La paradoja de la eutanasia

La eutanasia es un tema polémico ya que pone en vilo la ética y la moral de los profesionales de la salud y de medicina legal frente a lo que admite los Derechos Humanos y toda su estructura antropocéntrica y jurídica. La eutanasia figura en el Código Penal como homicidio por piedad, y establece que quien mate a otro por piedad para ponerle fin a un intenso dolor o intenso sufrimiento tendrá una pena menor, de seis meses a tres años, esto hasta hace unos años. Hoy en día la figura de la eutanasia tiene un mayor rigor y se extiende a casos más amplios eximiendo de responsabilidad en determinados factores de riesgo o enfermedad terminal o incurable del paciente o incluso con la plena voluntad del paciente de ser asistido a morir dignamente.

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Hasta ahora esta aceptación es permitida en algunos países dónde éticamente es aceptable como en Sudáfrica, Alemania Federal, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, entre otros países. Colombia no es la excepción en este tipo de procedimientos en donde se busca reconocer el derecho al gravemente enfermo a rechazar tratamientos extraordinarios y poder morir en paz y con dignidad y descansar en los atrios celestiales sin sufrimiento para los que son fieles a los preceptos religiosos.

Evidentemente para varias de las asociaciones favorables a la eutanasia se trata de un primer paso hacia una situación en la que también se admita el derecho de morir dignamente con aquellos pacientes que solicitan que se ponga fin a su vida.

Ahora bien, Colombia es uno de los cinco países del mundo que permiten legalmente la eutanasia. Irónicamente, es el único en Latinoamérica en permitir esta clase de procedimientos. En esta columna me enfocare en explicar cómo un país mayoritariamente católico y conservador terminó implementando políticas progresistas que regulan la decisión de interrumpir la vida cuando un paciente sufre una enfermedad grave y/o terminal. Políticas que regulan, como muchos lo han llamado, “el derecho de todo ser humano a morir dignamente”.

En la década de los ochenta, Colombia atravesaba un momento definitivo en su historia. El narcotráfico estaba en auge y había declarado una guerra contra el Estado. Una de las respuestas ciudadanas ante las atrocidades del conflicto fue la de organizarse para reescribir la Constitución, para que fuera una más “pluralista y respetuosa a los derechos individuales.

La nueva Constitución, la cual fue firmada en 1991 estableció el Estado social de Derecho y puso como eje principal la protección de los derechos fundamentales del ciudadano frente a la acción u omisión del estado, y tan solo seis años después de su firma, la jurisprudencia Colombiana declaró que la existencia del ser humano debía darse en condiciones mínimas de dignidad, y por eso, recomendó la muerte asistida siempre que la persona a quien se le practicara, lo consienta. Sin embargo, para poder aprobar la sentencia, se le pidió al congreso que la regulara, pues debía de ser aplicada de una manera ordenada y legal. Pero eso no pasó hasta el 2015, así que la muerte asistida en Colombia quedó en un área gris: legal pero no regulada… uno de esos escenarios confusos en los que aparecen problemas fácilmente.

Y claro, en razón a lo antedicho, era de esperarse que dejar la ley así trajo sus consecuencias a lo largo y ancho de la esfera de los profesionales de la salud. Las instituciones de salud no sabían si debían proveer este servicio ni mucho menos cómo hacerlo, así que la eutanasia quedó en manos de médicos que a su propio juicio decidían cómo y a quién asistir, siempre corriendo el riesgo de ser demandados en el proceso pues no había ningún reglamento que los protegiera.

Quien solicite el derecho a morir dignamente debe padecer de una enfermedad terminal y ser mayor de edad. En el año 2018, el Ministerio de Salud reglamentó el procedimiento para hacerlo legal también para menores de edad siempre y cuando tengan más de 14 años y un sufrimiento que no pueda ser aliviado.

El paciente a quien se le podría aplicar la eutanasia deberá expresar su voluntad de querer este tratamiento a su médico y reiterarlo después de conocer en detalle todas sus alternativas médicas y terapéuticas para su enfermedad.

En palabras más, palabras menos, la eutanasia en Colombia sigue siendo un tema polémico, pues quienes estaban en contra de la legalización siguieron estándolo incluso después de que se aprobara; pero, aquellos que siempre estuvieron a favor de la muerte digna ahora tienen opciones legales para evitar terminar enredados en procesos legales. En mi opinión, morir dignamente es un derecho intrínsecamente humano, por lo tanto debe respetarse la decisión de partir sin sufrimiento alguno de este mundo. En realidad, decidir cuándo partir, debería ser considerado por todo el mundo como un derecho inalienable de todo ser humano.

Por Jesús Fernández Dix.

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