Un Colombiano será el nuevo director de Ciencia y Calidad de datos de Pfizer

El próximo 19 de enero, Juan Diego Gómez Valencia ejercerá como Director Mundial de Ciencia y Calidad de Datos de la farmacéutica Pfizer. Cargo donde trabajará por certificar las proyecciones de datos futuras de medicamentos, entre ellos para el COVID-19

Su niñez

Aquel niño de estrato medio alto nacido en Neira, municipio de Caldas, ocupará en los próximos días uno de los cargos más importantes de la farmacéutica Pfizer, será el director Mundial de Ciencia y Calidad de Datos. Cargo que de pequeño no lo veía alcanzable.

Su madre también neirana se dedicaba a la docencia en escuelas del municipio. Pero explica que aún así lo que mayormente recuerda de su madre es la disciplina que desde la época del kínder le introdujo. En varias entrevistas con medios como Infobae, comenta que su niñez fue prácticamente una etapa de régimen militar.

Su padre caucano, se dedicaba a la educación, pero en su tiempo libre era fiel pintor y eterno lector, artes las cuales su padre le inculcó desde muy pequeño, pues comenta que se crió entre cuadros de Van Gogh, Kandinsky y Picasso.

En las charlas amenas con su padre, lugares como el Museo de Louvre y el Museo del Prado, abrieron ese apetito de arte que desarrolló desde joven, el cual lo llevó a ser amante, abriendo la mente para explorar e indagar más allá de las fronteras del mundo.

Su inicio en el estudio

A sus 16 años terminó el bachillerato en la Escuela Normal del Rosario. Desde entonces intentó cumplir el sueño de ser abogado; sin embargo, no logró pasar en ninguna universidad.

Explica que de niño quería ser sacerdote. En ocasiones se colocaba el poncho de su abuelo y simulaba oficiar misas, pero curiosamente explica que “Me siento muy feliz de no haber cumplido ese sueño, porque hace mucho tiempo me divorcié de las creencias religiosas y me desvinculé de todo credo”.

Al empezar a notar las pocas oportunidades y la falta de meritocracia que se desarrolla en el país, decidió irse para Pereira. Allí estudió Ingeniería de Sistemas en la Universidad de Tecnológica de Pereira, entrando en la tercera lista de convocatoria. En sus días por las clases empezó a desarrollar esa pasión por la ciencia de datos y la neurociencia computacional.

Explica que, “en mi pueblo el primer computador que hubo fue el de mi casa. Los sistemas siempre estuvieron coqueteándome, era esa época de los 90 donde empezó el furor de internet, había un boom. El primer computador del pueblo lo tuvo mi papá, al cual me dieron un acceso muy limitado porque él temía que yo dañara ese aparato, entonces esa máquina gigante la compraron más como objeto decorativo, mi papá me tenía rotundamente prohibido prenderlo”.

En su paso por la universidad, encontró el amor en una médica, con la cual pasó toda su carrera. Con ella nació su primera hija y el amor por la medicina.

Durante los días que pasó en la universidad empezó a desarrollar curiosidad por la inteligencia artificial, aquella que solo se veía en las películas de ficción. Explica que mientras sus compañeros querían programar, él deseaba la biología y las ciencias, consiguiendo así una beca en Berna, Suiza. Allí encontró un trabajo en el Instituto para la Cirugía Robótica, logrando obtener su primero buen sueldo.

De Suiza pasó a España a hacer una maestría en Inteligencia Artificial y Visión por Computador, en el Centro de Visión por Computador CVC. Pasando posteriormente a Madrid a hacer una maestría en Teorías de la Información.

En España se postuló para hacer su doctorado en Ciencias de la Computación con énfasis en Neurociencia Computacional en la Universidad de Ginebra, logrando acceder por su desempeño.

Explica él que “ese fue un sueño que me llegó temprano en la universidad. Yo quería ser doctor en Ingeniería, pensaba que como no había sido médico, igual podía ser doctor”.

En Suiza, una universidad buscaba un PhD (fisiólogo) para trabajar en cirugía de retina: buscando que personas ciegas volvieran a ver. Su forma de presentación fue muy peculiar, explicando que “yo me presenté muy al estilo paisa con una propuesta diferente, yo no iba a hacer algo convencional, sino que yo iba a hacer ver a los invidentes (ciegos) por medio de los oídos”. Los convenció hablando del cerebro y la neuroplasticidad, explicando cómo por medio de un sentido se puede reactivar otro.

En este caso, asociar las áreas auditivas con las áreas visuales, reconectándolas neuronalmente. Cuatro años después de arduo trabajo, aprendizaje y crecimiento espiritual, logró obtener una tesis doctoral que le permitió tener un conocimiento mundial.

Aquel pequeño niño de Neira consiguió ser doctor con premios como: El proyecto ‘Seeing Colors with an Orchestra’ (viendo colores con una orquesta), Premio Dalle Molle en Inteligencia Artificial, Premio Latsis a Mejor Investigación Doctoral y gracias a este le dieron la Medalla a la Democracia grado Oficial en el Congreso de la República de Colombia. Gracias a su proyecto para devolverles el sentido a los ciegos por medio de una neuroprótesis, obtuvo una residencia como extranjero de habilidades extraordinarias en Estados Unidos.

Más allá de la ciencia

Apartándose un poco de las investigaciones del cerebro, estudió la conciencia. Viajando a lugares sagrados como la India, Katmandú y Nepal, haciendo retiros espirituales y dándose momentos de meditación, desarrolló, según menciona y como algunos lo llaman, el séptimo sentido. Esto para poder afrontar la soledad a la que se sometió junto con el fuerte doctorado que día a día le exigía toda su concentración.

A raíz de esto comenta que “esos años me enseñaron la paz de la meditación, la importancia de la tranquilidad y me indujeron sobre todo al famoso problema de la conciencia, que es el problema más hermoso que existe en la ciencia y que trabajaría a posterior”.

Mi vida fue una antes y después de aprender a meditar. Yo era uno y después de eso fui otro, yo desperté. Todos vivimos dormidos y en algún momento nos llega el despertar. A mí me llegó después de que me indujera en el mundo de la conciencia. Todos los días medito tipo cinco de la mañana entre media hora y 40 minutos y eso me ha traído beneficios académicamente, profesionalmente, personalmente. Cosas como las de Pfizer no las hubiera logrado si no fuera un hombre consciente, esas cosas son difíciles para una persona que todavía está dormida” explica Gómez Valencia.

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