La era del vacío en la que hoy vivimos

Las sociedades humanas se han pensado en cuanto a sus orígenes y destrucción, en función de relatos y metarrelatos, utilizados como fundadores del orden social y humano; algo muy parecido a desentrañar la verdad histórica; ejemplo de ello, el libro del Génesis, o el de Apocalipsis y otros; en donde se narra cómo se originó y cómo se destruirá lo que hoy entendemos por humanidad. Lo anterior, significa que, los metarrelatos reconstruyen el origen de las cosas que son orientadas por un poder superior divino y humano que lo piensa, lo crea y dirige.

Hago referencia a estos antecedentes con el propósito de insistir en que un orden social se construye y se fundamenta sobre narrativas que lo expliquen, legitimen y sostenga para ser creíbles y legítimos. Cuando se mira la línea de la historia humana y los modelos sociales que se han construido, encontramos como soporte fundacional estos relatos; en principio mítico-religiosos, luego de orden racional, político e ideológicos. En todos, existe una concepción de poder que consiste en someter la voluntad de los otros a su propia voluntad; indistintamente de los medios para lograr tal fin. De ahí, que las guerras por razones políticas, religiosas, raciales y económicas, tengan una explicación.

Me quiero detener en este punto con el fin de procurar una mirada crítica a estos metarrelatos con los que se han justificado y legitimados modelos sociales y políticos en la Cultura Occidental; muchos, superados por su dogmatismo que les impidieron renovarse y adaptarse a los cambios sociales; entre ellos podemos mencionar el liberalismo, el conservadurismo, el socialismo y el cristianismo; este último no ha fracasado porque nunca se ha aplicado. Estos metarrelatos tenían una característica que los identificaba, y, era su capacidad de movilización y emancipación social que encarnaban; lo que condujo a generaciones enteras a creer, movilizarse y construir utopías sociales colectivas que llegaron a convertirse en formas de poder.

De acuerdo con lo anterior, sería importante preguntarse, ¿qué pasó con estas narrativas emancipadoras? ¿qué o quiénes las reemplazaron? Para responder a estas preguntas es necesario ubicarnos en el año 1989, con la caída del muro de Berlín, cuando se desintegra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS; a partir de este momento se comienza hablar de un mundo capitalista hegemónico y unipolar; inclusive, emergieron tesis deterministas y absolutista como la escrita y difundida por el Politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama en su libro: “El fin de la historia y el último hombre”, visto como el nuevo paradigma del capitalismo mundial. La tesis de Fukuyama era vista como un credo que todo mundo seguía, “la humanidad ha llegado a su último y más perfecto estado de evolución… El capitalismo”. Desde esta nueva narrativa del capitalismo como modelo hegemónico, la Cultura Occidental se transforma a partir de nuevos referentes como el consumismo, hedonismo y narcisismo. A raíz de estos se generarían nuevos mecanismos de enajenación y control social.

Estos nuevos metarrelatos construyen otro lenguaje y nuevas formas de relación social en las que el tener y poder serían los condicionantes; algo así como, “una especie de nueva religión donde los creyentes serán los consumidores y Dios el mercado”. Los discursos no se centrarán en construir una conciencia colectiva que promueva ideales de justicia, equidad y vida buena; sino en el lujo, el placer, las marcas, la moda, el tener; es decir, toda una era del “vacío” y un imperio de lo efímero; como muy bien define el profesor Gilles Lipovestsky, que Zygmunt Bauman denomina como líquida, en donde todo lo sólido se desvanece. Estos son los nuevos referentes construidos sobre una nueva narrativa que nos permite entender comportamientos sociales que dejan a un lado las viejas disputas de clases ideológicas; pero, permiten comprender los nuevos dispositivos sociales, en los cuales se generan las nuevas formas de socialización y formación de la identidad y personalidad de los individuos. En palabras de Bauman, etiqueta, logos y marcas son los términos del lenguaje de reconocimiento. Lo que uno espera como norma es ser reconocido con la ayuda de etiquetas, logos y marcas que, es lo que en años recientes se ha dado por llamársele “identidad”.

La anterior reflexión, nos permite repensar el orden económico; pero sobre todo social, cultural y moral que hemos venido construyendo. Cada vez más individualista, atomizado e insensible; desconociendo, que más de la mitad de los bienes cruciales para la felicidad humana no tienen precio de mercado y no se venden en las tiendas. Sea cual fuere la disponibilidad de efectivo o de crédito que se tenga, no hallará un centro comercial donde se expenda el amor y la amistad, los placeres de la vida hogareña, la satisfacción que produce cuidar a los seres queridos o ayudar a un vecino en apuros, la solidaridad y respeto a nuestros compañeros y a todas las personas con quienes nos relacionamos.

¡Ojalá sea este el momento de repensar y rectificar el rumbo de la vida!

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