Testimonio de mi vida en cuarentena

Dana Martínez Moreno.

La vida es dura y las cosas no siempre salen bien, pero debemos ser valientes y seguir con nuestras vidas” (Suga de BTS)

La vida cotidiana ya era monótona; todos los días la misma rutina despertar, bañarse, vestirse, comer, tomar la metro, llegar a la universidad, ver a mis compañeros, estar en clases, salir de la universidad, tomar la metro y regresar a mi casa; donde solo encontraba soledad y eso ya era algo a lo que me estaba acostumbrando, entonces debía esperar un par de horas hasta que mi hermano y mi primo llegaran (de los mejores momentos del día) y como un mal necesario se anuncia la llegada del Coronavirus al país y todo comienza a buscar un rumbo diferente.

La ansiedad crece entre temer y no temer, con este deja vu tomo la decisión que yo creo correcta, llamo a mis padres y les digo “No quiero estar aquí, siento un poco de miedo; deseo volver a casa” y recibo la respuesta perfecta por parte de mi madre “No se diga más, empaca algunas cosas y por la mañana tomas la metro hasta las Cruces que tu papá te va a buscar” entonces libero un grito eufórico, porque ya son muchos los días, horas y minutos lejos de ellos.

Me acosté pensando en ese anhelado momento de verlos, poder abrazarlos y decir “Ya estoy en casa”; la noche pasa como algo eterno y por fin amaneció, hago la misma rutina de siempre, pero esta vez con una amplia sonrisa en mi rostro. Sigo las recomendaciones de mamá uso mi tapabocas (por desconfianza) y me dispongo al encuentro con mis raíces; llego al punto de encuentro y en cuanto veo a mi Baba (como suelo llamarlo) corro y le doy un gran abrazo anhelante.

Con su recibida cálida, monto la moto y la aventura comienza, a medida que el tiempo pasa tengo un extraño sentimiento, todo parece un recuerdo lejano como si hubiera estado muchos años alejada de todo, después de una hora y media llegamos a mi destino final mi amado y querido pueblo El Ley, sonrió alegremente y noto los leves cambios que ha sufrido desde mi partida; entretenida llego por fin a mi casa y desde la entrada diviso la silueta de mi madre y en sus ojos veo la felicidad.

Le doy un abrazo como si no existiera el mañana y por fin puedo decir “Estoy en casa” sin sentirme sola; seguidamente veo a mi hermana y me sumerjo en un abrazo tierno y vivaz; me siento feliz y por un momento olvido los problemas del mundo; dejo mi bolso y salgo en busca de una persona que ocupa un pedazo muy grande de mi corazón la mujer que me cuido desde que era pequeña y que con orgullo hoy llamo “mami”.

Le ofrezco un eufórico abrazo y ella me da una cálida bienvenida; comienzo a mirarlo todo y me siento bien dispuesta a continuar con mi vida. Y el juego comienza las clases ahora son virtuales, veo a mis compañeros y maestros a través de una pantalla pequeña; entonces mi odisea comienza no puedo entrar a mis clases porque el internet es muy malo me lleno de decepción y anhelo que todo vuelva a ser como antes, debo agradecer a mi familia por sus esfuerzos para controlar los animales de la casa porque entre gallinas y carneros se formaba una “Algarabía”, tanto así que interrumpían mi concentración. 

Con problemas técnicos me dispuse a continuar con mi vida académica con las ganas de continuar luchando por mi futuro, y gracias a mis compañeros pude enviar algunos trabajos que los profesores me pedían. No sé qué hubiera hecho sin las palabras de ánimo por parte de Yûki (Como suelo llamar a mi amigo) que todos los días me decía una frase diferente motivándome a continuar en mis ataques de frustración.

Me toco recurrir a otros métodos para sacar a flote mi semestre, con el ingenio de mis padres, la creatividad de mi hermano (Quien también volvió a casa) y el acompañamiento de mi hermana mayor, construimos una rancha; parecía una desplazada andando de un lado a otro en busca de la señal de datos para poder conectarme a mis clases, bajo la mirada curiosa de los que transitaban experiencias dignas de un libro de anécdotas.

Cada vez que lograba conectarme apreciaba las indicaciones que lograba escuchar, me motivaban las palabras de alientos que me daban los profesores y las atesoraba para continuar; de esta forma logre terminar mi semestre no con las notas que deseaba, pero si con más enseñanzas de las que esperaba.

Con la finalización de mis clases comenzaron mis vacaciones y el nudo de mis experiencias se vuelve a enredar de nuevo; como estaba acostumbrada a la soledad me parecía extraño tener personas cerca todo el tiempo, había días en los que apenas veía a mi familia ellos en la sala o cocina y yo en una hamaca leyendo, escribiendo, escuchando música haciendo de todo menos hablar con ellos.

Y apareció una luz en mi vida, comencé a leer comentarios sobre una banda de K-Pop coreana llamada BTS que daba grandes mensajes a sus fans, me interesé más por ellos y poco a poco comencé a escuchar sus canciones, por fin entendí que me estaba alejando de mi familia, pero aún no me sentía lista para enfrentarme a convivir de nuevo con ellos.

Mi familia se dio cuenta de todo y a cada rato me decían “Ahora si esta linda escuchando a los chinos esos, te vas a volver loca” y por mis adentros decía “No son chinos son coreanos, gracias a ellos me he dado cuenta de muchas cosas y así creo que podre reencontrarme con ustedes sintiéndome más fuerte”. Pero los días pasaban y las cosas seguían iguales yo luchando con mis temores internos (teniendo de apoyo a Yûki y a BTS)

Con el pasar de los días mi hermana inquieta por mi lejanía comenzó a extrañar nuestras locuras y de un momento a otro comenzó a insistir haciéndome llamados como “¡Dana! ¿Dónde estás? ¿Repórtate? Venga para acá deja de estar allá sola” al principio sus llamados me molestaban, pero su insistencia poco a poco se convirtió en un momento anhelado, hoy estoy sentada en una mesa con mi computador escribiendo rodeada de mi familia; aun sigo callada, pero escucho atentamente todas sus ocurrencias y discusiones divertidas. Hace unos días tuvimos una charla que nos ayudó a curar nuestras heridas familiares y tejimos nuevamente los hilos que se habían podrido por el tiempo.

Amo mucho como ellos crean sus propias hipótesis sobre lo que está sucediendo; se enojan, se ríen, se asustan, son valientes. En fin, son las personas perfectas para estar en cuarentena.

Sin duda mi vida necesitaba esta cuarentena para que mi familia volviera a estar unida, ahora tengo clara una frase que me dijo mi amigo Tora “Pues sí, creo que la vida es difícil, es dura, pero se trata de escribirla” estoy feliz de poder expresarme por medio de la escritura, aunque siga creyendo que la vida es un laberinto con muchas opciones y pocas salidas.

Al principio era una monotonía y ahora es una maravillosa aventura, que vale la pena compartir; seguiré escuchando BTS (aunque no estén de acuerdo), continuare escuchando a mi familia, escuchando a mis amigos y escribiendo mis experiencias.

Dana Thalía Martínez Moreno, estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Sinú. (2020)

Compartir en

Únete a nuestro grupo de Whats App