Por qué disfrazarse es sano para niños y cómo ayuda a su salud mental

Esta práctica puede favorecer la creatividad, la imaginación y el desarrollo emocional.

Además de los dulces, la temporada de Halloween es sinónimo de disfraces. En esta fecha personajes como princesas, brujas, zombies y demás criaturas aterradoras solían tomarse las calles de las ciudades.

Con la llegada del nuevo coronavirus y las restricciones de distanciamiento social la celebración será diferente este año. Sin embargo, esto no quiere decir que los niños deban perder la tradición de disfrazarse el 31 de octubre.

Expertas en el tema hablan sobre los beneficios que trae esta práctica en la salud mental y emocional de los pequeños.

Laura López Portela, directora del programa de Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad El Bosque, explica que disfrazarse es una actividad sana y además benéfica para el desarrollo de los pequeños.

“Cuando los niños se disfrazan, desarrollan la creatividad, la imaginación y la capacidad de tomar posición”.

Con los disfraces también comienzan a comprender el mundo que los rodea, pues “se favorece su pensamiento simbólico, la toma de decisiones frente a su comportamiento, o rol y su autoconcepto (la opinión que tienen sobre sí mismos)”, asegura Manuela Rozo, psicóloga de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz.

Por otro lado, cuando los niños ven a otras personas que están disfrazadas pueden afrontar sus miedos y ganar valor frente a situaciones desconocidas. No obstante, la psicóloga hace énfasis en que algunos no disfrutan de este tipo de celebraciones debido a “una situación traumática, que ocasionalmente puede generar alguna fobia. Cuando eso sucede es recomendable respetar la postura del niño”.

Disfraces

¿Qué habilidades y/o actitudes se fortalecen?

Más allá de las ‘aventuras’ que los niños pueden crear cuando juegan y dramatizan usando este tipo de trajes, esta es una actividad que “mejora su capacidad lingüística, pues aprenden vocabulario relacionado con sus trajes y también el disfrazarse funciona como un agente socializador. Además, fomenta la empatía al ver la realidad desde otro punto de vista”, manifestó Rozo.

Otro punto a favor, de acuerdo con la psicóloga, es que puede reducir la timidez en los niños, y fomentar su desarrollo emocional.

“El disfraz es una oportunidad de expresar sus emociones y sentimientos, algo de lo que posiblemente se cohíben cuando son ellos mismos”.

¿Cuáles son los mejores disfraces para los niños?

A la hora de decidir qué traje es el adecuado para los pequeños, López expresa que lo deseable es escoger disfraces que “los hagan sentir cómodos, a través de los cuales los niños se puedan expresar, jugar y divertirse”.

La psicóloga Rozo agrega que “lo importante radica en que el niño tenga esa confianza interior que le permita ser capaz de hacer y ser cualquier cosa que se proponga mientras usa su imaginación. Si un niño considera sentirse bien siendo un zombie o incluso un superhéroe, lo importante es que los padres le permitan explorar dicha fantasía”.

Independientemente del motivo del disfraz, la experta Laura López recalca que “es clave tener en cuenta que si son niños menores de 5 años los disfraces que usen no tengan piezas pequeñas que puedan ser ingeridas y ocasionar accidentes”.

Las ventajas varían dependiendo de las edades

“Sí, sí varían. Aproximadamente hasta los 6 años, los niños utilizan el pensamiento simbólico y la imaginación como forma para expresar su realidad, por lo que disfrazarse les permite ser protagonistas de sus propias historias y reforzar su identidad”, señaló Rozo.

Además, explicó que entre los 7 y los 12 años prefieren disfrazarse de personajes relacionados a fenómenos y objetos del mundo real, por ejemplo de la muerte o de distintas profesiones. Mientras que en la adolescencia el objetivo que buscan con los disfraces recae en la socialización con los demás.

¿Qué pasa con los disfraces que tienen alguna connotación negativa? ¿Se consideran adecuados?

Para López, “No se trata de catalogar un disfraz como adecuado o no, porque depende mucho de la edad, el interés, el objetivo de su uso y del contexto”.

De igual manera, hace un llamado a “las familias para que reflexionen acerca del tipo de mensajes y comportamientos que pueden promover en los niños desde el uso de cualquiera que sea el disfraz seleccionado”.

En este punto, la psicóloga recalca que si un niño quiere utilizar este tipo de disfraces no se debe censurar o prohibir, sino por el contrario “explicar el significado y proponer alternativas”.

“No se deben censurar ni prohibir este tipo de disfraces”

Para concluir, Laura López afirma que “los beneficios de disfrazarse dependen mucho de los contextos y los intereses de los niños”.

Pero también considera que el acompañamiento de las familias en este tipo de actividades es fundamental, para que los menores, además de disfrutar, puedan hacer elecciones con responsabilidad.

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