldía municipal y fue así como a los pocos días de su comisión ya tenía lista la hermosa y melancólica marcha que hoy funge como la melodía del Himno de Ayapel.

El día 14 de Mayo de 1.983 el honorable concejo municipal de Ayapel presidido por Johnny de la Ossa Beleño y como secretario Mariano Serpa Jiménez, emana el acuerdo N° 044 por medio del cual se adopta el Himno de Ayapel:
Letra de Ladislao Marquez Montiel
Música de Manuel Secundino Hernández “Siko”.
En el ARTÍCULO SEGUNDO del mismo acuerdo reza textualmente “El Himno de Ayapel deberá ser entonado e interpretado en todos los actos oficiales que se realicen en el municipio de Ayapel”.

A partir de esa fecha (14 de Mayo de 1.983) Ayapel tiene su himno oficializado y comenzó a difundirse a toda la comunidad, especialmente a las Instituciones Educativas y oficiales del municipio, pero se hizo en forma oral y directa, sin ningún referente magnetofónico que mantuviera y sostuviera en la memoria colectiva de la gente las notas marciales de su melodía. Como era de esperarse, con el transcurso de los años, la melodía la fueron tergiversando involuntariamente, precisamente por la falta de un referente.

En ese momento histórico es cuando aparece en escena el profesor, compositor y cantante Luis Carlos Garnica Marquez, en el año 2.004 y hace los arreglos musicales pertinentes para grabar por primera vez el Himno de Ayapel con su propia voz. Más tarde en el año 2.015, Garnica Marquez hace unos retoques al arreglo musical inicial y vuelve a grabar el himno en una tonalidad más baja con el fin de hacerlo más accesible al canto comunitario; esta regrabación la hace en un estudio profesional en la ciudad de Montería, y esta vez lo interpreta magistralmente acompañado en la segunda voz por su hija Luisana Garnica.

Esta es la pieza final y definitiva del imponente Himno de Ayapel que escuchamos en todos los actos cívicos de nuestro pueblo, tal y como lo reza el artículo 2° del acuerdo 044 del 14 de Mayo de 1.983, emanado por el honorable Concejo Municipal de Ayapel.

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