Piedras Arriba

Quiero empezar diciendo que quizás lo que leerán a continuación no sonara tanto a una crónica, sino a un relato que por muchos años soñé con escribir, pero en mi interior me opacaba el miedo. Hoy con toda la felicidad que me llena el alma les presento un escrito que representa a muchas personas del país, sobre todo aquellas que tuvieron la oportunidad de asistir a la primaria o al bachillerato en una escuela rural.

Vengo de descendencia campesina, mi madre y mi padre vivieron sus primeros 30 y 35 años de vida en el campo, para mí es un orgullo poder decir que mi hermana y yo vivimos nuestros primeros años de vida entre charcos, cascadas, lomas, piedras, animales, y lo más hermoso de todo, la familia y los atardeceres naturales. Vivimos en la zona rural de Piedras Arriba, perteneciente al municipio de San Rafael, Antioquia, pueblo del cual soy nativa al igual que casi toda mi familia.

Piedras arriba

Los primeros siete años y medio de vida los viví en la vereda mencionada, cuando tenía seis mis padres me inscribieron en la escuela del campo, llamada Piedras Arriba, allí empezó la etapa más linda de mi vida, estudiar, compartir con demás compañeros o más bien con la familia, porque todos éramos conocido, primos, tíos, hijos de hermanos de los abuelos, y todo lo que conlleva un hilo familiar.

El 4 de enero del presente año decidí emprender un viaje a mi tierra natal, más o menos en carro son nueve horas de Montería a Medellín más cuatro horas de Medellín a San Rafael y del pueblo a la vereda una hora.

Allí vive mi papá, tíos, primos y mis abuelos paternos, quienes están a punto de cumplir 50 años de casados y más de 60 años viviendo en la vereda. Fue un viaje para recargar energías y recordar una época hermosa de mi vida. El 10 de enero visite la escuela después de 13 años, fue un momento memorable, a mi cabeza se me vinieron los momentos más importantes que sucedieron en el año y medio que estudie en la escuela.

Piedras Arriba.

Recuerdo que la casa me quedaba a 45 minutos de la escuela, para llegar debía bajar una loma, caminar por carretera, bajar otra loma, subir una, caminar en plano, pasar por una cueva llena de murciélagos, caminar otro rato y así llegar a dar las clases; este recorrido nunca lo hacía sola, pues iba con mi hermana, al igual que cerca de la casa vivía dos tíos, primos, amigos, y al paso que caminábamos se iba uniendo más niños que vivían en el trayecto.

Siempre nos íbamos corriendo, riendo, y ni que decir cuando se llegaba la hora del descanso, algunos jugaban en el parquecito, otros en la cancha, otros corriendo por toda la escuela y algo muy chistoso es que había un grupo de niñas, entre ellas mi hermana que se quedaban en el salón con una grabadora bailando las canciones de Patito Feo y otros cantantes, mientras que muchos nos asomábamos por la ventana a ver el espectáculo que formaban.

A las 3:00 de la tarde que salíamos, era el desorden más tremendo, cogíamos guayabas, le corríamos a las vacas y toros, nos íbamos rodando por las lomas, nos reímos de cualquier cosa y llegamos a la casa todos sucios de barro, arena, hasta desechos de las vacas.

Daniela en Piedras Arriba

Otro momento especial fue recordar mi primer maestro, ese que nunca se olvida, no solo por ser el primer maestro, sino por aguantar los berrinches más vergonzosos que seguramente muchos hicimos, el que nos enseñó a leer, escribir y sumar, el maestro que por más pataletas que armáramos por no querer hacer planas, siempre tuvo paciencia para entendernos y de alguna manera hacer que desarrolláramos la actividad.

Mi primer profesor se llama, Jorfan Alirio Agudelo Parra y el pasado 27 de enero busqué la forma de contactarme con él y lo logré, fue una conversación amena, pero muy sustanciosa e interesante, escuchar su voz después de tantos años fue maravilloso, debo resaltar que la voz no le ha cambiado, sentí que sigue siendo la misma persona de hace 13 años.

Jorfan Agudelo Ospina, se graduó en el año 2.000 como licenciado en Educación Física del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, en San Carlos Antioquia. Siempre ha vivido en el municipio de San Rafael y cuando estudio la carrera debía viajar todos los fines de semana a San Carlos, todo con el fin de lograr ser un profesional en lo que más le gustaba.

Comunidad de Piedras Arriba

A la institución educativa Piedras Arriba, llego en el año 2004, “fue un reto muy grande porque no conocía la vereda y aparte debía dar clases de todas las materias a los niños de primaria… No fue fácil porque yo les daba clases a niños de bachillerato, en cambio allá debía enseñarle a un niño a leer, escribir, sumar, y aparte tenía como 20 estudiantes en primero y segundo, en tercero, cuarto y quinto otros 20, y le debía dar clases a todos y al mismo tiempo porque no había más profesores” afirma el docente.

Me comenta que al llegar los niños lo comparaban mucho con la maestra anterior, y tuvo que hacer una reunión con los padres de familia para que comprendieran que el ciclo de la anterior docente había culminado, por consiguiente, al llegar no le mostraron la escuela, estaba perdido, a él solamente le dijeron el nombre del plantel y listo, “entre desubicado” afirma.

Entre tanto conversar recordó que yo era una niña que me costaba mucho entender las explicaciones, era muy quedada, también con entusiasmo me comento que el en muchas ocasiones se quedó en la casa de sus alumnos porque ir al pueblo todos los días le quedaba muy difícil, entonces se pasaba rotando de casa en casa entre semana y recuerda que los padres de familia lo atendían muy bien y eso le permitió conocer más a los estudiantes y padres.  “Me quede en varias ocasiones en su casa y su mamá y su papá me atendieron muy bien” afirma.

Institución Educativa Piedras Arriba.

Duro 4 años como docente allí y hoy después de tantos años ha pasado por varias escuelas, actualmente trabaja en la Central de Empresas Públicas de San Rafael, como instructor deportivo. Ahora en abril cumple 50 años de haber nacido y me cuenta con risas que se siente de 20 años, el deporte ha sido su mayor aliado para sentirse con tanta energía.

Debo resaltar que, al momento de navegar por Google para conocer más de la historia de mi primera escuela, no conseguí información. Me preocupe un poco, pero luego mi familia me dijo que mis abuelos si debían saber.

Llame a mi papá para ver si sabía algo y me dijo que no, me paso a mi abuelo Oscar y quizás la edad que tiene no se acordaba, pero que mi abuela Lucia si, ella me comento que la escuela lleva más de 60 años, que no se acuerda de la fecha exacta pero que ella estaba muy pequeña, también me dijo que ella estudio en esta escuela, mi abuelito también y allí fue donde se conocieron cuando ambos tenían entre 13 y 16 años; ahora llevan casi 50 años, (espere la crónica del amor de mis abuelos)  me decía que todos sus hijos pasaron por esta escuela, pero muchos al igual que ella no pasaron de cuarto primaria, solo los menores terminaron el colegio y bachillerato.

Dentro de lo que pudo recordar fue que la escuela inicio como una casa, luego paso a tejas y tapias y con los años la construyeron en material. Ahora dice que, si la han mejorado, pero no mucho.

I.E. Piedras Arriba

El día que fui a la escuela me encontré con la chef, con la señora que hacia el almuerzo cuando yo estudiada, de cariño la llamo tía, pero no es tía, ella se llama Melania Ríos, en la escuela trabajo durante tres años, del año 2005 al 2008, su mayor recuerdo fue cocinarles a todos los estudiantes a quien hoy en su mayoría recordamos con cariño. Recuerda que le hacia el almuerzo a más de 40 niños en aquel entonces, que su casa les queda a 35 minutos de la escuela. Ahora se dedica a ama de casa y vive en la vereda de Piedras Arriba.

Cabe decir que actualmente en la primaria hay 10 estudiantes, y en coredi (bachillerato) hay 9 estudiantes, es decir que en toda la escuela hay 19 estudiantes, desde preescolar, hasta un décimo y la docente a cargo se llama, Luz Madelen Guzmán Clavijo.

Danelly Ríos Aguilar, no solo es mi tía, sino que también al igual que su mamá, su papá, sus nueve hermanos y mi persona, la institución educativa, Piedras Arriba, fue nuestra primera escuela.

Danelly la recuerda así: “Entre a estudiar cuando tenía 7 años en ese entonces era en el año 2001 si no estoy mal daba clases la profesora Claudia Uribe, al poco tiempo me retiraron y perdí ese año por problemas de salud inicié otra vez en el año 2002 pero iba muy poco a clases ya estaba la profesora Ángela Atehortúa, quien es mi madrina, la profesora más bella que me dio clases era con ella para todos lados me llevaba y me traía en su caballo todos los días… De ahí nos mandaron a una que se llama Janeth no recuerdo el apellido y por último el profesor Jorfan que fue con quien me gradué de quinto en el año 2005 fue una experiencia que casi no me gustó porque no me gustaba ir casi a la escuela porque era muy lejos de mi casa y me enfermaba mucho por esa razón cuando voy de paseo nunca visitó esa escuela porque me trae malos recuerdos”.

Danelly es casada con un policía, realizó varios estudios como técnica en la ciudad de Riohacha, donde actualmente vive. Carlos Ríos Aguilar, tío, hermano de Danelly y Piedras Arriba también fue su primera escuela.

“La experiencia mía en la escuela fue bien particular, porque primero que todo pues a mi no me gustaba el estudio, entonces yo comencé a ir allá sobre todo por jugar micro, por compartir con los compañeros. A groso modo fue una experiencia pues agradable que uno recuerda con grande cariño” Carlos Rios.

Lo que más recuerda es el aprendizaje, los compañeros, los juegos, lo que pudo aprender. Carlos, ingreso a los 6 años y termino a los 12 años el grado quinto. Actualmente este en el seminario ubicado en La Ceja Antioquia.

Y si me preguntan, ¿Daniela, y como viste la escuela después de tantos años?, yo les respondo que fue un momento nostálgico para mí, pero la vi hermosa, no ha cambiado mucho, la cancha sigue estando igual, los dos únicos salones que tiene los mejoraron un poco, cambiaron los tableros de tiza a tableros acrílicos, las sillas se ven muy bien, los baños los mejoraron y el comedor lo vi bien, no ha cambiado mucho tampoco, algunas paredes se ven viejas por los años, aun así siempre será mi escuelita más querida.

Algo muy chévere fue que construyeron una carretera que llega hasta el plantel, lo que quiere decir que ya no son 45 minutos caminando, subiendo y bajando lomas sino 15 minutos en bicicleta o en moto 8 minutos.

Haberme permitido tomar la decisión de visitar mi primera escuela, de que me animara a escribir sobre ella y buscar a mi primer docente, a la señora del almuerzo, personas que tenía muchos años sin verlas, sin escucharle su voz, ha sido una experiencia única y debo decir que se lo debo a que un día con mucho miedo tome la decisión de subir a mis redes sociales un escrito y gracias a ello hoy me ha permito reencontrarme con personas que anhelaba volver a ver.

Y para finalizar debo decir que me siento orgullosa de tener muchos de mis familiares cultivando el campo, llenado de comida muchos hogares colombianos y más me enorgullece que mi hermana Andrea, fuera tomado la decisión de estudiar Ingeniería Agronómica y que hoy este finalizando su carrera. ¡Gracias! | Artículo de opinión de: Daniela Ríos Guarín- Estudiante de Comunicación Social.

DATO IMPORTANTE

Según la investigación del área urbana en Colombia existen 35.949 (67,5 %), escuelas rurales; asimismo la investigación presenta que en la mayoría de las escuelas solo brindan la educación primaria (46,6 %) y preescolar (37,5 %), mientras que pocas ofrecen educación secundaria (8,4 %) y media (5,1 %), y solo 2,4 % ofrece educación para adultos por ciclos” (EL TIEMPO, 2019).

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