Morir a tiempo y controlar el ego

Dentro de las múltiples actividades de ocio que forzosamente nos ha permitido la pandemia, la lectura y los videos han sido las mas recurrentes de mi rutina; en el entre tanto de estas me encontré con un personaje verdaderamente increíble e interesante en el campo de lectura y el autoanálisis contemporáneo; se trata el escritor bogotano Mario Mendoza; quien tiene en su haber premios internacionales, y múltiples invitaciones a charlas y eventos referentes a la lectura y los libros, en varios países latinoamericanos.

De los varios aspectos interesantes de su biografía, está el hecho de haber estado preso en Jerusalén, durante varios meses, por una de esas malas pasadas que la vida nos “regala”; a partir de ese hecho tuvo inspiración para escribir y estar en la cacería de historias reales, que, como todo escritor, las convierte en obras. Una de las que más captó mi atención fue “La importancia de morir a tiempo”, en esta obra el autor refleja que paradójicamente, para poder vivir se necesita morir varias veces, de lo contrario seguiremos vivos en un alma muerta. No solo morimos cuando nuestro cuerpo se descompone, si no cuando sentimos la necesidad de dejar de existir para darle espacio a otro “yo interno”; es decir, que hay que fenecer tranquilamente para renacer o resucitar convertido en otro.

Este tema me ha parecido muy importante para esos momentos de meditación artesanal que todos de alguna manera realizamos en determinados momentos de ocio o de agobio de la vida cotidiana, puesto que no se perdería  nada si intentamos “morir” y resucitar para ser alguien diferente, estos eventos suelen pasar después de un fracaso amoroso, una decepción profesional o laboral, inclusive con un cambio de domicilio; en el devenir de la vida se hace imperativo el esnobista término de reinventarse, de lo contrario seremos zombis, que apenas se limitan a respirar y a esperar cómo el destino, los demás y la buena o mala suerte, nos arrastran a cualquier sitio.

Otro de los aspectos que menciona Mendoza, en su libro de “Revelaciones”, está el hecho de los inflamientos del ego en la modernidad, producto de que la sociedad nos demanda a sobreactuarnos en personalidad y físicamente, para poder encajar en los estándares de vida; que muchas veces terminan en un  exceso de sufrimiento, puesto que no siempre estamos llamados a hacer grandes cosas o a ser grandes seres; no todos somos líderes, las diversas corrientes del capitalismo nos hacen creer que si es posible, y no es así, se puede fallar, se puede errar;  pero nos dicen que eso es de débiles y perdedores,  y cuando no lo logramos conseguir esas “metas” nos volvemos unos subnormales y deprimidos. Es viable que se nos enseñe también la vida en el anti-liderazgo.

Perder es algo natural y terrenal; hay que tener la humildad de aceptarlo y de esa forma renunciar a utopías que generalmente, solo nos sirven es para hacernos infelices y frustrados; no importa el status, la ropa de marca que usemos, como otros las usan, no tenemos que hacer la carrera de otros, no es conveniente estar atrapado en uno mismo – peor aún en la vida de otros-, en vanidades; creyendo en un triunfo que no llegará. Para librarnos de ese embrutecimiento general y esa subordinación emocional,  solo se puede salir valorando y fortaleciendo nuestro,  patrimonio inmaterial (la inteligencia), así como lo hicieron “los tigres asiáticos” a finales del siglo XX; es decir lo que vale es lo que tenemos en la cabeza y lo que podemos hacer a partir de ese conocimiento, somos ricos a partir de lo que leemos y sabemos, desde ese punto podremos cada uno de nosotros ubicarnos en sitio que nos merecemos y encontrar el sentido profundo de la existencia.

Todos estos conceptos, son de mucha pertinencia para personas como yo, quienes muchas veces, a pesar de la edad, no sabemos a dónde vamos ni qué queremos hacer, porque tememos al cambio, porque ese “ego” no nos da la aquiescencia de mutar y convertirnos en un nuevo ser; y optamos por seguir siendo los mismos individuos agotados y cansados de vivir, pero sin evolucionar.

No necesariamente este cambio, tiene que aportar grandes resultados a la sociedad, solamente basta con ser ese “yo” dinamizado y tranquilo que sabe vivir. Por lo pronto, seguiré intentando renacer y emprender cambios trascendentales en la vida, espero que, si alguien está pasando por situaciones similares, haga el ejercicio y conciba el sentido de la vida.

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